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Matrimonios a medida

¿Qué importa si son dos, tres o veinte los contrayentes?
Miguel Massanet
jueves, 29 de octubre de 2015, 06:36 h (CET)
El juez Clark Waddoups de UTAH les dio la razón a la familia de Kody Brown cuando admitió que “prohibir la cohabitación va contra la protección de las libertades individuales contenida en la Primera Enmienda de la Constitución”. Una decisión que legaliza la poligamia en el estado de Utah, siempre que no exista matrimonio legal. En Estados Unidos se calcula que viven mas de quince millones de ciudadanos que practican la creencia mormona bajo la denominación de la “ Iglesia de Jesucristo de los Santos de los últimos Días”. En realidad, según se dice, es muy posible que, la poligamia que vinieron practicando los de esta secta religiosa, fuera más una convivencia familiar en la que, muy probablemente, hubiera mujeres que no mantuvieran el sexo con el jefe de la familia. Desde 1890 parece que ya no se permite la poligamia y se excomulga a quienes la practican, lo que no quiere decir que, como en el caso de la familia Brown, no existan quienes si ejercen la cohabitación.

Claro que, con todo seguridad, aparte de la dudosa justificación, desde el punto de vista cristiano y bíblico, de que un hombre pudiera tener más de una esposa ( se dice que el fundador Joseph Smith, un hombre devoto que durante muchos años fue fiel a su esposa Emma, luego contrajo nupcias con otras mujeres, unas 40), en uno de los documentos de la Iglesia mormónica de Utah se dejaban conocer los problemas, de tipo práctico, de una convivencia tan masiva, cuando se reconocía: “El matrimonio plural fue difícil para todos los involucrados. Para Emma fue un doloroso tormento".

Desde hace unos años, en España se puede decir que, a partir del 2004, cuando se produjo el cambio del gobierno del señor Aznar, siendo sustituido por Rodríguez Zapatero, el líder de los socialistas españoles; se empezó a producir el cambio de lo que había sido la moral cristiana tradicional a una concepción más libre, menos restringida, más permisiva y, por supuesto mucho más libre y relativista que consiguió, en un corto espacio de tiempo, gracias a una serie de leyes promulgadas por el gobierno socialista, (como las de la señora Aído sobre el aborto, las cuotas femeninas y la Ley de Igualdad; en las que se reconocieron la homosexualidad, masculina y femenina, como una práctica que debía protegerse legalmente y concederles derechos, incluso la figura del matrimonio civil que los equiparara, en todos los aspectos legales, a los heterosexuales.

Lo cierto es que el concepto que, en la actualidad, se tiene de las uniones entre personas de distinto sexo o del mismo sexo, ha sufrido un cambio radical, tanto en el aspecto legal, social o moral, que ha creado nuevas realidades derivadas de otros problemas resultantes de los nuevos conceptos de la familia y del debilitamiento de la familia tradicional donde el rol del pater familias ha sido degradado por las leyes que, pretendiendo garantizar los derechos del menor, han conseguido que, en la familia, la autoridad de los padres haya quedado en entredicho, reforzando tanto los derechos del menor que, en muchas ocasiones, se puede convertir en un grave problema para la convivencia familiar, cuando su comportamiento agresivo, reivindicativo, provocativo y chantajista, llega al punto en que se pretende imponer a la misma autoridad paterna que, en ocasiones, han tenido que recurrir a demandar protección de la Justicia.

Lo que sucede es que, cuando se abre la espita del libertinaje, es muy posible que sea muy difícil impedir que se puedan contener los excesos que la naturaleza humana tiende a cometer desde el momento en que, las barreras de la ética y la moral, se han derrumbado. Cuando las uniones entre personas del mismo sexo se han hecho habituales, cuando las discotecas acostumbran a convertirse en antros de vicio y las prácticas sexuales conocidas se convierten en aburridas; los que viven del vicio, los que manejan la droga o los que se lucran de la trata de seres humanos, buscan nuevas experiencias, aberraciones cada vez más alambicadas y obscenas, con las que satisfacer los más bajos instintos del ser humano. Y es que, al pretendido amor que se ha esgrimido como excusa para justificar las uniones de personas del mismo sexo, una uniones que no han causado pocos problemas a los encargados de adaptar las leyes civiles a este nuevo panorama de las distintas familias surgidas de estas nuevas uniones; ahora parece que ya existen lugares del mundo donde ya no es exclusivo de dos personas, que dicen quererse y desean vivir juntos para siempre ( o durante el tiempo en que puedan aguantarse mutuamente). Concretamente en el Brasil, este país de tanta exuberancia, de una naturaleza tan lujuriosa y de una población tan amiga de las fiestas, los carnavales y las demostraciones donde la sexualidad juega un papel tan principal; nos ha sorprendido con una noticia del mismo Rio de Janeiro, donde parece que ha tenido lugar el reconocimiento de una unión estable entre tres mujeres. Si, señores, parece que ahora el amor no es cosa de dos, sino que, en este caso, el amor, las lágrimas de felicidad y los vestidos de novias se han triplicado para regularizar solemnemente una unión de hace tres años que ya existía entre estas tres féminas brasileñas.

Una empresaria, una dentista y una gerente administrativa, se han dado el sí ante un notario, formalizando este acuerdo en una escritura en la que se establece la separación de bienes, la libertad de cada una de ellas para decidir sobre asuntos médicos y, una curiosidad, la manifestación de la empresaria de que desea tener un niño mediante inseminación artificial ya que, al parecer, entre estas señoras nada tiene que hacer un varón. Según manifiesta, al diario O Globo, la empresaria: “La legalización es una manera de que el bebé ni ninguna de nosotras quedemos desamparadas”. La señora Fernanda Feitas Leite, la notaria que legalizó la unión, comentó: “Esta unión estable permitirá a estas mujeres pleitear con los mismos derechos que otros casados”. Si, es una prevención muy atinada porque, si en un matrimonio de dos las discusiones son frecuentes, las separaciones y divorcios cada día más comunes y los pleitos por la custodia de hijos y por el reparto de los bienes algo muy habitual; si estos problemas los elevamos a tres personas, las posibilidades de que se produzcan es posible que se eleven al cubo.

Pero, señores, todo esto no ha hecho más que empezar, porque es muy probable que, si seguimos por este camino, en breve tengamos ocasión de contemplar matrimonios múltiples en los que decidan unirse, seis, siete o veinte personas que, posiblemente, quieran incluir sus animales de compañía para que nadie quede excluido de un contrato tan interesante. En realidad, estamos hablando de sociedades en las que la promiscuidad está garantizada, la entrada y salida pueda ser prevista para que no se limite a un numerus clausus y puedan irse nutriendo de sangre nueva para evitar la endogamia. Eso sí, mucho nos tememos que los abogados tengan mucho trabajo para desentrañar los lazos existentes entre cada uno de los concertantes con el resto y los pleitos que puedan surgir de un colectivo de tal naturaleza.

Resulta emocionante ver las caras de felicidad, las lágrimas que salen de los ojos de estas tres chicas de entre 32 y 34 años que, desde ahora, van a estar protegidas por la ley para que sus actos, los niños que decidan concebir, y las divergencias que decidan solucionar a través de los tribunales, puedan tener el mismo tratamiento legal que si se tratara de un matrimonio cualquiera celebrado entre dos personas. No duden que, en esta moderna España, en esta pionera del feminismo extremo y entre personas deseosas de experimentar novedades, de las libertades más desquiciadas y del laicismo más permisivo; este ejemplo que nos viene de la tierra de la samba, seguramente va a ser bien recibido y, con toda probabilidad, pronto van a tener seguidores que pretendan emular a las tres jóvenes brasileñas de Rio de Janeiro.

O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, ya somos capaces de contemplar con naturalidad, sin que se nos caigan los palos del sombrajo, como esta época de la humanidad que nos ha tocado vivir, cuando ya hemos entrado en el periodo de descuento de nuestra vida, va a ser capaz de retornar a aquellas épocas bíblicas en las que ciudades, como Sodoma y Gomorra, consiguieron degradarse hasta ser ejemplo de ser las más viciosas de aquellos tiempos. ¿Vendrá un nuevo castigo divino? Vaya usted a saber.
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