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Verbos

Solo un gramático puede justificar cabalmente la diferencia entre estar solo y sentirse solo, pero ni siquiera el mejor de ellos puede explicar el vacío de la soledad
Raúl Galache
@RaulGalache
domingo, 27 de febrero de 2022, 14:00 h (CET)

No es lo mismo estar solo que sentirse solo. El verbo sentirse es de los llamados pronominales, lo que significa que necesita un pronombre para conjugarse (yo me siento…, tú te sientes…). Muchos de estos verbos pronominales expresan una acción o un estado que ocurre en el sujeto sin que este participe conscientemente de ella, como cuando decimos ella se cayó o él se avergonzó. Ciertos lingüistas llaman, a imitación de la gramática griega, voz media a este uso. La voz media, pues, expresa acciones distintas de las reflexivas, aunque ambas se parezcan. 


Las acciones reflexivas son aquellas que el sujeto realiza intencionadamente sobre sí mismo, como Juan se lava o María se peina. Para que se entienda, si yo digo que el jugador se lesionó, indico que le ocurrió el hecho sin que él lo deseara; voz media. Si la acción fuera reflexiva, el deportista habría buscado el modo de hacerse daño a sí mismo para provocarse una lesión; esto es, el jugador se lesionó a sí mismo.


Cuando alguien se siente solo no lo elige. Le cae encima, como la nieve sobre el cerezo o las cagadas de los pájaros sobre el abrigo. Por eso a nadie le gusta sentirse solo. Cosa distinta es estar solo. En este caso, el sujeto puede haber elegido su estado, puede haber optado por la soledad frente a la compañía. Por eso decimos quiero estar solo; lo elijo. Se puede estar solo de muchos modos: frente a un lago becqueriano del que se levantan jirones de vapor, entre las dos vías de un tren o en una pista de baile donde danzan cien homínidos. Cada cual elige su soledad. Es un modo de vaciarse. La soledad deseada es la intención de ser un cuenco que renuncia a su utilidad. Se dice que se busca estar solo para encontrase con uno mismo, pero yo creo que no es así: elegimos la soledad cuando lo que queremos es vaciarnos por completo, librarnos hasta de la consciencia de quiénes somos, pues no hay mayor deseo de soledad que el de huir de uno mismo.


Solo un gramático puede justificar cabalmente la diferencia entre estar solo y sentirse solo, pero ni siquiera el mejor de ellos puede explicar el vacío de la soledad. Para eso haría falta un físico que demostrara la existencia de la nada.

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