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Opinión
Etiquetas:   Disyuntiva   Excelencia   Superación   Reflexiones   Valores  

Si al menos la buscáramos...

La excelencia no está completa en la complejidad de ninguna persona determinada
Rafael Pérez Ortolá
viernes, 14 de enero de 2022, 09:35 h (CET)

Nos conviene mantener presta la atención en torno a las denominadas utopías, aunque su acceso nos resulta escarpado y nunca llegamos a su cumplimiento, representan un buen motor para mantenernos en la persecución de los buenos objetivos. En esas cumbres estará colocada sin duda la EXCELENCIA, como esa opción permanente de superarnos en los razonamientos y en las actuaciones. Las apreciaciones de unos y otros apenas suelen coincidir, se vislumbran versiones con numerosos matices. Eso no representa ningún obstáculo insalvable. Si la búsqueda es franca, los resultados suelen ser satisfactorios a pesar de esa conciencia de no haber recorrido todo el camino.


Al abrir los ojos, se nos ofrece un panorama muy amplio; no siempre equivale a tener abiertas las entendederas. La percepción de los aconteceres sirve de poco como fenómeno aislado. Con la mentalidad desactivada no pasaremos de la tonalidad anecdótica de escasa consistencia. Si puestos a pensar, nos mantenemos aislados, permaneceremos al margen de las cuitas ajenas e incluso de las realidades del propio mundo físico. Viendo las cosas sin prevenciones absurdas nos hallamos en pleno AVISPERO; en esas, estamos acuciados, requeridos, para salir, no de cualquier manera, sino aplicados al hallazgo de los recursos eficaces. De la decisión derivará gran parte del curso vital.


Todavía metidos en la intimidad, alejados de los sobornos exteriores, detectando los impulsos nativos; salimos al exterior con una cierta propensión inexpugnable. Encierra en sus determinaciones el germen de posibles actuaciones posteriores. Eso sí, ni cada persona ni en todo momento, asume esas realidades con idéntico afán. Emergemos con variada intensidad a la proyección particular:


PROYECCIÓN


Mi dibujo luce sus credenciales

Surgidas de la sensibilidad

Con ansia natural de inmensidad

Traducidas en grandes ilusiones


Tropiezan pronto con dificultades

Muestran diversa y compleja entidad.

Retrasan alcances de calidad,

Desluciendo las buenas intenciones.


Surge el sello de la realidad

En el fogoso reto de la vida,

Mientras buscamos la mejor verdad.


Si encontramos hogueras de ruindad,

Hemos que reaccionar enseguida

Dirigidos hacia la inmensidad


Vayan por donde vayan sus aspiraciones, cercanas, lejanas e incluso inmortales; a su vez, se pueden perseguir a través de la mediocridad, la rutina, la excelencia e incluso la perversidad. No es cuestión de tamaño ni de recompensas de postín; pero siempre está la opción EXCELENTE para llegar a los pequeños detalles o acciones de mayor relieve. Empiezan a rozar los lindes artísticos, del mejor arte, aplicados al cotidiano vivir. Sin estar escrito, no es posible registrarlo así; todos sabemos de la presencia de una labor excelente, si queremos mirar, eso sí. Por encima de las dificultades, en cualquiera de las actividades desarrolladas, mentales o físicas; rebulle la excelencia sin subterfugios.


Es una tarea, una aspiración emergente como ninguna otra; no es de finales, es propia de una incursión continuada en la persecución de una fascinante realidad en este mundillo variado. Tiene sus requerimientos, el de prestarle una atención esmerada y el de desprenderle las adherencias inconvenientes, entre otros. Para un buen entendedor, y eso no es difícil si la intención es decidida; una de las tareas primordiales radica precisamente en la eliminación de ese LASTRE facilón que suele ocultar destellos brillantes. En la caverna o saliendo de ella, nos sobran incertidumbres y dificultades naturales; tenemos esa opción subyugante de transformarlas en lenguajes maravillosos.


Ahora se estila hablar mucho de historia, con los equívocos tan evidentes suscitados; porque recorriendo caminos, a veces se pierde el norte. En este asunto se nota muy a las claras cuando estamos ante una labor excelente. Ponerle letras grandes apenas sirve para introducir matices confusos; las mayúsculas no sirven para englobar los hechos con sus significados, peculiaridades y enigmas. En el mejor de los casos tratamos con historias incompletas. No suele bastar la franqueza, la investigación o la humildad. Se precisan los enfoques CREATIVOS para el enlace congruente con las sensibilidades de otras épocas o eventos. Ese toque transforma las carencias en maniobras espléndidas.


Como pasa con los volcanes, la lava de la historia es de una magnitud colosal, inabarcable. Nos quedamos SIN PALABRAS ante la acumulación de recursos todavía sin explicación; son insuficientes incluso las narraciones mejor elaboradas. Permiten un sinnúmero de registros en sus variadas formas de expresión; aquí podríamos añadir también las imágenes; las maneras de contar o de incluir datos adquieren dimensiones infinitas. Aterrizamos en esa situación de las percepciones individuales surgidas desde la extensa gama de conocimientos, bajo el influjo de las tendencias humanas. La excelencia brota desde esa confrontación, con hambre de superación, como una serie de hallazgos superlativos.


Las instrucciones provienen de las directrices recortadas por sus autores, la entidad de los datos fijados adolece de la incertidumbre humana; con frecuencia, las intenciones o las utilidades acentúan la maraña de los intercambios de bienes, nociones y hasta de sentimientos. Por lo tanto, nos damos cuenta de la improcedencia de los denominados como imperativos, siempre desencajados de esa relación comunicante del emisor con el receptor. Estamos ante el reto de un ENAMORAMIENTO orientado a la manera óptima de vivir con nuestras aptitudes y circunstancias. Es la sugestión atractiva y convincente para abrillantar los caminos que nos vemos obligados a transitar.


La excelencia no está completa en la complejidad de ninguna persona determinada. La intrepidez de la libertad escapa de las normas coercitivas para aunar cualidades; con la responsabilidad creativa de escoger lo mejor, para ser coherente en las actuaciones. Esa es la GENIALIDAD de una excelencia ética.

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