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Opinión
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¿Han desaparecido la decencia y la honorabilidad en nuestros gobernantes?

Estamos dirigidos por un Gobierno de personajes que, si por algo se caracterizan, sería por su sectarismo, por su apego al puesto y por su falta de decencia
Miguel Massanet
jueves, 9 de diciembre de 2021, 09:16 h (CET)

“Volví la espalda a los gobernantes al comprobar que ahora llaman gobernar al regateo por el poder con la chusma”. Nietzsche


Uno no puede dejar de admirarse de lo acertadas que resultan las famosas leyes de Murphy. Es cierto que, en política, se da con poca frecuencia aquella frase de que “el tiempo cura todas las heridas”, y es el escritor Richard Robinson quien, en su libro “La Ley de Murphy tiene explicación”, nos habla de un psiquiatra del instituto Max Planck, un tal Beat Lutz, quien identificó el neorreceptor BC1, una molécula de estructura muy parecida al cannabis, como sustancia que nos ayuda a olvidar los traumas del pasado. 


Y me permito, modestamente, discrepar sobre la teoría del señor Lutz, que matizaría y excepcionaría para el caso de que el juego político  interviniera, actuara o maquinara para evitar que, determinados sucesos traumáticos padecidos por los habitantes de una nación, pudieran dejar de formar parte de su memoria perdurable, por largo que fuera el lapso de tiempo entre aquellos sucesos impactantes y el momento actual, en que los intereses partidistas de determinadas facciones políticas, consistieran en hacer revivir en el ánimo de las personas afectadas o de sus descendientes, los recuerdos de aquellos sucesos impactantes.


Y este preámbulo viene a colación con el hecho inaudito de que, ochenta y dos años después de finalizar la guerra civil española y cuarenta y cinco años de democracia, todavía los políticos de las izquierdas sigan argumentando, mencionando, usando como ariete contra las derechas, descalificando y denominando con el apelativo de “facha” a todas aquellas personas que no participan de sus ideas, que no forman parte de este progresismo comunistoide o de los que siguen pensando y manteniendo los valores tradicionales del cristianismo y la objeción a determinadas libertades, hábitos, desviaciones morales o criterios de nuevo cuño, que dan al traste con dos mil años de ser respetados por la sociedad.


Se da la paradoja de que, quienes nos gobiernan en la actualidad, dan muestras de tener una memoria selectiva que les impide recordar hechos verídicos, constatados, recogidos en las hemerotecas de la prensa y en los documentos de la guerra civil, en los que se reseñaban las barbaridades cometidas por sindicatos y partidos políticos de las izquierdas durante la segunda República, antes y después del 14 de abril de 1931, hasta que las tropas de Franco entraron en Madrid, en 1939. Miles de sacerdotes, católicos, profesionales, personas acomodadas, militares e, incluso, miembros moderados de las izquierdas fueron objeto de redadas, asesinatos, torturas, despojos e indignidades, por parte de grupos de terroristas callejeros a los que, el Gobierno de la república, daba carta blanca y permitía que llevaran a cabo la labor exterminadora de sus presuntos enemigos.


Como hecho destacable mencionaremos que nuestro gobierno socio-comunista, en lugar de trabajar para que España vuelva a una normalidad económica y social, parece que lo que verdaderamente intenta, estableciendo o pretendiendo hacerlo, una barrera ideológica insuperable entre lo que ellos designan como progresismo y la oposición, en la que están incluidos los pocos partidos que han subsistido después de que, las turbas manipuladas de las izquierdas, mediante convenios antinatura, cesiones a los soberanismos locales, campañas de propaganda y descalificaciones a las derechas, a las que vienen identificando con un franquismo que hace años que no existe y que, en la actualidad, apenas quedan unos pocos que hubieran vivido en aquella época, en la que este comentarista apenas tenía seis años; consiguieran hacerse con el poder.


Y hoy, señores, ante el asombro y la indignación de los españoles de verdad, tenemos que aguantar que un magistrado, que se ha olvidado de los deberes que le corresponden como tal, convertido en un politicastro sin escrúpulos ni la suficiente valentía y concepto del honor, que le hubieran debido llevar a presentar su dimisión irrevocable ante el zarandeo que recibió del TS por acciones que le valieron la humillación de ser reconvenido por tan alto tribunal. Pero este juez, Grande Marlaska, no sólo es inaccesible al desaliento, incapaz de admitir su grado de cerrilidad política y su desfachatez ante las continuas muestras de rechazo por parte de toda la policía estatal y la Guardia Civil, sino que se ha convertido con el centro de las críticas de los partidos políticos que le reprochan sus errores y sus intentos, mediante la elaboración de la ley “anti-mordaza” con la cual se pretende dar a los alborotadores, vándalos, terroristas callejeros, sindicatos de clases, y de cualquier revolucionario que quiera poner en peligro el sistema democrático; la libertad de convocar manifestaciones sin necesidad del actual permiso gubernativo, filmar la acción de la policía para poder denunciarla en los tribunales, limitar el derecho de detención de los agresores y, la humillación subsiguiente de verse obligada, la policía a devolver a los detenidos, una vez llevados al juzgado correspondiente a declarar, al mismo lugar donde fueron detenidos, para que puedan continuar su actividad subversiva.


Pues, en uno de estos actos que parece inverosímil que se permitan a un ministro del Gobierno, en unas declaraciones a uno de estos medios de información catalanes, de los que ya hemos hablado suficiente, el rotativo catalán, La Vanguardia, un periódico que viene dando muestras de participar del espíritu separatista de una parte de la población catalana, se ha permitido explayarse a gusto en contra de lo que, para él, seguramente constituye la máxima expresión de la “maldad”: las derechas y VOX, dos partidos que no han parado de pedir que se le destituya sin que, por desgracia, el señor Sánchez haya decidido complacerlos. 


En este mitin periodístico, a dos páginas enteras del periódico, aparte de insistir en que su trayectoria gubernamental ha sido “impoluta”, se ha despachado a gusto contra lo que considera sus enemigos, con frases como: “La extrema derecha y la derecha quieren manipular la policía”.Es evidente que no se trata más que de una torpe, desesperada, absurda y poco inteligente maniobra encaminada a quitarse de encima la presión de verse acosado en los mítines callejeros de toda la policía y Guardia Civil del Estado, precisamente en cuanto a la desvergüenza que supone que un ministro de Interior, del que dependen los cuerpos de seguridad del Estado, intente dejarlos al pie de los caballos quitándoles los medios de defensaantidisturbios y exponiéndolos a que, cualquier sinvergüenza, les pueda denunciar, sin que el atestado que abran de lo acaecido tenga, ante el juez, ninguna ventaja ni prevalencia sobre las declaraciones del denunciante.


Mucho nos tememos que en España, si no de derecho sí de hecho, se están empezando a producir situaciones, posturas, procedimientos y actuaciones que van directamente encaminadas a causar cambios estructurales, ante la imposibilidad de conseguir reformar la Constitución de 1978, por no disponer de la mayoría cualificada correspondiente, mediante limitaciones establecidas por decretos- Ley (¿cómo es posible que un sistema, el de legislar mediante el procedimiento extraordinario y para casos de urgencia, sea explotado por el Gobierno, como medio habitual de legislar, saltándose el trámite parlamentario habitual, que queda retrasado para una revisión posterior que evita la discusión y oposición en el seno parlamentario; no tendría, el TS, algo que decir al respeto?) que van minando, poco a poco, pero insistentemente, el contenido de nuestra Carta Magna.


No quiero concluir este comentario, sin hacer mención a una señora catalana, Teresa Cabré, que preside el Instituid de s’Estudis Catalans, que nos ha obsequiado con una de estas perlas propias de este nacionalismo excluyente, despreciativo hacia los otros idiomas y tan lleno de este falso e inmerecido orgullo de quienes estiman que su raza es superior a la del resto de españoles. Los vascos también saben algo respecto a este tipo, de ideas. Para la señora Cabré “Sin investigación en catalán no hay discurso científico en catalán”. No sé lo que pensará de la clasificación de las especies de Carlos Linneo que invento el sistema de nomenclatura binomial allá por el Siglo XVIII que, como es evidente, no usó el catalán sin que la ciencia mundial haya tenido graves repercusiones en sus adelantos por esta “imperdonable” omisión. 


En ocasiones, personas de talento, ilustradas, se prestan a hacer el ridículo en su afán de justificar una importancia de la lengua catalana que, evidentemente, ni por su poca divulgación ni por su uso limitado, tiene en el concierto mundial. De hecho, las recientes estadísticas dicen que la juventud catalana cada vez utiliza menos el catalán, en su uso cotidiano.


O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, nos percatamos de la decepcionante realidad de que estemos dirigidos por un Gobierno de personajes que, si por algo se caracterizan, sería seguramente por su sectarismo, por su apego al puesto y por su falta de decencia, hacia la ciudadanía, a la que no les importa confundir, mentir, engañar y enfrentar a unos con otros, con tal de sacar ventajas a la hora de seguir gobernando en futuras legislaturas.


La frase de hoy pertenece al filósofo Arthur Schopenhauer. Nos habla de que: “El egoísmo tiene en cada hombre raíces hondas, que los motivos egoístas son los únicos con los que puede contarse,de seguro, para excitar la actividad del ser individual.”

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