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Opinión
Etiquetas:   Disyuntiva   Reflexiones   Incertidumbre   Discordia   Equilibrio   Humanismo  

Nebulosa interna

En el momento presente, como nunca sucedió anteriormente, los diferentes elementos de la sociedad están conectados con una rapidez inusitada
Rafael Pérez Ortolá
jueves, 11 de noviembre de 2021, 09:35 h (CET)

Qué bien suena eso de tener las cosas claras, y sobre todo, a cuántos equívocos nos lanza de manera intempestiva. Por otra parte, pocas cosas se producen con tanta lógica si paramos mientes en lo que realmente somos. Pese a estar averiados por las múltiples debilidades propias, todavía podemos asombrarnos por el conjunto de los desvaríos circundantes. No hay donde agarrarse en busca de un apoyo sustancial, todos son provisionales. Deambulamos por un enrevesado LABERINTO de razones; cómo será si incluimos los circuitos irracionales. Las dificultades y la desorientación son evidentes. Nos abrimos al recurso de los increíbles sueños, desde el fondo de las peculiares intimidades.


Vivimos abrumados por la sucesión de instantáneas variadas e irrepetibles, agitan todas las fibras personales. Los topetazos más llamativos se suceden con aquello que nos provoca daño, el mal en sus diferentes proyecciones. Aunque no mencionemos tanto el mal que provocamos y apenas tratemos sobre esa presencia difusa del mal como ENTIDAD irremediable. Parece evidente en las formas peores; aún así, las diferentes versiones adolecen de argumentos contradictorios. Las intenciones trazan vericuetos insondables con la consiguiente dificultad para esquivar los tropiezos. Deambulamos por todos esos caminos; provocadores o sufridores, no podemos librarnos de su influjo.


Puestas así las cosas, no extrañaremos el siguiente pensamiento anhelante. Deben existir, habrá caminos para unos comportamientos gratificantes, los que aporten bienestar y felicidad a la gente. Lanzados con decisión en esa orientación, pasados los primeros aires, descubrimos la necesidad de consolidar esas percepciones; es preciso aventurarse en el avance por las múltiples posibilidades del laberinto. Detectamos la impertinente persistencia de la INCERTIDUMBRE; las trochas apuntan a la diversificación del bien. Sea en lo particular o con carácter general, el bien no es una construcción estable. Si es bueno para unos, puede perjudicar a otros; incluso para el protagonista, dependerá de las circunstancias.


Como no va a oscurecerse la claridad si nos movemos por circuitos independientes unos de otros, con proyecciones contrapuestas, no pocas veces desconocidas. Es imposible saber con nitidez la entidad de los entornos, creemos no equivale a conocemos. Las vías por donde circulan las ideas recorren espacios de fondos ilimitados. Sin embargo, muy DISTANCIADOS de los cauces y trayectos por donde se desarrolla la realidad del mundo y de las actuaciones humanas. Sometidos a discordancias como esta, tropezamos a diario con incongruencias manifiestas. Tanto si intentamos acotar las ideas, como si limitamos las actuaciones, nos sobrepasa la amplitud de las posibilidades.


Son múltiples las incongruencias acechantes en cada época, y en los ambientes modernos de manera más perceptible por la proximidad de sus consecuencias. Con todos los progresos sobrevenidos nos hemos liberado de gran número de convenciones, el capricho personal y colectivo se encumbró en paradigma poderoso. Nos lanza de bruces bajo los efectos de la PARADOJA libertaria. Cada impulso individual o colectivo no es ilimitado y se desenvuelve entre los impulsos de otros sujetos o comunidades similares, con la consiguiente falta de espacio. Sin duda, estamos ante otro fenómeno inductor de la confusión progresiva, sugestivo, pero contradictorio.


El hilo conductor de cuanto sucede existe, pero de tan fino pasa desapercibido. Con estas trazas, tampoco podemos descartar la existencia de varios hilos con ese poderío. Aún así, quién maneja los hilos desde arriba o como conectan sus movimientos con los hechos cotidianos, sigue siendo un enigma de terca presencia. Entramos en ese mundillo CAÓTICO de nuestras menesterosas actuaciones. La ausencia de justificantes concretos no invalida la existencia de reglas subyacentes; ese desconocimiento nos hace avanzar hacia la sufrida nebulosa mental, aferrados al dinamismo incesante con la necesidad perentoria permanente de adaptarnos a las sucesivas novedades.


En el momento presente, como nunca sucedió anteriormente, los diferentes elementos de la sociedad están conectados con una rapidez inusitada. Contra las expectativas razonables, el mayor conocimiento de los pormenores, de los participantes, lejos de simplificar la comprensión, incrementan las complicaciones. Cada integrante con sus condiciones, los funcionamientos diversificados al máximo, abocaron a una disgregación sin precedentes. Tienden a degradarse las normativas comunitarias e incluso los criterios personales. La DISCORDIA se enseñorea de los ambientes con ramalazos de airados ímpetus al margen de los razonamientos; nos introducen en los aspectos tenebrosos de la convivencia.


Ni los reductos de la intimidad se libran de las circunstancias un tanto erráticas, enlazadas a un conjunto inquietante. Detrás de la mínima señal de estabilidad pugnan los impulsos biológicos con intercambios azarosos; como culminación acompañamos a todo esto con la insondable trama psicológica. Por lo tanto, antes de rozarnos con el exterior, nos bailotean las supuestas reglas estables, en una TURBIA mezcolanza de la que no conseguimos escapar. La nebulosa crece desde el interior, acrecentada con las relaciones. La presencia terca, inesquivable, de lo real inestable nos mantiene con los pies en el suelo; de lo contrario seria impensable como sería el funcionamiento existencial.


Por si no tuviéramos suficientes inquietudes, el tiempo se derrama en las sucesivas fases de nuestras andanzas con una serie de SALPICADURAS inclementes venidas del exterior. Sólo en algunos momentos adoptan aires favorables, puesto que en general van acortando los plazos. Sus influencias modulan al resto de las conexiones activadas en cualquier ámbito. Contribuyen de forma decisiva a la consolidación de esa sensación de dependencia en relación con energías y fuerzas exteriores. Ni siquiera somos capaces de definir o precisar el carácter de dicha potencia temporal. Como acompañante fiel, el rasgo temporal mantiene su presencia constante, ofreciendo también sorpresas esporádicas.


Nos movemos dentro de la nebulosa, sometidos a una gran cantidad de factores influyentes; el denominador común dibuja una búsqueda constante para la adaptación; a la cual se suman las ensoñaciones ocasionales. Si algo queda claro, es la inconveniencia del SOLIPSISMO individual o grupal de creernos situados en una falsa autonomía. De seguir con esas creencias, la mirada neblinosa presagia una serie ilimitada de topetazos.


Aún sin ese talante presuntuoso, podemos inclinarnos a las actitudes perezosas en busca de una comodidad también falseada. Aparentemente instalados en los interiores CAVERNARIOS poco iluminados, la placidez adquiere tintes equívocos, porque no nos libra de los avatares mundanos. Si acaso incrementa las acuciantes intervenciones desde el exterior. El anhelo de un equilibrio sensato subsiste enérgico.

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