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Opinión
Etiquetas:   comunismo   Pablo Iglesias   Unidas Podemos  

¿Neutralizar la independencia del Poder Judicial? ¿Inmigración sin control?

Las consecuencias fatales de actuar demagógicamente para conseguir votos
Miguel Massanet
lunes, 18 de enero de 2021, 13:18 h (CET)

El liberal Alain Madelin, político francés y antiguo ministro de ese país fue firme defensor de la economía laissez-faire, candidato en las elecciones presidenciales francesas de 2002 como líder del partido Démocratie Libérale. Escribió lo siguiente contra los antiliberales: “los que siempre se equivocaron sobre todo, sobre la verdadera naturaleza del régimen soviético, sobre Vietnam, sobre Camboya, sobre Cuba, sobre el crecimiento cero, sobre el fin del trabajo, sobre las nacionalizaciones, sobre la economía mixta… se encuentran ahora, tras el paso del tiempo, para denunciar el horror del liberalismo” y, el propio Jean-Paul Sartre, no se cortó al calificar a “un anticomunista es un perro” y es que para estos “demócratas” de boquilla, estos verdaderos azotes de las derechas, lo que se puede decir tolerancia hacia las ideas ajenas no existe. Gaspar Llamazares calificó a Aznar de “anticomunista visceral”. Carlos Rodríguez Braun escribe: “Dicho sistema político existe desde hace 90 años y ha gobernado a un tercio de la población de este planeta” y más adelante añade “Más difícil de ponderar, en cambio es su crueldad, porque aún se desconoce y acaso no se conozca jamás el número de personas asesinadas por los comunistas durante el Siglo XX. La cifra que suele barajar, 100 millones, es sólo tentativa”

Resulta algo preocupante la facilidad con la que la propaganda comunista atribuye a sus oponentes, a sus “enemigos” ideológicos, a quienes les conviene desprestigiar y hacer que resulten odiosos al pueblo, y la evidente tolerancia, disculpa, justificación con la que se refieren a las masacres de personajes como Stalin y tantos otros comunistas que se le unieron en la larga lista de los que cometieron crímenes de lesa humanidad. Conviene facilitar los datos que se recogen en “El libro negro del comunismo: crímenes, terror y represión” (1997) que es un libro escrito por profesores universitarios e investigadores europeos y editado por Stéphane Courtois, director de investigaciones del Centro Nacional para la Investigación Científica, organización pública de investigación de Francia.

La estadística del número de masacrados por el comunismo internacional es suficiente para helar la sangre en las venas de cualquier persona decente que las pueda conocer.

60 millones en la República Popular China

20 millones en la Unión Soviética

2 millones en Corea del Norte

2 millones en Camboya

100 mil en los regímenes comunistas de Europa oriental

100 mil en Latinoamérica

30 mil en África

100 mil en España Represión en la zona republicana durante la Guerra Civil Española. ( Sólo se hace referencia a los que cometieron , supuestamente, los del bando nacional, sin que conste fehacientemente la veracidad de los datos que se dan por quienes se han constituido en jueces y parte para condenar el franquismo; estos personajes que han decidido escribir una nueva historia de lo que fue la Guerra Civil española cuando, en todo el mundo, autores de probado prestigio ya lo han hecho con anterioridad, con resultados muy distintos a los que ahora pretenden que nos creamos estos escritores apócrifos, pagados por las izquierdas que mandan en España y cuya facilidad para mentir está quedando demostrada con la forma en la que camuflan la incidencia de la pandemia del Covid 19 y la manera vergonzosa con la que intentan ocultar las muertes que se van produciendo que, según datos fidedignos facilitados desde diversas fuentes informativas ( las funerarias por ejemplo) extraoficiales, ya van por los 80.000.

Ahora señores, aunque no se lo crean, estamos volviendo a lo que fueron los tiempos anteriores al levantamiento del 18 de julio de 1936. Otra vez más son los socialistas y comunistas los que están al mando de la política española. Y, como entonces ocurrió, el Gobierno filocomunista que nos gobierna está intentando desmontar el régimen constitucional que los españoles nos dimos, con más de un 90% de votos a favor, mediante la Constitución de 1978. Sorprendentemente, quienes debieran de poner más interés en que la deriva anticonstitucional, las medidas de dudosa legalidad, las muestras de la forma arbitraria con la que quienes nos mandan están maniobrando para saltarse la Constitución mediante el recurso a prácticas evidentemente contrarias al espíritu de nuestra Carta Magna no dan muestras de estar enterándose de la debacle que amenaza a España y los españoles.

Resulta admirable que ahora, los comunistas del señor Pablo Iglesias, las feministas analfabetas que forman parte de quienes son sus fieles admiradores, la ralea de incompetentes como el señor Ávalos, el ministro de Sanidad, Illa, una persona incapaz para ocupar el cargo que se le ha asignado y que no ha hecho otra cosa que, junto a este científico de vía estrecha y tragaderas amplias, el señor Fernando Simón, dedicarse a servir al Gobierno haciendo pronósticos equivocados y a tergiversar los datos con la intención de salvar a los miembros del ejecutivo de las responsabilidades que les pudieran caber por haber sido el peor de los gobiernos de toda Europa en afrontar la pandemia del Covid 19.

Mienten una y otra vez. Intentan que nos creamos que volvemos a estar cerca de la recuperación económica cuando todos los datos, tanto de orden interno, como los que nos llegan del resto de la CE indican que lo peor de la crisis todavía está por llegar y que las diversas cepas que van apareciendo de la epidemia del coronavirus, tienen una gran facilidad de propagación, como se está viendo estos días en toda España donde las medidas que desesperadamente se están tomando en las diversas autonomías se muestran ineficaces y como resultado de la equivocada política del Gobierno de intentar esquivar las consecuencias del desbarajuste, haciendo que los que asuman las responsabilidades sean los gobernantes de las distintas autonomías que se ven obligados a tomar medidas, no siempre las más adecuadas que, evidentemente debería ser el Gobierno quien las implantara en todo el reino, siguiendo una misma orientación para resolver los problemas de la pandemia en toda España.

El solapado intento de inmiscuirse en las funciones del Poder Judicial (algo que ya motivó una advertencia de Europa) mediante una nueva Ley que ponga en peligro su independencia respecto a la influencia del Gobierno, sin escuchar el parecer de ninguna de las partes afectadas directamente, ni consultar al resto de partidos políticos de la oposición o tomar en consideración la opinión del Consejo de Estado ni valorar la inconstitucionalidad de la media nos demuestra la forma autoritaria, dictatorial, absolutista y vergonzosamente antidemocrática con la que estos señores del gobierno demuestran que están dispuestos a saltarse lo que sea preciso en su camino de convertir a España en una nueva Venezuela, al estilo del mismísimo señor Nicolás Maduro. Curiosamente hubo un momento en que el Gobierno dudó, dejó en suspenso promulgar la ley, pero algo ha sucedido que le ha impulsado a poner el acelerador para sacar adelante una norma que ponga definitivamente a su servicio el CGPJ y la facultad de nombrar jueces como ha sucedido con la Fiscal General del Estado y, por supuesto, con todo el cuerpo de abogados del Estado que están demostrando, en cada caso que se presenta, su subordinación absoluta a los criterios que se les marcan desde la cúpula política del Gobierno.

Y aquí es donde, señores, existe el grave peligro de una involución política en la que, mediante el sistema comunista de gestionar estas situaciones, con perfecto olvido de la legalidad constitucional, se está procediendo al desmantelamiento del Estado de derecho, la unificación de los tres poderes clásicos de cualquier democracia según Montesquieu en manos del Ejecutivo y, en consecuencia, el grave peligro de que entremos en la deriva dictatorial que ha venido siendo habitual en cada caso en los que los comunistas han conseguido posicionarse al mando de un país.

Pero hay un tema que, aunque sea de una forma breve nos gustaría tocar. ¿Recuerdan ustedes aquellos momentos en los que el Gobierno socialista, en junio del 2018, acogió con fanfarria y alardes de humanismo aquella nave a la que no se la quería acoger en ningún otro puerto del Mediterráneo? Era un momento en que los socialistas necesitaban como nunca aplicar la demagogia para conseguir asentarse y fortaleces su posición en España. Nadie atendió a quienes advertían del efecto reclamo, ni de la imposibilidad de que España se convirtiera en el lugar objetivo de las mafias internacionales de tráfico de personas. Sin embargo, desde entonces han llegado a nuestras fronteras, del norte y del sur, miles de personas que intentan, y en la mayoría de caso lo consiguen, acceder a la península lo que, no obstante, no quiere decir que las autoridades encargadas de hacerse cargo de ellos consigan devolver a los que no tienen derecho a sus países, ni que los retenidos en lugares de acogida, se mantengan en ellos y no se fuguen; de modo que, en realidad, no existe un verdadero control de las personas que se quedan definitivamente en nuestra nación ni, lo que es peor, del lugar en el que se han refugiado. La demagogia de alcaldes, como es el caso de la señora Colau de Barcelona, la hizo ofrecerse para acoger a los que acudiesen en busca de acogida a la ciudad condal, sin tener en cuenta la capacidad que tenían para poderlos alojar y darles trabajo y las consecuencias, aparte del caso de los manteros que obligó al Ayuntamiento a claudicar y tener que negociar con ellos, en el resto de casos lo que sucede es que, en el mejor de ellos, el de los acogidos en centros adecuados, al cumplir los 18 años se los echa de ellos para que se las compongan como puedan. Ahora el problema está en Canarias y no parece que los canarios estén precisamente muy de acuerdo con la forma con la que, el Gobierno, está tratando aquel problema. Una muestra evidente del error de actuar sólo con fines de propaganda sin valorar las consecuencias de semejantes decisiones.

O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadanos de a pie, vamos viendo como el caos que ya muchos estábamos viendo venir, cada día que pasa se hace más evidente de que nos dirigimos hacia él a marchas forzadas, lo que a los que no tenemos la más mínima confianza en la capacidad de este Gobierno para afrontar el futuro, hace que se nos pongan los vellos como escarpias al pensar que las predicciones optimistas de la señora Calviño hechas, sin duda, con buena fe, resulte que no son más que meras expectativas, sin viso lógico de que puedan llegar a cumplirse.

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