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Estás despedida

Toni Tovar
domingo, 18 de enero de 2015, 10:09 h (CET)
Es cierto, no estaba en mis mejores días. Estaba en esos días del mes en los que el café me sabe a arena; uno de esos días en los que la sintecho de mi calle me mira por encima del hombro, el conductor del autobús me habla mal y me toca comer al lado del típico niño que te señala con el dedito desde su mesa, en plan Ete, y te mira con los ojos del gato de Sherk obligándote a que le digas algo, o le saques la lengua, a lo que su madre con sonrisa complacida añade: «¿qué te dice el nene, eh?, ¿qué te dice?».

Día en el que Madrid llueve y todo el mundo ha salido a la calle con un único propósito vital: clavarme una de las puntas de su paraguas en el ojo. (Ahí lo he dado).

Y en esas estaba, pero no nos equivoquemos, no fue un arrebato. Fue una idea que barruntaba desde hacía tiempo. Ella no estaba cumpliendo, no me hacía el menor caso y la cosa no estaba funcionando. Y debo reconocerlo: sentía celos. Celos verdes y pringosos. Sería cosa de mi imaginación, pero parecía que últimamente estaba prestando más atención a mis colegas, como que para ellos siempre tenía mejores palabras que para mí ¡y esto no podía continuar!

Porque su ausencia, su dejación en mí, estaba afectando alarmantemente a mi escritura. Dos noches antes había abierto mis últimos words y lo que encontré allí fue espeluznante: tópicos, palabras paisaje que están pero que nadie ve, arquetipos de sitcom. Sí, esto tenía que acabar y cuánto antes. Me pondría una gabardina, la citaría en el segundo piso de un parking a media noche y le diría que… ¡¿Le diría qué?!

Uf, nunca había hecho eso. Quizás gracias, ha estado bien, ha habido grandes momentos, días luminosos, pero he encontrado una más joven, más trendy… Lo siento mucho musa, pero estás despedida. O tal vez tiro de la vaselina, le agradezco lo de aquel premio y entonces… ¡zasca!

Pero nada de esto hizo falta. La realidad vino con sus lecciones de practicidad y al final todo fue mucho más fácil. Le envié un wasap preguntándole que si podíamos vernos y me dijo que no, que «esta noche imposible, cari, estoy con un joven redactor que promete mucho, ahora está haciendo los resúmenes de Gran Hermano VIP pero ya está despuntando y requiere mucho de mí, ya sabes: ¡tiene que ver las 24 horas del programa para hacer los resúmenes!». ¿Me estaba dejando? «No es por ti, es por mí», sí, ¡me estaba dejando!, «no me siento realizada, la columna de siglo XXI y las cuatro cosas que haces no dan para más». Escribiendo… Borra… Escribiendo (o está transcribiendo el primer capítulo del Quijote o no sabe qué poner) y entonces: «Nunca olvidaré lo de aquel premio…», ¡eso va antes, zorra!

Estoy en busca de musa. Mientras tanto, perdonarme si hay más columnas como esta.
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