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​Con miles de muertos a su espalda

El Gobierno lo va a tener muy difícil porque irán los muertos allí donde vaya un ministro, el presidente del Gobierno o cualquiera de la tropa de vicepresidentes
Jesús  Salamanca
jueves, 30 de abril de 2020, 09:22 h (CET)

Hace unos días finalicé un artículo diciendo que “un chulo de playa, un filósofo separatista, una feminista parásita, un agente de Maduro, y un “Santo Tomás” de aeropuertos valen para lo que valen, pero no para gestionar la crisis ni liderar al pueblo. Y menos aún para salvar vidas”. Viene esto a cuento por la penosa y nefasta gestión del Gobierno en la crisis sanitaria. Si antes se decía que a alguien “se le engaña como a un chino”, valga esta expresión para el Ejecutivo que, en reiteradas ocasiones, le han engañado como a chinos. Y también los desalmados intermediarios de su bando, diría yo.

Hemos visto una carencia total de sensibilidad y de humanidad en los partidos del Gobierno. No es extraño que siga técnicas futboleras, en vez de prestigiosas opiniones sanitarias. El “Barrio Sésamo de Fernando Simón ya no nos sirve; tan solo es un estafermo al que harán pagar la vajilla en cuanto se rompa. Ahora vemos que, quienes lloraron por el sacrifico de un perro por la infección del ébola, son insensibles a más de treinta millares de muertos. La izquierda española es así: no muestra respeto por la tragedia humana aunque, llegado el caso, se ponga en la puerta de las instituciones para protestar por cuestiones ideológicas o invente bulos al más puro estilo Marlaska o al más burdo estilo Monedero.

El escándalo de la irreverente izquierda llega a llorar por alcanzar el poder, como hizo el chavista Iglesias; a lagrimear por perder la secretaría general y abandonar el Parlamento, como le sucedió a Pedro ‘Plagio’ Sánchez o a bailar sin cesar como la alcaldesa de Tomelloso, a pesar de tener más de 200 muertos por Covid19 en su localidad. Pero no son capaces de declarar luto oficial por los más de 30.000 muertos. Es el sino de esta izquierda, incapaz de dar de comer al hambriento, inútil para guardar luto a los fenecidos pero rauda y veloz para construir Campos de Trabajo (remedo de los Campos de Concentración) como hizo durante la Segunda República. Tanto odio, violencia, revanchismo, opresión y represión al otro no puede ser buena; es más, no es buena. De ahí que nadie entienda las descalificaciones a la presidenta de la comunidad de Madrid por sus, según siniestros personajes, “lágrimas de cocodrilo” en el homenaje a los fallecidos en Madrid.

Nadie niega que la epidemia haya sobrepasado a todos. El Gobierno no lo acepta ni lo aceptará nunca. Comprueben el ejemplo de la “Menestra de Igual-Da”, ciega por defender que el 8M nada tuvo que ver con la propagación del Covid19 en Madrid. Y para ello utiliza un mecanismo de compensación con el que tapar su complejo de inferioridad permanente.

Una “Menestra” que es incapaz de juntar seis palabras si quitamos de su vocabulario habitual vocablos como “facha”, “machista”, “machirulo”, “Fuerzas y fuerzos”, “árboles y árbolas”, “pollos y pollas”… Y ahora comparen toda esa indignidad con el sentimiento mostrado por Isabel Díaz Ayuso: “Nunca quitaré de mi mente el peso de tantas víctimas en Madrid. El sufrimiento de tantas familias y la tragedia de que muchos madrileños no hayan podido despedir a sus familiares con el calor de sus padres, hijos, madres y resto de familiares. Es un sentimiento que me acompañará toda mi vida”.

La negligencia con resultado de muerte es a lo que se enfrentará el Gobierno en las querellas que están en marcha o se elaborarán para presentarse en los Juzgados. Para este Gobierno social-comunista son un problema de imagen esos más de 30.000 muertos. Tras la mal llamada “desescalada” y salida a la calle de la población, el Gobierno lo va a tener muy difícil porque irán los muertos allí donde vaya un ministro, el presidente del Gobierno o cualquiera de la tropa de vicepresidentes.

No se puede basar la política en la superficialidad y en el desprecio a la ciudadanía. Demasiados parásitos y miserables asentando su ideología en la desidia, el sectarismo, el tráfico de influencias, la corrupción y la mentira. Excesiva “farlopa inmoral” para un pensamiento descompuesto. En pocas palabras: Mal futuro si la solución debe pasar por lo que es el problema.

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