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Opinión
Etiquetas:   Paradoja   Familia   Deterioro  

Agostamiento vertiginoso

​El grave deterioro cualitativo pervierte las diferentes maneras de enfocar la existencia
Rafael Pérez Ortolá
sábado, 11 de abril de 2020, 09:59 h (CET)

En esto de los parámetros todavía queda mucho por dilucidar. De esa tarea pendiente forma parte el cómo calibremos el trecho existente desde la velocidad a la precipitación, o en el sentido inverso, de la parsimonia a la dejadez; no obstante, de dichas evaluaciones derivará gran parte de las alegrías o las penas conquistadas. La perspectiva de las METAS propuestas tampoco es menos heterogénea. Los proyectos establecidos varían según las cualidades tenidas en cuenta, irán de la sensatez a lo disparatado, de la cordura a la enajenación, con una facilidad enorme. En demasiadas ocasiones pasarán desapercibidos por no prestarles la debida atención. Ante los hechos consumados varian las apreciaciones.

Sin menoscabo de los abundantes progresos de innegable valor, incido hoy en algunos formatos degradantes sobre algunas de las características de la vida en común de los humanos. Como si la obcecación de seguir unos planes determinados, despreciara el buen trato dedicado a las personas, en concreto como individuos o como grupos asociados. El contraste de los HAIKUS configura expresiones estimulantes para pensar en las diferentes versiones de las cosas, sobre todo de las actuaciones. Es interesante dado el sinnúmero de observadores y de actuantes; dejaron obsoleto el tan manipulado concepto de igualdad. A ver si por no atender, tropezamos con la primera farola a pesar de su luz.

El talismán


Libertario confunde.


Rigor mental.

Quién vaya a ganar en esta pendencia, todavía no se intuye; se aprecian mejor los perdedores. Las tendencias predominantes delimitan unas conclusiones. En la misma medida de las disminución de los razonamientos, las decisiones se toman de manera arbitraria; sin deliberaciones sensatas, desaparecen los obstáculos para las prácticas caprichosas. Al extenderse estas conductas, el alarde de libertades se transforma en una esclavitud opresiva procedente de las extralimitaciones. Reverbera como gran ausente el rigor mental.

Libertad de unos


Para informar a todos.


Crítica a ultranza.


No cabe duda, abundan los maníacos empeñados en la imposición de actitudes a la mayor cantidad posible de personas. Eso del dominio público parece muy dirigido desde las trastiendas. Su propia gestación provoca el efecto contrario, generaliza entre el público la desconfianza con respecto a las informaciones; puede abocar en otras exageraciones, todo es mentira o agarrarse a peores supercherías. Desaparece la confrontación sosegada. Lamentamos otra ausencia notable, la de una crítica constructiva consistente.

Por fin soy libre,


Puedo hacer cualquier cosa.


Mas no sé como.


La impotencia del aturdimiento revela los descuidos previos; las conductas viciadas asumidas como idóneas. La libertad es azarosa, impresiona, abre los horizontes. Alcanzada esa cota importante, los proyectos requieren un ensamblaje adecuado con el resto de los creado. De lo contrario, el aislamiento será progresivo, crispando las relaciones; decubriremos el valor de los esfuerzos preparatorios. Quizá sea tarde cuando los descubramos, lo cual no empaña su necesidad. Sin ellos decae cualquier libertad.

Es fiel la imagen,


Transmite lo real.


Cuento los nexos.


Cualquier opinión o frase es real, lo mismo ocurre con las imágenes; estuvieron presentes en su momento. Eso apenas indica nada de sus cualidades; su simple repetición no supone méritos valiosos. La fidelidad está configurada con rasgos de firmeza, pero resultan ambiguos en cuanto a su significado, esté dependerá de su orientación , de la calidad de sus metas. Y esa ligazón con ciertos objetivos exige la consideración de múltiples ramificaciones. No es suficiente la espontaneidad o la fidelidad ante el riesgo de objetivos necios o perversos.

La ambigüedad


Del cambio es evidente.


Yo me pronuncio.


El cambio suena bien cuando estamos hasta las cartolas de los avatares habituales, sean políticos, afectivos o profesionales. Los agobios impulsan hacia nuevas realidades con cierta urgencia, pero están sometidos a ingentes presiones foráneas, intereses ladinos o simples maneras diferentes de ver las cosas. Originan toboganes con una enorme capacidad de arrastre, aunque sólo sea por el número de intervinientes. Asoma la mediocridad y el seguidismo a ultranza, con la consiguiente anulación de las inquietudes personales y por tanto de sus iniciativas.

En la compleja


Trama de conexiones.


Soledad decisoria.


Eso de las afirmaciones rotundas se torna sospechoso desde las primeras manifestaciones. El cómo, el quién, el porqué y a costa de quiénes; añaden una serie de matizaciones involucradas en el resultado final y sus consecuencias. Además, los decires y las acciones suelen distanciarse de las percepciones. A la hora de decidir, uno está solo. Incluso cuando uno escoge la pasiva indolencia del dejarse arrastrar, es una opción activa. No hay excusa, participamos o renunciamos.

Gran paradoja


Entre tantos avances.


Agostamiento.


El lamento es unánime, varían los detalles con un fondo común; el descubrimiento de nuevos avances magníficos a nadie se le escapa, con la simultánea percepción de notables pérdidas en esa evolución del progreso. No acaba de comprenderse esa incapacidad para mantener los activos de tantas personas. El desánimo cunde ante la soledad, las agresiones, la escasa implicación personal, la tergiversación del lenguaje o las actuaciones irreflexivas. La implicación comprometida se funde.

El grave deterioro cualitativo pervierte las diferentes maneras de enfocar la existencia (Familia, democracia, convivencia). No encontramos los senderos satisfactorios y emponzoñamos las organizaciones sociales. Cabalgamos entre tinieblas, con dificultades obvias. A pesar de todo, nos empecinamos en cerrar los ojos, presumiendo de una incoherente estupidez. Nos urge el encuentro con la salida de este agostamiento suicida.

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