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​Sánchez lo dejó caer: debemos aprobar los presupuestos, pero ¿cuáles?

Una clásica intervención de autobombo del señor P.Sánchez, para trufarla de su habitual egolatría
Miguel Massanet
lunes, 16 de marzo de 2020, 08:05 h (CET)

“Miré, y vi un caballo bayo. El que lo montaba tenía por nombre Muerte, y el Hades lo seguía: y les fue dada potestad sobre la cuarta parte de la tierra, para matar con espada, con hambre, con mortandad y con las fieras de la tierra.” Apocalipsis. Por mucho que, a los pomposamente definidos como “homo sapiens” nos cueste reconocerlo, seguimos dependiendo de la naturaleza en todas sus variadas manifestaciones lo que debiera ser, si fuésemos capaces de prescindir de este falso y temerario orgullo que nos posee, una seria advertencia para la raza humana y su empeño en creerse que ha alcanzado las cotas máximas del saber, el conocimiento, la ciencia o la capacidad creativa que, si no somos capaces de reconocerlo, es muy posible que acabe llevándonos a otra Babel, en este caso, de autodestrucción y extinción que, según la Biblia, nos llevaría a todos al misterioso y temible valle de Josafat, el del anunciado juicio final de Yahveh.

Pero, como sucede en todos los acontecimientos nefastos que se producen en un país, estos que difícilmente se pueden prever, incluso en el caso de los planes mejor trazados, los itinerarios escogidos con más cuidado o los métodos mejor estudiados, cuando interviene el Destino con sus designios inescrutables, pueden acabar en fracaso; de modo que aquellos proyectos en los que se habían basado las esperanzas de un éxito, pudieran redundar en uno de los fracasos más inesperados. En un momento en el que parecía que, al señor P.Sánchez y sus compañeros de partido, todo les sonreía y sus planes de asentarse firmemente en el poder se daban por descontados, desde el lejano oriente, de nuestras antípodas, nos alcanza la maldición de una peste, el corona virus, que nadie en su sano juicio pudiera haber pensado que acabaría por expandirse por todo el mundo.

Cuando un gobernante se ha visto obligado, durante unos años, a manejarse con los presupuestos de su adversario político, cuando ha carecido de la libertad para poder aumentar el gasto público de acuerdo con lo que le hubiera gustado hacer o cuando se ha tenido que recurrir al aumento de la Deuda pública, el incremento de la carga fiscal o el tener que ceñirse a unos límites presupuestarios por no tener medio posible de cambiar los PGE vigentes; la posibilidad de resarcirse, de dar rienda suelta a sus intentos de aumentar de una manera desorbitada el gasto social y de comprar voluntades y votos con donaciones, subvenciones, regalías o enchufes y, por añadidura, conseguir unos nuevos presupuestos que le permitan echar la casa por la ventana; se ha visto obligado a humillarse ante las exigencias de los separatistas catalanes y vascos, hacerle un rendez vous al impresentable presidente de la Generalitat catalana, el señor Quim Torra, para más INRI inhabilitado para cargos públicos e, incluso, ceder en cuestiones de protocolo, de dignidad y prerrogativas de mando para darle satisfacción al gran vudú catalán que ha encontrado, en el actual presidente del Gobierno español, a un perrillo faldero dispuesto a ceder en todo con tal de conseguir mantenerse en el gobierno del país.

Y ahora el señor Sánchez ha conseguido colar, en una de estas comparecencias con motivo del coronavirus, así como si no tuviera importancia, el escabroso tema de la aprobación de los nuevos presupuestos de España, insistiendo en que ahora, más que nunca, es preciso que tengamos unos presupuestos adecuados al momento y, si queremos ser objetivos, pragmáticos y consecuentes con lo que ahora precisa nuestra nación, podríamos llegar a estar conformes con el señor P.Sánchez en que, realmente, es preciso que España apruebe unos presupuestos de acuerdo con la verdadera situación real de nuestra nación. Mucho nos tememos, no obstante, que los presupuestos a los que se están refiriendo el señor Sánchez pudieran ser aquellos que salieron de manos de la señora Montero, los que dispararon el gasto público del país, trufados de intentos de priorizar de una forma exagerada los beneficios sociales, y de aumentar el endeudamiento público y la presión fiscal sobre los españoles, con tal de implantar un régimen intervencionista de un dirigismo estatal, limitando la iniciativa privada, la libertad de mercado y la ley económica de la oferta y la demanda como la verdadera y justa medida para regular los precios en los mercados.

Con el pretexto de que en España existe una situación excepcional, una epidemia que nos ha pillado a todos por sorpresa, aunque ha habido naciones que han reaccionado antes y otras, como es el caso de la nuestra, en las que el Gobierno ha sido lento de reflejos y que, cuando se ha decidido a intervenir, ya estábamos gravemente afectados por este virus que nos llegó de Italia, aunque provenga de la república China. Es cierto que, el señor P.Sánchez, es de los que no da puntada sin hilo y, en consecuencia, ha visto la ocasión de forzar a aquellos que se han venido oponiendo a unos PGE evidentemente imposibles de poner en marcha, debido a que nuestra nación no está en condiciones de acometer todas las reformas sociales y los cambios estructurales que las izquierdas pretenden lleva a efecto, sin que la economía sufra, los impuestos aumenten, las inversiones se resientan, las empresas se vean afectadas por una nueva recesión y el paro aumente de nuevo, rompiendo la tendencia de estos últimos años en los que, la recuperación empezaba a dar muestras de irse afianzando y los puestos de trabajo en franca mejora.

Ve, el señor Presidente, la oportunidad de colarnos a los españoles, por medio del calzador del coronavirus, pero no el que sería adecuado y preciso para que, de acuerdo con la nueva situación de pánico, parón de la economía, mayor desempleo y un verdadero estado de excepción como posiblemente no se había producido desde que la Guerra Civil Española dejó arrasada por completo a nuestra nación; se estudiaran unos nuevos presupuestos aprobados con el consenso de todos, adaptados a la realidad del momento y teniendo en cuenta unas prioridades de acuerdo con el momento actual de crisis sanitaria por el que pasa España, algo que nada tiene que ver con aquellas medidas de gasto e inversiones que la señora Montero, desde su punto de vista izquierdista y su keynesianismo, dejó plasmadas en su proyecto de PGE para el 2020.

No por el hecho de que se tenga que apoyar al Gobierno en todas aquellas medidas sensatas que se deban tomar para erradicar, cuanto antes, la amenaza del Cobi19 de nuestras ciudades, debemos caer en la trampa, que parece que intenta colarnos a todos los españoles el señor P.Sánchez, de buscar el apoyo de los partidos que hasta ahora no habían aceptado hacerlo sin que el proyecto que presente el actual Gobierno no haya sido modificado sustancialmente en cuanto a su contenido y objetivos que, por supuesto, no pueden ser los mismos que era preciso contemplar cuando fueron redactados por el actual ejecutivo, antes de que se produjera la invasión del coronavirus, que ha cambiado sustancialmente el panorama sanitario, industrial, económico, laboral y humanitario en toda España que, como es evidente, requerirán de un planteamiento que sería conveniente que se basara en el consenso de todas las fuerzas políticas del país, para tomar las medidas, no partidistas sino en beneficio de toda la comunidad, más adecuadas, rápidas, efectivas, sensatas y necesarias para que, cuanto antes, se pudiera conseguir restablecer la normalidad sanitaria y la recuperación económica a las que todos aspiramos.

O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, sin perder de vista que nos encontramos ante una situación de gran peligro, debido a la facilidad de contagio del Cobi19 y la necesidad de que todos los españoles obedezcamos las consignas del Gobierno, en cuanto al comportamiento que se debe observar, hasta que la amenaza haya desaparecido; ello no obsta a que no tengamos en cuenta y ojo avizor respecto a las posibles marrullerías y aprovechamiento de la situación de preocupación, en la que todos los ciudadanos estamos sumergidos, por parte de algunos sectores de la política o del propio Gobierno del país, para que no permitamos que aprovechándose de la situación extraordinaria por la que estamos pasando, se intente sacar rédito político como podría ser, en este caso, del hecho de que se aprobaran unos PGE que no estuvieran principalmente adaptados a las necesidades de dar una respuesta contundente a esta plaga que estamos sufriendo y a las consecuencias que va a tener, sobre el pueblo español y su economía, cuando se consiga acabar con ella.

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