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Debemos defender que estén ahí, expresamente para nosotros esos espacios. Pero luego, lo de ir a degustar su gastronomía es otra cosa

Dice un autor contemporáneo, Emilio Pérez, que el oficio de prostituta no fue el oficio primero, sino el del ventero: “En el jardín del edén / en pelotas caminaban, / solo al comer la manzana / vistieron su desnudez / con pieles de la sabana. / Este fue el 1º oficio, /después el del alfarero. / Hay quien dice que 1º/ fue el de puta, pero es vicio / poner precio al agujero”.//.

Nuestro poeta apuesta fuertemente por la hostelería y los venteros como primeros oficios por necesidad del género humano y baraja otras opciones como el pielero, el alfarero y la mujer prostituta, de nuevo: “¿Cuál oficio fue el primero? / para alejar a los fríos, el pielero? / ¿O acaso el del alfarero / que fabricaba utensilios / para guardar alimentos? / Otros dicen que el de puta, / mas yo pienso / que el estómago fue el horno / y crisol de la cultura / en los inicios del tiempo”.//

Importancia le da sin duda a los servicios gastronómicos de la antigüedad, aunque esa gastronomía se refiera a una simple manzana amiga del pecado y la metáfora.

Muchos de nosotros hemos pasado al menos dos crisis criminales acentuadas por el paro y la enfermedad, las dos en el siglo XXI, la primera en 2007 y lo que colea, la segunda en 2020 y lo que nos rondará con sus sombras de miedo. La primera, puso su importancia en el ladrillo y todas las industrias cercanas al mismo se hundieron y así siguen. La segunda se buscó el turismo como balsa de salvación, balsa que aparece días sí, días no, sobre todo en vacaciones y fiestas para anunciar que de esa barca, principalmente de costa, dependemos todos.

Unida a esa iniciativa de lugares turísticos está la hostelería que reclama en plena pandemia que les dejen abiertas sus puertas; y viendo cómo está la educación con sus colegios e institutos abiertos, quién les niega ese derecho de ganarse la vida en terrazas que no son sino terracillas minúsculas, sin embargo hay dinero de por medio, otra cosa es el turismo de copa y juerga, no sería llamado hostelería.

Nuestro autor defiende al ventero como el primer oficio del género humano, yo como buena almagreña, debo defender al primer mesón, restaurante u hospedería, primero que hubo en España, situado en el Santuario de la Virgen de las Nieves, en el paraje de la antigua dehesa Torrovilla, según reza un documento del Archivo Histórico de Almagro.

Y por la misma razón debemos defender que estén ahí, expresamente para nosotros esos espacios. Pero luego, lo de ir a degustar su gastronomía es otra cosa, no debemos olvidar que la pandemia hace de las suyas en cualquier espacio, colegios, tiendas y bares incluidos. 

Artículos del autor

Los trastos y aparatos de la medicina cuasi antigua, o actual, entendido el plural de trasto como conjunto de herramientas de una actividad, se van a comentar en este texto, pero nadie se asuste, no tengo bata ni será un texto de investigación exhaustivo, solo haré una pasada comparativa en recuerdos medicinales.

El primer ejemplo es el poeta y profesor Jesús Mora López-Almodóvar. Si lo buscáis en redes sociales, veréis que es tan activo como para volar o nadar siendo tetrapléjico, por esclerosis múltiple, desde hace años. Personalmente, lo conocí en una actividad cultural dedicada a la docencia, me aproveché de su generosidad en varias ocasiones y le he seguido en sus textos del blog “Mensaje y botella”.

El vocablo abuelo vendría del latín avus o aviolus y del árabe abu que significa padre. Los abuelos son la madre y el padre de uno de los padres de una persona. Y las experiencias familiares nos dicen que estas personitas están encantadas con ellos.


Ahora, las calefacciones al aire libre los rescatan, los introducen en mesas camillas más cuadradas, los llevan a la calle de fiesta y merendola, los dejan al cuidado de camareros que nos recuerdan a las alumnas niñas de hace décadas. Vuelve el picón y el dicho popular de que si tienes los pies calientes, el resto del cuerpo también está caliente.

Kamala Harris, abogada californiana y senadora desde hace tres años, es hija de la científica biomédica india e investigadora de oncología mamaria, fallecida en 2009, Shyamala Gopalan, citada en el magnífico discurso triunfal de su hija, con matices feministas. Una frase recordó de su madre “Puede que seas la primera, pero asegúrate de no ser la última". Toda una declaración de intenciones.

Nacer en 2020 y seguir viviendo feliz es mejor regalo que unos patucos, un peluche, un correpasillos o una chichonera. Esa felicidad será como demostrar al mundo que esta pandemia, presumiblemente creada en laboratorio para matar al ser humano, como se atreve a decir la viróloga china Li-Meng Yan, es agua pasada.

Les han regalado tabletas y ordenadores para no engordar la brecha digital; les han puesto nerviosos los mayores, otros han seguido su ritmo de fiestas, cervezadas y botellones justificándose con que son jóvenes y apelando a su libertad; algunos hasta han enfermado y no solo de Covid…

Al pueblo siempre se le llama así, pueblo, entra en una categoría especial en que ni siquiera tiene nombre, es el pueblo, el pueblo que tenemos todos y ahí entran, en un cajón de sastre, hasta en eso se ha defenestrado al pueblo.

 
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