Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto. Noticias y opinión
Viajes y Lugares Display Tienda Diseño Grupo Versión móvil
18º ANIVERSARIO
Fundado en noviembre de 2003
Firmas y Blogs
Luis del Palacio
La linterna de diógenes
Luis del Palacio
El sembrador de dudas incómodas

Nunca he coincidido con él, a pesar de tener algunos amigos y conocidos comunes. Sin embargo, confieso haberlo seguido de forma esporádica desde que, teniendo yo unos catorce años, lo viera en un famoso programa de televisión que presentaba el recordado José María Íñigo. Imagino que, como a muchos miles de telespectadores testigos de su debut, quedé impresionado por su presencia, que era una mezcla del ideal clásico de la belleza masculina encarnada en el efebo, con algo más; algo que emanaba de una personalidad en ciernes, sí, pero que ya contaba con todos los elementos de lo que llamamos “carisma”. Sus padres, Lucía Bosé y Luis Miguel Dominguín, asistían en el estudio al estreno de su hijo frente a las cámaras. Ella parecía arrobada, realmente entusiasmada por la actuación de su hijo. El torero, sin embargo, mostraba un semblante más serio, con un punto escéptico, quizá de cierto reproche… Pero podría tratarse tan sólo de una impresión mía; y tan lejana, que es como una voluta de humo, una reminiscencia…


El hecho de ser “hijo de famosos” es siempre un arma de doble filo; mas uno de ellos suele ser mucho más cortante que el otro y con frecuencia hiere, punza como la punta del huso que hizo caer a la princesa del cuento en un sueño de cien años. Y de ese sueño, convertido a veces en pesadilla, pocos despiertan. Hace falta tener mucho arrojo, mucha voluntad, personalidad, mucho carisma, para vencer al embrujo, convertido en maleficio, de “ser hijo de”.


Creo que Miguel Bosé, a lo largo de muchos años, ha demostrado ser uno de los pocos que han conseguido superar ese influjo, formando una personalidad propia a través de su arte; ahuyentado las sombras de éxitos ajenos, aunque en ese largo y penoso camino aparecieran otras, las propias, que han turbado su personalidad hipersensible, frágil y única.


Hace pocos días una cadena de televisión emitió la primera parte de una larga entrevista con el cantante. Picado por la curiosidad que siempre me ha producido la persona antes que el personaje, me senté frente a la pantalla con el deseo de aprehender sus palabras, de captar lo que deseaba expresar con ellas: sus ideas. Y comprobé que no sólo fluían con admirable soltura, sino que la figura algo ególatra del entrevistador quedaba empequeñecida (es decir, restituida al lugar que en buena ley le correspondía) ante la “avalancha Bosé”. El oportunismo de Évole, expresado en unas preguntas que lo acercaban a Sálvame, aparecía como un tazón rajado y desportillado por el que se escapaba la escasa sustancia. El cantante no se doblegó a comentar sus miserias; por el contrario habló a tumba abierta de sus sentimientos heridos, de la relación con sus padres, del amor a sus hijos, de su afasia, de su sangre torera, de su caída en las drogas durante más de veinte años… Y de su redención.


En algunos momentos me recordó a Lepoldo María Panero, el “poeta maldito”, en aquellos instantes de locura lúcida que te dejaban boquiabierto y con un montón de dudas existenciales.

He escrito “redención”. Sé que es un término cada vez más difícil de entender, sobre todo en un mundo que relativiza la nobleza espiritual. Pero yo capté redención donde muchos captaron otras cosas; entre ellas, claudicación. No, no la hay. Hay rebeldía (de la buena) a raudales. Y la redención –total o condicionada al avance de cronos- no es otro que el estado de gracia que logró Fausto por el amor de Margarita. En el caso de Bosé creo que es por el amor de los suyos, especialmente el de su madre, y por un innegable amor a la vida.


Llegados a este punto, queda la segunda parte; pero no se me asusten. Me refiero,claro, a la entrevista.


Évole nos lanzó el cebo (la lombriz del morbo) justo antes de concluir la primera:


¿Por qué niega, Bosé, la pandemia?


¿La niega realmente?


No lo sé. Como dije nunca he hablado con él y habré de esperar al domingo próximo.


Durante los días que siguieron a la primera entrega, ha habido una auténtica lapidaciónde su persona. En España apenas hemos cambiado y existe poco respeto por las opiniones que nos contrarían. El insulto “en redes” o a cargo de esos tertulianos televisivos sabelotodo, es moneda común. Y la pandemia sólo ha contribuido a exacerbar nuestra intolerancia innata.


Quienes desde el principio expresamos nuestra sospecha de que tras la debacle provocada por el virus podría haber algo más (algunos lo llamaron “plandemia”) fuimos motejados de “terraplanistas”, “negacionistas”; cuando no, simplemente, de débiles mentales. Pues bien, he aquí un ejemplo de la Doxa frente a la Episteme (opinión frente a conocimiento) de algo que acaso sólo unos pocos saben. Y no creo que Miguel Bosé lo sepa, pero sí es seguro que lo intuye.

Artículos del autor

Sin embargo, esto depende del gusto de cada uno. Hay mancebos y mancebas que gustan de “producirse ante el personal”; obtienen un placer, para mí difícil de entender, en el hecho de que los reconozcan por la calle, en el transporte público, en un restaurante o la sala de espera del dentista. Y comprendo su frustración ahora que todos nos vemos obligados a usar esa especie de antifaz por culpa de la pandemia. Lo deben de pasar fatal.

Las dos monedas son mucho más que un símbolo; representan el arranque de una aventura, de una metamorfosis. Lo viejo y lo nuevo ante un joven al que aún aguarda todo. Y este personaje -como dije en la presentación- me recuerda a un “enfant terrible” de la literatura francesa; a “le noveau Rimbaud”, Raymond Radiguet, autor de una de las novelas más inquietantes del siglo XX: El diablo en el cuerpo.

Tuve la suerte de conocer a Julio Anguita hace ya bastantes años. Ya no estaba en eso que llaman “primera línea política”, pero, pleno de facultades, lideraba una corriente crítica desde cierta izquierda ilustrada y genuina que actuaba como “Pepito Grillo” de esa otra izquierda, oportunista, “new age”, que no se distingue en nada, ni por su modo de hacer ni por sus aspiraciones materiales de esos “liberales burgueses” a los que denuestan desde el pedestal de barro mal cocido donde cacarean la supuesta superioridad moral que se arrogan por ser ellos… tan “guay”

LA RENDIJA LÍRICA. Con la mirada afilada de un cíclope, el lector de poesía aguza la vista. La hendidura por la que vislumbra la estancia que aferran sus manos en el libro o en la resonancia al vuelo que se recita, es sencillamente hasta donde le permita perseguir el hilo de oro viejo de las palabras.

Al final de las sesudas intervenciones “castristas” de Pedro Sánchez (por ahora anda por los 60 minutos y aumentando) aparece un señor con barbita canosa, algo fondón, cara inexpresiva y gafas de concha, que, según me cuentan, ostenta el impresionante cargo de Secretario de Estado de Comunicación.

Como hace años me explicó el inolvidable Miguel de la Quadra-Salcedo, sentir el peso de un libro en las manos, notar el olor peculiar al abrir sus páginas, hojearlo antes de acometer la lectura, forma parte de un ritual sin palabras que preludia una aventura que nos llevará durante horas y días a un mundo distinto que, en principio, nos es ajeno, pero que poco a poco iremos incorporando hasta hacerlo nuestro.

No muchos recuerdan que el periódico más leído en España y fuera de ella, El País, nació como un proyecto renovador que pretendía insuflar savia nueva a un árbol que era viejo y fuerte, pero decaído por años de censura. La prensa española de entonces contaba con excelentes profesionales y colaboradores, se escribía mucho y bien, pero no tenía “rodaje” en aquello de presentar la información –sobre todo, la política- de una manera esencialmente periodística, en la que la opinión se mantuviera al margen en aras de una mayor objetividad.

Existe un término –librepensador- de connotaciones algo decimonónicas, hoy caído en desuso, que define de maravilla la actitud ante la vida de los que a veces nos sentamos a la vera del camino a contemplar la existencia y su devenir.

 
Quiénes somos  |   Sobre nosotros  |   Contacto  |   Aviso legal  |   Suscríbete a nuestra RSS Síguenos en Linkedin Síguenos en Facebook Síguenos en Twitter   |  
© Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto | Director: Guillermo Peris Peris