MADRID, 13 (OTR/PRESS) ¿Cómo pudo suceder?. Eso es lo que me pregunté la primera vez que visité Mauthausen. Caminando por aquel campo de la muerte sentía el horror teñido de dolor y desesperanza de lo que estuvieron allí, entre ellos una cifra que ronda los cinco mil españoles. De ahí que la reciente visita de los Reyes a Mauthausen ochenta años después de su "liberación" debería no solo ser un homenaje a las víctimas, sino palanca de reflexión sobre la locura que arraso Europa, la civilizada Europa, bajo las botas alemanas, la civilizada Alemania, fervorosa bajo la batuta de Hitler. Lo mismo sentí cuando entré por primera vez en Auschwitz. A esas primera veces se sucedieron otras más y en todas las ocasiones no he dejado de preguntarme y de preguntar:¿Cómo fue posible?¿Cómo pudo suceder?. No, no podemos olvidar, y para no olvidar es necesario, imprescindible, conocer ese pasado más allá de la conmemoración de la liberación de los campos de exterminio como lo fue Mauthasen. Y es que las conmemoraciones duran un día,y al siguiente se olvida lo que se ha conmemorado. Creo que fue en 2023 cuando se estrenó una película: "La zona de interés" dirigida por el británico Jonathan Glazer, en la que se narra la historia de Rudolf Höss, comandante de Auschwitz, que vivía junto a su familia en una casa pegada a los muros del campo de la muerte. Lo terrible de la película es "ver" a una familia que vive en una confortable casa, ajenos a los asesinatos que se llevan a cabo a pocos metros de su jardín. No porque no sepan lo que sucede en aquel campo de la muerte, simplemente porque les resulta indiferente. La esposa de Hoss se comporta con una frivolidad egoísta y, ni la importa ni se pregunta por ese humo negro que emana de las chimeneas de los edificios del campo. Y todo eso pasaba hace 80 años, e insisto en que no deberíamos olvidarlo. Las secuelas de la II Guerra Mundial dejaron un rastro de muerte y sufrimiento, y no está de más recordar, aunque ahora sea políticamente incorrecto, que a Europa la "salvaron" las tropas rusas y las norteamericanas. Así de claro. Por eso ochenta años después es imperdonable que se pretenda ignorar el sacrificio de Rusia. Y se ignora ese sacrificio pasado para castigar en el presente a Vladimir Putin por invadir Ucrania. Como si una cosa tuviera que ver con la otra. De manera que vuelvo a revindicar el conocimiento de la Historia, pero no una Historia al albur de lo que conviene políticamente hoy. Los hechos son los hechos. Y reconocer el sacrificio de los rusos entonces no supone exonerar a Putin y a los suyos de sus políticas de ahora. No me cansaré de repetir que es un peligro dejar el conocimiento de la Historia en manos de los políticos, porque es el camino más corto para desconocer el pasado. Pero vuelvo a la visita de los Reyes a Mauthausen y una vez más hay que reconocer que el Rey don Felipe siempre está dónde tiene que estar.
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