Siglo XXI. Diario digital independiente, plural y abierto. Noticias y opinión
Viajes y Lugares Tienda Siglo XXI Grupo Siglo XXI
21º ANIVERSARIO
Fundado en noviembre de 2003
Opinión
Etiquetas | Carta al director

​En la apertura de los Juegos Olímpicos

José Morales Martín, Gerona
Lectores
sábado, 14 de septiembre de 2024, 10:33 h (CET)

Recuerdo que el desprecio mostrado en la apertura de los Juegos Olímpicos de París no fue sólo hacia la cultura en mayúsculas, sino también contra la cultura deportiva, que entraña valores (respeto, convivencia, honestidad, ejemplaridad…), ayuda en la forja de virtudes (fortaleza, templanza, prudencia…) y que, en determinados momentos, puede considerarse arte (¿no es cierto que hay movimientos y jugadas en algunas disciplinas que se contemplan así?). Era el momento de sacar a relucir este espíritu, de ofrecer un espectáculo bello de forma y fondo, de dejar boquiabierta, emocionada, a la opinión pública. Sin embargo, han optado por un alarde de chabacanería woke, queer, como se quiera catalogar, si se puede, sin referencia alguna a estos presupuestos. Por otro lado, en los eventos deportivos siempre se mira con ojo crítico los desaires, la falta de modales, las expresiones de desprecio o superioridad. ¿Cómo encajar un espectáculo hiriente a la sensibilidad que, por cierto, siguieron millones de niños y jóvenes en directo?


Asimismo, la celebración, de pretensión aperturista, fue, contrariamente, una declaración de intolerancia hacia todos aquellos que no están de acuerdo con la propuesta antropológica escenificada por tener una sensibilidad diferente. Las Olimpiadas, que son un símbolo de la amistad entre los hombres y los pueblos, han propiciado sin ninguna necesidad un enfrentamiento que va más allá de un credo o de un color político.


Es decir, en nombre de la diversidad y aprovechando una cifra de audiencia impresionante se ha perpetrado un sibilino acto de totalitarismo (totalitarismo blando, totalitarismo woke, pero totalitarismo). Aceptar al diferente es una aspiración loable, pero no a costa de diluir la naturaleza humana, la que compartimos todos y es universal, como es la naturaleza universal (es el significado de católica) del olimpismo. ¿Qué convivencia puede establecerse en una sociedad que reniega de todo ello? En definitiva (otra paradoja) un evento que debería celebrar la armonía de mente, cuerpo y espíritu de los deportistas ha fomentado la confrontación en el contexto encadenando una paradoja tras otra.

Noticias relacionadas

Hoy, en Cantabria, hay convocada una huelga en la educación pública. La secundaré por principios, porque la reivindicación es justa –hace 17 años que nuestros sueldos no se actualizan con el IPC, las ratios siguen siendo elevadas, se prioriza la inversión en la enseñanza concertada frente a la pública…– y porque, a pesar de que no soy muy optimista, necesito convencerme de que las cosas pueden mejorar.

El objeto de esta columna es expresar una reflexión sobre la Iglesia católica, ya que a menudo es actualidad y motivo de fuerte polémica. Mucho de lo que leo sobre la Iglesia católica podríamos afirmar, a mí modo de ver y desde siempre, que es «signo de contradicción».

Nos hemos globalizado y, eso, está muy bien; ahora nos falta sustentarnos en el verdadero amor, conocedores de que el espíritu fraterno, es lo que nos obliga a desvivirnos por vivir la acción colectiva, como fuerza orientadora para lograr la concordia, desde el abecedario del respeto mutuo y el lenguaje de la tolerancia.

 
Quiénes somos  |   Sobre nosotros  |   Contacto  |   Aviso legal  |   Suscríbete a nuestra RSS Síguenos en Linkedin Síguenos en Facebook Síguenos en Twitter   |  
© 2025 Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto | Director: Guillermo Peris Peris
© 2025 Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto