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Dos relatos cortos

‘Colegio Salesiano y otros lugares’ y ‘La invitación social macabra’

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Colegio Salesiano y otros lugares


Esta breve historia, como muchas que les he relatado, son un o mi libro abierto. Para mí es un nuevo comienzo en el tiempo, y quizás, es parte del futuro de las nuevas generaciones. Habrán momentos, en el desplazamiento de su (s) lectura, que el lector tendrá que hacerse algunas imaginaciones, sopesar, que puedan ser adaptables y a lo mejor pueda ser útil para muchos y llenen este mundo de realidades y no de asuntos rebuscados, incongruentes que desembocan en disparates, que mas bien enredan.


El mundo tiene billones y billones interminables de cosas, casos que relatar, pohetizar, musicalizar, teatralizar, entre otras artes. La realidad circundante nos favorece todo, sólo está ahí para ser utilizada, no es necesario inventar el agua helada, ya todo esta inventado, solamente habría que ordenar desde ella misma, así de sencillo, ni es necesario ir al cielo en una escalera, sino veamos a los científicos, todo lo toman de la realidad que observan, pisan, tocan y después hacen una metamorfosis, de lo contrario nunca podrían hacer nada.


Es decir, los científicos son usurpadores, hurtan, explotan la realidad, que no es suya y ya, y quien los detiene, por supuesto que nadie. Eso mismo, puede hacerse con la cultura de las artes, tomando todas las experiencias de la realidad en que vivimos y la de los mismo científicos o ciencia y hacer lo nuestro. Lo que sucede, que ellos tienen los medios y nosotros apenas un lápiz, papel, un pincel, un instrumento musical y etc. Empero, aunque no se pueda tener todos los medios necesarios, siempre la filosofía de las artes hace  y va llenando espacios imborrables.


Veamos. El tiempo se contempló en el espejo difuso y posterior observó de soslayo el comedor y el reloj colgado en la pared. Inclusive, el espejo también observa todo, no se le escapa nada, en fin, eso así ha sido en todos los tiempos y seguirá siendo así, no existe variante, mucho menos dialéctica, solamente, que serán otras realidades en distintas épocas.


En ese instante, eran tiempos como cualquier otro, pero con sus novedades que saborear, del colegio salesiano en el año 1973, pero antes, tuve una travesía escolar por el Instituto Nacional de Masaya en el año 1969, 1970, 1972,  pero, debido a las vagancias de joven, pasaron tres años y nunca concluía el año en curso, hubieron otros matices que tampoco lo permitían, en fin, llegó el año 1973 y 1974, en esos años estudié en el Colegio Salesiano-Don Bosco-de mi ciudad natal Masaya Nicaragua.


En este colegio, además de estudiar esos dos años allí, aprendí  el deporte del baloncesto, por orientaciones del sacerdote Miguel Alvarado (Q.E.P.D)  Director del colegio, e ingresé a la banda de guerra. Fui conociendo algunos compañeros de clase y de otros aulas, había un alumno que estaba en un  año superior, le decían “el guardia”, a él yo no le caía bien, y siempre buscaba como provocar para armar peleas, pero hasta que el sacerdote Miguel Alvarado le llamó la atención, dejó de fastidiar.


Fueron días y años de Salesiano, muy bonitos, aprendí cosas interesantes. Con Agustín T., éste se hizo “amigo mío” era alumno que cursaba el mismo nivel escolar que el guardia, pero desafortunadamente sus intenciones eran muy liberales, fumaba, tomaba licor, en fin, poco a poco fue penetrando hasta, que, es la fecha y aún no me explico, cómo caímos varios en sus redes.


Conforme el tiempo, hubieron veces, no entrabamos a clases y nos íbamos a fumar cigarrillos y tomar tragos de licor por el vertedero de la ciudad, ubicado en una calle árida, ni las moscas pasaban por ahí. Esto llegó a ser noticia en el Director y Consejero del Colegio, a mí nunca me llamaron la atención, pero, en varias ocasiones llegó a poner quejas el padre Miguel Alvarado a mi mamá: que si seguía así, me iban a expulsar. La cuestión es que, todo se calmó temporalmente.


La relojina, ya no era salirse de clases, era ir al antiguo Club Social de la ciudad a las fiestas, ahí tomábamos licor hasta amanecer, no peleábamos con nadie, pero poco a poco nos íbamos descomponiendo. Claro, el rendimiento académico era muy bajo, yo tenía media beca. Esas tales fiestas, no eran a cada rato una vez al mes o dos meses.


Recuerdo, que, mis amigos de colegio, de aula, hacían viajes a EE.UU., en este caso Danilo V., en determinada ocasión iba para los EE.UU., en intercambio de familia, y me expresó, que si a mí me gustaría ir.


-Y cómo es eso-le expresé-.


-Es que vos vas a los EE.UU., en tiempo de vacaciones y después la familia que te atendió, enviará a uno de sus familiares, para que vos lo atiendas, es decir, tu familia-se refirió Danilo-.


-Me gusta eso-le señalé-.


-Bueno, el padre Miguel y los otros sacerdotes harán el conecte -me respondió Danilo.- Pasó el tiempo y esto no se pudo realizar, porque motivos ajenos a la voluntad de mi familia.


El curso del tiempo prosiguió, los estudios igual. Y, recordando que, un día que no entré a clase, me fui al “bajadero playa de Monimbó”, ahí hay un lugar que se llama “Las Puertas del Cielo”, es algo precioso pasar por ahí, iba con el amigo que le decíamos “NAVAJO” éste jugaba fútbol, no estudiaba en el Salesiano, ahora (Q.E.P.D) Estando en la playa del bajadero de Monimbó, le dije, voy a nadar, me metí, yo no sabía flotar, solamente brasear, el asunto es que me meto e iba braseando y como a unos quince metros quise dar la vuelta, pero me hundí, me estaba ahogando, el amigo no hizo nada, ni se movió, no sé si se enteró que esteba en esa situación fatídica, yo iba rumbo hacia abajo, pero algo, que no se que pude ser me impulsó desde lo profundo del hundimiento que estaba, y así pude salir a flote. Esto lo atribuyo a qué Dios estuvo presente y me ayudó. Me salvé de chiripa.


Pasó ese instantes del tiempo, me expulsaron del colegio salesiano, claro la vida no terminaba ahí, seguía su rumbo. En ese entonces tengo apenas diecisiete años de edad, toda una vida por delante. Pero venía no sé si lo peor o mejor. Cuando salgo expulsado del colegio, por supuesto mi familia inconforme y los señalamientos eran severos, imparables.  Pero reaparece, un nuevo tiempo, que ni en sombra sabía que me iba a deparar. Hubo un viaje a Panamá, a Costa Rica, mi mamá, aceleró con mi hermano Amando (Q.E.P.D) a terminar de aprender “el arte del calzado”, y con otros amigos de la familia. Pero, siempre la vagancia, estaba de por medio, con otro aprendiz de zapatería-perico-nos fuimos camino al “Municipio de Tisma, las Flores” sobre el camino íbamos alegres cortando mangos, jocotes, al llegar a un lugar que le dicen “La Piedra” sobre el camino hay una enorme piedra, volví a ver hacia atrás y les dije, idiay hasta aquí llegó el camino, y logré observar que uno de los aprendices con cuchillo en mano me lo iba a enterrar en la espalda, no recuerdo qué pasó después, sólo sé que no sucedió nada. La vida siguió. 


Como ex-alumno del colegio salesiano, la mayoría  de las tardes llegaba a jugar fútbol o baloncesto. Pero, algo asombroso, todas las veces que asistía, los sacerdotes nunca me dijeron nada, más bien en lo de baloncesto el sacerdote Mario Madrid, y una que otras veces el sacerdote Miguel Alvarado jugaban conmigo  y a veces como contrincante, no había resentimiento, o algo por el estilo de parte de ellos, todo era normal como que nunca había pasado nada.


Y. Como el tiempo no se detiene, ingresé de nuevo al Instituto Nacional de mi ciudad, en el año 1975-1976 y en el año 1976 fui el capitán de la banda de guerra. Fue la primera banda en Nicaragua que tenía un poco más de 100 integrantes y mujeres.  Quienes gestionaron para que fuese el capitán fue: mi ex maestro de música don Alberto Gutiérrez Laguna (Q.E.P.D) y los músicos Weimar Serrano Caldera (Q.E.P.D) quién años después fue mi maestro de piano y mi primo hermano Gastón Núñez músico trompetista y Gregorio Saballos (Q.E.P.D) músico trompetista  Pero debido a intrigas de los egoístas, envidiosos dejé de ser el capitán, eso fue irrelevante, porque el tiempo continúo su psicorumbo. Aparecieron nuevos detalles, cosas de la vida, que iban dejando inmensas experiencias; varios viajes al exterior, Costa Rica, Panamá, México… Y así el tiempo, la vida en todas sus modalidades, estatus sigue, es interminable e indetenible.


Relato: La invitación social macabra*


Por un momento la máscara con que pretendía cubrirse el doctor corazón y su chofer, quedó pasmada, porque de súbito en el tiempo se captó la mueca de solemne agonía. Era un semblante regocijante con el rocío del viaje y la imperturbabilidad habitual, sin mostrar la más mínima perturbación en sus tonos de voces.


Aquella circunstancia, se perpetuó allá por el año 1995, el doctor me invitó fuéramos a la capital de Nicaragua Managua, a dar un paseo y tomarnos uno(s) refrescos, y degustar alguna comida. En lo absoluto sabía cuál era la verdadera pretensión de la invitación, ni en broma se me pasaba por la mente nada, sólo el de ir a pasear, el viaje estaba programado para un día miércoles. Acepté la invitación.


En el momento no supe porque se le ocurrió al doctor corazón semejante invitación, si es una persona lo mas pinche que existe sobre esta faz de la tierra. Pero, cabía en mi mente una incertidumbre que  oscilaba como péndulo, mi instinto no me arrojaba nada.  Abandonaba por momentos inminente situación en el recorrido laberintesco de las paredes de mi mente, solamente lograba percibir un hermoso viaje e invitación. Al fin, llegó el día del viaje a la capital. A las seis de la tarde llegó Silvio el chofer del doctor corazón a traerme.


-Licenciado Quinto, ya está listo-gritó desde el vehículo Silvio-.


-Claro, voy enseguida-le dije-. Salí y me introduje en el vehículo.


Silvio Arrancó. Primero fuimos a la gasolinera a echarle combustible al vehículo, después pasamos recogiendo al doctor. El doctor está listo, se olía un aroma de buen perfume. Se montó y el vehículo arrancó, en ese momento eran las seis y cuarenta y cinco minutos de la noche. Efectivamente, yo iba motivado, y cuando agarramos carretera, dialogando de todo. La carretera estaba árida, hacía un frío pasable, acompañado por el son de un vientecillo rítmico. Recuerdo que Silvio a la mitad del camino le metió el acelerador al vehículo y en un momento estábamos entrando a la capital, la cual estaba muy iluminada, se veía muy espléndida.


-Silvio, te acuerdas de la dirección-le expresó el doctor corazón-.


-Claro doctor, me extraña-respondió Silvio-. Yo sólo los escuchaba, pues era invitado y ellos sabían lo que hablaban. El vehículo se adentro en el corazón de Managua, hacía un poco de calor, observaba el ambiente desde el vehículo, no había más que hacer.


Prácticamente iba confiado. El asunto es que llegamos al destino. Era una casa, desde el vehículo se observaba unas mesas con sus sillas, poca gente, a lo sumo una mesa atendida.


-Bajemos-dijo el doctor-.


Nos salimos del vehículo, entramos a la casa, claro yo me imaginaba era un restaurante, esa apariencia daba. Nos sentamos, había música suave y unas jóvenes que nos volvían a ver. Llegó una de ellas. Recuerdo que le dije: señorita por favor puede servirme de previo un café. Me respondió, aquí no vendemos café, entonces tráigame una gaseosa-coca cola- tampoco vendemos, sólo cervezas.


Veía que el doctor y su chofer se ponían a reír. Me pareció en ese momento extraño todo eso. La joven se retiró. Entonces, el doctor me dijo: Bayardo aquí no es restaurante, es un ¡lugar de citas! En ese momento comprendí todo. Me puse arisco porque nunca me imaginé semejante cosa, pero me decía para mis adentros, que bandidos estos dos.


Como a los diez minutos se me sentó una joven, y me dijo: ven vamos al aposento. Eso terminó de sorprenderme, sólo le dije: espéreme, voy a la acera a tomar aire fresco, ya vengo. Me levanté y Silvio me siguió.


-Bayardo, tranquilo, es una broma, ya nos vamos -me expresó Silvio-.


-Bueno, pero abridme el vehículo para estar adentro-le respondí-. Dejó abierto el vehículo. Hacía un calor infernal, y ellos nunca salían, había pasado cuarenta y cinco minutos, hasta que aparecieron. Ya nos vamos Bayardo me expresaron-.


En el trayecto el doctor corazón me expresaba que eso lo había hecho como algo muy común, le respondí: No hay problema, no estoy molesto. En ese momento le dijo a Silvio pasemos por centro comercial "Camino de Oriente" para que comamos algo, en efecto así fue. Cenamos. En ese momento el tiempo había avanzado, eran las diez de la noche. El doctor pagó.


Bueno, al fin de regreso para nuestra ciudad natal Masaya. Pero que va, el doctor le dijo a Silvio: pasa por dónde están aquellas muchachas. Así fue. Y el colmo, el vehículo arrancó y en el mismo "Camino de Oriente" estaban esas muchachas, eran jóvenes bien vestidas aproximadamente entre quince y diecisiete años, abrigadas, sentadas en las aceras de ese lugar. Se aparcó el vehículo, nadie se bajó, ni habló nada. En mi caso, mentalmente me decía: que barbaridad estas muchachas, ahí esperando las lleven al motel y en efecto en ese instante un vehículo se detuvo y se llevó a una. El doctor sólo me quedó viendo. Ya, eran las once y media de la noche llegando al filo de la media noche. Se volvió a detener otro vehículo y se llevó a otra dama.


Silvio, vámonos dijo el doctor. Al fin, rumbo a Masaya, sobre el tiempo en carretera, los chiles del doctor y Silvio y de paso yo también…


Los años continuaron su psicorumbo con muchas novedades, costumbres de nunca acabar.

‘Colegio Salesiano y otros lugares’ y ‘La invitación social macabra’

Dos relatos cortos
Bayardo Quinto Núñez
lunes, 20 de marzo de 2023, 10:31 h (CET)

Colegio Salesiano y otros lugares


Esta breve historia, como muchas que les he relatado, son un o mi libro abierto. Para mí es un nuevo comienzo en el tiempo, y quizás, es parte del futuro de las nuevas generaciones. Habrán momentos, en el desplazamiento de su (s) lectura, que el lector tendrá que hacerse algunas imaginaciones, sopesar, que puedan ser adaptables y a lo mejor pueda ser útil para muchos y llenen este mundo de realidades y no de asuntos rebuscados, incongruentes que desembocan en disparates, que mas bien enredan.


El mundo tiene billones y billones interminables de cosas, casos que relatar, pohetizar, musicalizar, teatralizar, entre otras artes. La realidad circundante nos favorece todo, sólo está ahí para ser utilizada, no es necesario inventar el agua helada, ya todo esta inventado, solamente habría que ordenar desde ella misma, así de sencillo, ni es necesario ir al cielo en una escalera, sino veamos a los científicos, todo lo toman de la realidad que observan, pisan, tocan y después hacen una metamorfosis, de lo contrario nunca podrían hacer nada.


Es decir, los científicos son usurpadores, hurtan, explotan la realidad, que no es suya y ya, y quien los detiene, por supuesto que nadie. Eso mismo, puede hacerse con la cultura de las artes, tomando todas las experiencias de la realidad en que vivimos y la de los mismo científicos o ciencia y hacer lo nuestro. Lo que sucede, que ellos tienen los medios y nosotros apenas un lápiz, papel, un pincel, un instrumento musical y etc. Empero, aunque no se pueda tener todos los medios necesarios, siempre la filosofía de las artes hace  y va llenando espacios imborrables.


Veamos. El tiempo se contempló en el espejo difuso y posterior observó de soslayo el comedor y el reloj colgado en la pared. Inclusive, el espejo también observa todo, no se le escapa nada, en fin, eso así ha sido en todos los tiempos y seguirá siendo así, no existe variante, mucho menos dialéctica, solamente, que serán otras realidades en distintas épocas.


En ese instante, eran tiempos como cualquier otro, pero con sus novedades que saborear, del colegio salesiano en el año 1973, pero antes, tuve una travesía escolar por el Instituto Nacional de Masaya en el año 1969, 1970, 1972,  pero, debido a las vagancias de joven, pasaron tres años y nunca concluía el año en curso, hubieron otros matices que tampoco lo permitían, en fin, llegó el año 1973 y 1974, en esos años estudié en el Colegio Salesiano-Don Bosco-de mi ciudad natal Masaya Nicaragua.


En este colegio, además de estudiar esos dos años allí, aprendí  el deporte del baloncesto, por orientaciones del sacerdote Miguel Alvarado (Q.E.P.D)  Director del colegio, e ingresé a la banda de guerra. Fui conociendo algunos compañeros de clase y de otros aulas, había un alumno que estaba en un  año superior, le decían “el guardia”, a él yo no le caía bien, y siempre buscaba como provocar para armar peleas, pero hasta que el sacerdote Miguel Alvarado le llamó la atención, dejó de fastidiar.


Fueron días y años de Salesiano, muy bonitos, aprendí cosas interesantes. Con Agustín T., éste se hizo “amigo mío” era alumno que cursaba el mismo nivel escolar que el guardia, pero desafortunadamente sus intenciones eran muy liberales, fumaba, tomaba licor, en fin, poco a poco fue penetrando hasta, que, es la fecha y aún no me explico, cómo caímos varios en sus redes.


Conforme el tiempo, hubieron veces, no entrabamos a clases y nos íbamos a fumar cigarrillos y tomar tragos de licor por el vertedero de la ciudad, ubicado en una calle árida, ni las moscas pasaban por ahí. Esto llegó a ser noticia en el Director y Consejero del Colegio, a mí nunca me llamaron la atención, pero, en varias ocasiones llegó a poner quejas el padre Miguel Alvarado a mi mamá: que si seguía así, me iban a expulsar. La cuestión es que, todo se calmó temporalmente.


La relojina, ya no era salirse de clases, era ir al antiguo Club Social de la ciudad a las fiestas, ahí tomábamos licor hasta amanecer, no peleábamos con nadie, pero poco a poco nos íbamos descomponiendo. Claro, el rendimiento académico era muy bajo, yo tenía media beca. Esas tales fiestas, no eran a cada rato una vez al mes o dos meses.


Recuerdo, que, mis amigos de colegio, de aula, hacían viajes a EE.UU., en este caso Danilo V., en determinada ocasión iba para los EE.UU., en intercambio de familia, y me expresó, que si a mí me gustaría ir.


-Y cómo es eso-le expresé-.


-Es que vos vas a los EE.UU., en tiempo de vacaciones y después la familia que te atendió, enviará a uno de sus familiares, para que vos lo atiendas, es decir, tu familia-se refirió Danilo-.


-Me gusta eso-le señalé-.


-Bueno, el padre Miguel y los otros sacerdotes harán el conecte -me respondió Danilo.- Pasó el tiempo y esto no se pudo realizar, porque motivos ajenos a la voluntad de mi familia.


El curso del tiempo prosiguió, los estudios igual. Y, recordando que, un día que no entré a clase, me fui al “bajadero playa de Monimbó”, ahí hay un lugar que se llama “Las Puertas del Cielo”, es algo precioso pasar por ahí, iba con el amigo que le decíamos “NAVAJO” éste jugaba fútbol, no estudiaba en el Salesiano, ahora (Q.E.P.D) Estando en la playa del bajadero de Monimbó, le dije, voy a nadar, me metí, yo no sabía flotar, solamente brasear, el asunto es que me meto e iba braseando y como a unos quince metros quise dar la vuelta, pero me hundí, me estaba ahogando, el amigo no hizo nada, ni se movió, no sé si se enteró que esteba en esa situación fatídica, yo iba rumbo hacia abajo, pero algo, que no se que pude ser me impulsó desde lo profundo del hundimiento que estaba, y así pude salir a flote. Esto lo atribuyo a qué Dios estuvo presente y me ayudó. Me salvé de chiripa.


Pasó ese instantes del tiempo, me expulsaron del colegio salesiano, claro la vida no terminaba ahí, seguía su rumbo. En ese entonces tengo apenas diecisiete años de edad, toda una vida por delante. Pero venía no sé si lo peor o mejor. Cuando salgo expulsado del colegio, por supuesto mi familia inconforme y los señalamientos eran severos, imparables.  Pero reaparece, un nuevo tiempo, que ni en sombra sabía que me iba a deparar. Hubo un viaje a Panamá, a Costa Rica, mi mamá, aceleró con mi hermano Amando (Q.E.P.D) a terminar de aprender “el arte del calzado”, y con otros amigos de la familia. Pero, siempre la vagancia, estaba de por medio, con otro aprendiz de zapatería-perico-nos fuimos camino al “Municipio de Tisma, las Flores” sobre el camino íbamos alegres cortando mangos, jocotes, al llegar a un lugar que le dicen “La Piedra” sobre el camino hay una enorme piedra, volví a ver hacia atrás y les dije, idiay hasta aquí llegó el camino, y logré observar que uno de los aprendices con cuchillo en mano me lo iba a enterrar en la espalda, no recuerdo qué pasó después, sólo sé que no sucedió nada. La vida siguió. 


Como ex-alumno del colegio salesiano, la mayoría  de las tardes llegaba a jugar fútbol o baloncesto. Pero, algo asombroso, todas las veces que asistía, los sacerdotes nunca me dijeron nada, más bien en lo de baloncesto el sacerdote Mario Madrid, y una que otras veces el sacerdote Miguel Alvarado jugaban conmigo  y a veces como contrincante, no había resentimiento, o algo por el estilo de parte de ellos, todo era normal como que nunca había pasado nada.


Y. Como el tiempo no se detiene, ingresé de nuevo al Instituto Nacional de mi ciudad, en el año 1975-1976 y en el año 1976 fui el capitán de la banda de guerra. Fue la primera banda en Nicaragua que tenía un poco más de 100 integrantes y mujeres.  Quienes gestionaron para que fuese el capitán fue: mi ex maestro de música don Alberto Gutiérrez Laguna (Q.E.P.D) y los músicos Weimar Serrano Caldera (Q.E.P.D) quién años después fue mi maestro de piano y mi primo hermano Gastón Núñez músico trompetista y Gregorio Saballos (Q.E.P.D) músico trompetista  Pero debido a intrigas de los egoístas, envidiosos dejé de ser el capitán, eso fue irrelevante, porque el tiempo continúo su psicorumbo. Aparecieron nuevos detalles, cosas de la vida, que iban dejando inmensas experiencias; varios viajes al exterior, Costa Rica, Panamá, México… Y así el tiempo, la vida en todas sus modalidades, estatus sigue, es interminable e indetenible.


Relato: La invitación social macabra*


Por un momento la máscara con que pretendía cubrirse el doctor corazón y su chofer, quedó pasmada, porque de súbito en el tiempo se captó la mueca de solemne agonía. Era un semblante regocijante con el rocío del viaje y la imperturbabilidad habitual, sin mostrar la más mínima perturbación en sus tonos de voces.


Aquella circunstancia, se perpetuó allá por el año 1995, el doctor me invitó fuéramos a la capital de Nicaragua Managua, a dar un paseo y tomarnos uno(s) refrescos, y degustar alguna comida. En lo absoluto sabía cuál era la verdadera pretensión de la invitación, ni en broma se me pasaba por la mente nada, sólo el de ir a pasear, el viaje estaba programado para un día miércoles. Acepté la invitación.


En el momento no supe porque se le ocurrió al doctor corazón semejante invitación, si es una persona lo mas pinche que existe sobre esta faz de la tierra. Pero, cabía en mi mente una incertidumbre que  oscilaba como péndulo, mi instinto no me arrojaba nada.  Abandonaba por momentos inminente situación en el recorrido laberintesco de las paredes de mi mente, solamente lograba percibir un hermoso viaje e invitación. Al fin, llegó el día del viaje a la capital. A las seis de la tarde llegó Silvio el chofer del doctor corazón a traerme.


-Licenciado Quinto, ya está listo-gritó desde el vehículo Silvio-.


-Claro, voy enseguida-le dije-. Salí y me introduje en el vehículo.


Silvio Arrancó. Primero fuimos a la gasolinera a echarle combustible al vehículo, después pasamos recogiendo al doctor. El doctor está listo, se olía un aroma de buen perfume. Se montó y el vehículo arrancó, en ese momento eran las seis y cuarenta y cinco minutos de la noche. Efectivamente, yo iba motivado, y cuando agarramos carretera, dialogando de todo. La carretera estaba árida, hacía un frío pasable, acompañado por el son de un vientecillo rítmico. Recuerdo que Silvio a la mitad del camino le metió el acelerador al vehículo y en un momento estábamos entrando a la capital, la cual estaba muy iluminada, se veía muy espléndida.


-Silvio, te acuerdas de la dirección-le expresó el doctor corazón-.


-Claro doctor, me extraña-respondió Silvio-. Yo sólo los escuchaba, pues era invitado y ellos sabían lo que hablaban. El vehículo se adentro en el corazón de Managua, hacía un poco de calor, observaba el ambiente desde el vehículo, no había más que hacer.


Prácticamente iba confiado. El asunto es que llegamos al destino. Era una casa, desde el vehículo se observaba unas mesas con sus sillas, poca gente, a lo sumo una mesa atendida.


-Bajemos-dijo el doctor-.


Nos salimos del vehículo, entramos a la casa, claro yo me imaginaba era un restaurante, esa apariencia daba. Nos sentamos, había música suave y unas jóvenes que nos volvían a ver. Llegó una de ellas. Recuerdo que le dije: señorita por favor puede servirme de previo un café. Me respondió, aquí no vendemos café, entonces tráigame una gaseosa-coca cola- tampoco vendemos, sólo cervezas.


Veía que el doctor y su chofer se ponían a reír. Me pareció en ese momento extraño todo eso. La joven se retiró. Entonces, el doctor me dijo: Bayardo aquí no es restaurante, es un ¡lugar de citas! En ese momento comprendí todo. Me puse arisco porque nunca me imaginé semejante cosa, pero me decía para mis adentros, que bandidos estos dos.


Como a los diez minutos se me sentó una joven, y me dijo: ven vamos al aposento. Eso terminó de sorprenderme, sólo le dije: espéreme, voy a la acera a tomar aire fresco, ya vengo. Me levanté y Silvio me siguió.


-Bayardo, tranquilo, es una broma, ya nos vamos -me expresó Silvio-.


-Bueno, pero abridme el vehículo para estar adentro-le respondí-. Dejó abierto el vehículo. Hacía un calor infernal, y ellos nunca salían, había pasado cuarenta y cinco minutos, hasta que aparecieron. Ya nos vamos Bayardo me expresaron-.


En el trayecto el doctor corazón me expresaba que eso lo había hecho como algo muy común, le respondí: No hay problema, no estoy molesto. En ese momento le dijo a Silvio pasemos por centro comercial "Camino de Oriente" para que comamos algo, en efecto así fue. Cenamos. En ese momento el tiempo había avanzado, eran las diez de la noche. El doctor pagó.


Bueno, al fin de regreso para nuestra ciudad natal Masaya. Pero que va, el doctor le dijo a Silvio: pasa por dónde están aquellas muchachas. Así fue. Y el colmo, el vehículo arrancó y en el mismo "Camino de Oriente" estaban esas muchachas, eran jóvenes bien vestidas aproximadamente entre quince y diecisiete años, abrigadas, sentadas en las aceras de ese lugar. Se aparcó el vehículo, nadie se bajó, ni habló nada. En mi caso, mentalmente me decía: que barbaridad estas muchachas, ahí esperando las lleven al motel y en efecto en ese instante un vehículo se detuvo y se llevó a una. El doctor sólo me quedó viendo. Ya, eran las once y media de la noche llegando al filo de la media noche. Se volvió a detener otro vehículo y se llevó a otra dama.


Silvio, vámonos dijo el doctor. Al fin, rumbo a Masaya, sobre el tiempo en carretera, los chiles del doctor y Silvio y de paso yo también…


Los años continuaron su psicorumbo con muchas novedades, costumbres de nunca acabar.

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