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Etiquetas:   Palabra   Comportamientos sociales   Civismo   Educación   Padres   Hijos  

Incivismo

Lo que importa no es la cantidad de conocimientos, sino su cualidad. Se pueden conocer muchas cosas desconociendo lo que es más importante
Octavi Pereña
lunes, 10 de octubre de 2022, 09:33 h (CET)

“Los profesores y los centros educativos son conscientes del problema y hacen todo lo posible para que nadie se sienta discriminado, pero no es fácil. La maldad es una cosa íntima en algunos individuos, y se manifiesta de la peor manera y muy pronto. ¿Y los padres? ¿Realmente son conscientes del problema? Solamente se necesita pasar por un partido de futbol de chavales para darse cuenta del comportamiento de algunos de ellos que insultan como si nada. Y dan un ejemplo vergonzoso a sus hijos. No busquemos culpables demasiado lejos. El problema se encuentra también en su casa y, por lo tanto la solución se tendrá que encontrar en el hogar. Denunciemos el acoso como lo ha hecho el hermano de Izan, no dejemos pasar los abusos y la persecución al que tenemos al lado. No pensemos que esto no nos afecta, que es un problema de los otros. Tal vez lo tengamos más cerca de lo que nos imaginamos. Tal vez entonces será tarde. Estemos atentos”, (Josep Pedrerol).


A pesar de que el texto citado se refiere al acoso que sufrió el hermano de Izan que lo llevó al suicidio, nos referiremos a la responsabilidad que tienen los padres de enseñar las cosas más importantes a los hijos. La Biblia, especialmente el libro de Proverbios enfatizan la responsabilidad que tienen los padres de educar a sus hijos. Destacaré el texto de Deuteronomio 6: 4-9): “Oye, Israel: El Señor tu Dios es uno. Y amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con todas tus fuerzas. Y estas cosas que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón, y las repetirás a tus hijos, y las hablarás con ellos estando en tu casa y andando por el camino, y al acostarte, y cuando te levantes. Y las atarás como señal en tu mano, y estarán como frontales entre tus ojos, y las escribirás en los postes de tu casa, y en tus puertas”. 


Debido a la mentalidad laica de nuestros días este texto citado se le considera arcaico, pero nos enseña que las cosas más importantes tienen que ocupar un lugar preferente en la educación de los hijos. Josep Pedrerol nos invita a que vayamos a ver un partido de futbol de chavales para que nos demos cuenta del comportamiento indigno de algunos padres. El caso al que se refiere el escritor es uno concreto de padres que no se comportan como buenos educadores de sus hijos. Pero el incivismo paterno no solo se manifiesta en los campos de futbol en los que juegan los hijos. Si el laicismo no contribuye a formar una sociedad educada que se comporta como civilizada, será conveniente que abandonemos el laicismo y prejuicios y nos tomemos seriamente que Dios controla del todo la creación y que darle la espalda nos conduce a la tragedia social que nuestros ojos contemplan.


Para que este cambio de mentalidad pueda darse, previamente es necesario que se dé un cambio en el corazón: “Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu” (Romanos 8: 1). El apóstol expone dos maneras de vivir: Una según la carme que es cómo se vivía antes de convertirse a Cristo y que el apóstol describe: “Adulterio, fornicación, impureza lascivia, brujería, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones herejías, envidias, homicidios, borracheras, orgías, y cosas semejantes a estas, acerca de las cuales os amonesto, como ya os he dicho antes, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios” (Gálatas 5: 19,20). ¿Estas características de vivir según la carne no son las que contemplamos a diario? El tiempo transcurre y el comportamiento humano no ha cambiado desde el inicio de la historia. Actuales son las palabras del profeta Jeremías: “¿Mudará el etíope su piel, y el leopardo sus manchas? Así también, ¿podéis vosotros hacer el bien, estando habituados a hacer el mal?” (Jeremías 12: 23). Jesús, que además de Salvador es el Maestro por excelencia, dice: “Oh haced el árbol bueno, y su fruto bueno, oh haced el árbol malo, y su fruto malo, porque por el fruto se conoce el árbol” (Mateo 12: 33).


La segunda manera de vivir que expone el apóstol es: “conforme al Espíritu”. El Espíritu la tercera Persona de la Trinidad es quien hace bueno al árbol malo. Por esta razón el fruto que da el árbol bueno es: “Amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza” (Gálatas 5:22, 23).


En el texto transcrito de Josep Pedrerol, después de denunciar el comportamiento incívico de algunos padres, escribe: "No pensemos que esto no nos afecta, que es un problema de los otros, que no va con nosotros. Quizás lo tengamos más cerca de lo que nos imaginamos. Tal vez entonces será tarde. Estemos atentos”. Sí, padres, aun tenéis la oportunidad de dejar de comportaros como padres carnales para convertiros en padres que por andar  según el Espíritu os habéis convertido en árboles buenos que dan buen fruto. Este cambio únicamente se producirá si sois conscientes que hoy sois árbol malo que da malos frutos y por la fe creéis que Jesús es vuestro Salvador os convertiréis en árbol bueno que da fruto bueno. Os tomareis seriamente la responsabilidad de instruir a vuestros hijos en el temor del Señor. Si esta meta se consigue, tanto vosotros como vuestros hijos os transformareis en personas cívicas que contribuirán a purificar el ambiente tan cargado de toxinas.

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