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Señora Montero, deje su moralina sexista y presente la dimisión

“La integridad es la base sobre la que todos los otros valores están construidos”, Brian Tracy
Miguel Massanet
sábado, 24 de septiembre de 2022, 11:25 h (CET)

Cuando una persona que, por añadidura, ostenta un cargo público asignado a dedo por meros motivos políticos y de interés electoral, como es el caso de la señora Irene Montero, esposa del ya retirado líder comunista, señor Pablo Iglesias, no es capaz de controlarse, de sujetar sus instintos primarios, de reflexionar sobre sus declaraciones y de entender que, una cosa es ostentar un cargo público de responsabilidad y otra es ser una activista del frente popular con ideas radicales sobre cuestiones tan importantes y de tanta trascendencia como es la de preservar a la infancia de cualquier intento de politizarla, inculcándole ideas sexistas para las que no está todavía preparada y, lo que aún resulta más criticable, influir en ella con la evidente intención de irrumpir, como elefante en cacharrería, en una mente infantil que, por su edad, todavía puede ser dirigida, orientada y mediatizada con facilidad, en un sentido que la puede dejar marcada y dañada para toda su vida. 


La señora Montero con sus declaraciones no hace más que incurrir en uno de los más repugnantes intentos de interferir en la educación de una juventud incapaz, por si sola, de entender, analizar, sacar conclusiones y defenderse de aquellos experimentos malignos destinados a pervertirla, adoctrinarla, confundirla y encaminarla por derroteros que la induzcan al vicio, al descarrío moral y a lo que, en román paladino, se entiende como corrupción de menores un delito específicamente recogido en el  artº 189.3 del CP español.


En cualquier otro país civilizado de nuestro entorno, por motivos infinitamente menos graves, cualquier ministro habría presentado su dimisión, sin esperar a que fueran sus oponentes políticos o los miembros de su propio partido quienes le obligaran a ello. Pero estamos, no lo olviden, en un régimen cercano a lo que se podría denominar una dictadura de hecho, en la que el Gobierno en pleno está dedicado a intentar salvar esta legislatura por los medios que fueren, sin parar mientes en si las medidas que toma, los procedimientos a los que recurre, las actuaciones y la propaganda que emite, son los que precisaría España para afrontar los graves problemas que se nos vienen encima, no sólo debidos a nuestras propias dificultades económicas, energéticas, sociales, financieras y de orden industrial, sino por otras circunstancias derivadas de nuestro entorno europeo y de los fallos de nuestro presidente a la hora de elegir los amigos entre las naciones con las que nos relacionamos, económica e industrialmente que, como ha sucedido con el caso de Argelia, nos han puesto en una situación evidentemente incómoda en cuanto a los suministros de gas que hemos estado recibiendo de la nación africana.


En todo caso, en el parrafito en cuestión con el que nos obsequió la señora ministra de Igualdad hay algunos, no se si se los podrían considerar como gazapos, pero sí dignos de ser tenidos en cuenta. Dice el escrito en cuestión, sic: ”Todos los niños, las niñas y los niñes de este país tienen derecho a tener elaciones sexuales con quien les dé la gana” Esta es la transcripción exacta, recogida en los videos, de las palabras que después en un torpe intento de salvar la cara, todavía la señora Montero ha acabado de estropear, intentando culpar a la derecha, ¿de qué no es culpable este partido de la oposición, para los socialistas?, de lo que sólo le corresponde a ella misma por su verborrea política, su cerrilismo intelectual y su falta de contención cuando se expresa en público. Lo dicho, señora ministra, dicho está y ya no tiene remedio ni existen medios humanos para evitar que este lapsus intelectual corra por todos los ámbitos de la nación española. El señor Sánchez, seguramente está muy satisfecho del favor que le acaba de hacer a su partido que, de momento, sigue siendo garante de lo que sus ministros dicen.


Yo lo que les pediría a estos comunistas bolivarianos que nos explicaran a los españoles a qué tipo de seres se refieren cuando hablan de “niñes”. No estaría mal que la señora ministra nos aclarara algo sobre este neologismo que se han sacado de la manga las izquierdas, pero que no existe ni se ha encontrado una definición clara y lo suficientemente razonada para semejante término, estúpido y fuera de lugar. Hay niños, claramente diferenciados físicamente del otro sexo, que corresponde a las niñas, sobre los que no hay discusión alguna a la hora de identificarlos. Pero ¿qué son niñes? ¿De qué clase de criaturas estamos hablando? Evidentemente no son hermafroditas, porque desde hace muchos años están identificados, ni transexuales, moderno término para justificar uno de los cambios de sexo más absurdos que se han inventados los progres; tampoco por sus pocos años, su escaso conocimiento de sus instintos sexuales, que pueden variar con suma facilidad dentro de la misma niñez y su falta de madurez que les impide poder actuar por sí mismos y precisan el apoyo de los padres o del tutor judicial para defender sus derechos civiles y personales.


Cuando un mísero mortal, una señora que sí puede presumir de comunista; de propietaria de un gran casoplón en un lugar privilegiado de los ricos madrileños; de haber sido enchufada por su marido en el gobierno de coalición; de antigua activista antisistema y con un concepto de la moral muy sui géneris;  pero que carece de un currículum adecuado, ya que sus estudios se reducen a psicología lo que, evidentemente, cuando se trata de elegir a una persona con la necesaria y exigible preparación para ocupar un ministerio, resulta ridículamente insuficiente ya que, tampoco en el ejercicio de su carrera parece que haya estado trabajando en el sector privado,un tipo de trabajo que le podría haber proporcionado una cierta experiencia de lo que es la actividad privada dentro de un país. Lo que sucede es que, sus continuos patinazos, su evidente incapacidad para administrar los 22.000 millones que su ministerio recibió para subvencionar sus actividades, su conocida disposición a tomar decisiones favorables a sus amigos correligionarios etc. hacen que, las prevenciones que pudiera existir en cuanto a su discutida idoneidad para el cargo, dejen de ser meras conjeturas para convertirse en evidencias que indican que, el señor Sánchez, debería tomar la decisión inmediata de apartarla de su ministerio y enviarla a su casa, a cuidar de sus tres hijos.


Y un breve comentario respecto a la otra señora Montero, la ministra de Hacienda, muy activa cuando se trata de ir atornillando a los españoles a base de ir aumentando los impuestos. Ahora toca una medida de cara a la galería, de estas que sirven para satisfacer a los millones de envidiosos que hay en nuestra nación pero que, en realidad,no se trata más de lo que se denomina vulgarmente “el chocolate del loro”. A bombo y platillo se anuncia por el gobierno socio-comunista la aplicación, a partir de 1923, de un impuesto específico para las grandes fortunas. Temblemos ante este inconcreto enunciado porque, los que militamos en esta franja tan poco definida como son los profesionales, tenderos, pequeños artesanos y comercios de esta nación sabemos positivamente, que cuando se anuncia un incremento de impuestos para “ricos” los que acaban pagando menos son, precisamente, “las grandes fortunas” y los paganos acabamos siendo lo que se conoce como la sufrida clase media. ¿Es que son tan tontos, tan faltos de conocimientos, tan inocentes y desconocedores de lo que ha sucedido en aquellos casos en los que gobiernos de izquierdas han intentado acabar con los ricos? 


Pues es evidente que quienes dirigen esta nación están dispuestos a cometer, una vez más, la insensatez de creerse que las “grandes fortunas” las que de verdad se pueden considerar como tales, estarán esperando tranquilamente, impasibles, sin moverse que el Gobierno meta sus garras en sus patrimonios, están de nuevo y por enésima vez equivocados. En primer lugar, porque alguna de estas fortunas, por si sola, es capaz de hacer tambalear al mismo gobierno. En segundo lugar, porque pueden con suma facilidad trasladar su domicilio social a otros puntos del globo (recuerden las 4.000 empresas que abandonaron Barcelona con motivo de las aspiraciones independentistas de los catalanes) y, finalmente no deben dejar de considerar que la marcha a otra nación de una multinacional acaba repercutiendo muy negativamente en las plantillas de dichas empresas que son las que sufren directamente los efectos de tales cambios de localización.


O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, estamos viendo como un conflicto, como el ucraniano que todos pensábamos que la potencia rusa iba a resolver en unos pocos días, ya va por más de 200 sin que se vean otras perspectivas que no sean el enquistamiento de la guerra y, el posible agravamiento si, como viene diciendo, el señor Putín decidiera dar un paso más en el sentido de utilizar ojivas nucleares en la guerra contra los ucranianos. Recemos para que no sea así.

Y como colofón a lo dicho, una frase de Juvenal que nos invitará a pensar: “El primer castigo del culpable es que no podrá jamás ser absuelto por el tribunal de su conciencia”.

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