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​Alrededor de 19.000 niños y niñas forman parte hoy de grupos armados en Sudán del Sur

El impacto socioeconómico de la pandemia y el conflicto armado favorecen el reclutamiento de menores en los grupos armados
Redacción
@DiarioSigloXXI
viernes, 29 de julio de 2022, 13:58 h (CET)

Joseph Sudán del Sur 3


Ningún niño ni niña debería experimentar los horrores de la guerra, pero muchos lo hacen. En 2020, 450 millones de niños (uno de cada seis) vivían en contextos afectados por conflictos en el mundo. Sudán del Sur es uno de esos lugares donde alrededor de 19.000 niños y niñas forman parte de grupos armados.


Para analizar cómo llegan los menores a unirse a estos grupos armados, qué ocurre cuando forman parte de ellos, y cómo se libera a los niños y niñas y se les ayuda después World Vision ha realizado un nuevo estudio: “La crisis del hambre en Sudán del Sur: el impacto en los niños y niñas del conflicto armado”.


Cuando los niños y niñas se unen a los grupos armados son utilizados de diversas maneras: desde funciones de apoyo, como cocinar o hacer de porteadores, hasta la lucha activa, la colocación de minas o el espionaje, y las niñas son utilizadas con frecuencia con fines sexuales. Todos estos menores se han visto obligados a participar en acciones que les han causado importantes secuelas psicológicas años después.


La reintegración de los niños anteriormente asociados con las fuerzas armadas o los grupos armados en sus familias y comunidades es un paso crucial para su bienestar y ayuda a prevenir un nuevo reclutamiento. World Vision trabaja desde hace años en la reintegración en Sudán del Sur, donde ha ayudado ya a más de 700 niñas y niños a reunirse con sus familias y reintegrarse en sus comunidades.


Todo ello con el apoyo de trabajadores sociales cualificados, asesoramiento personalizado y apoyo psicosocial para niños y niñas supervivientes de violencia sexual, apoyando su incorporación a la educación primaria y secundaria. Los niños y niñas más mayores también reciben formación profesional para el futuro.


Las cifras no tienen rostro; pongámosles nombres


Cuando se habla de 19.000 niños y niñas, víctimas de una tragedia y víctimas de la violencia estamos hablando de personas, de jóvenes y de niños y niñas. Se usan seudónimos para proteger su identidad, pero sus experiencias reales son relatadas y pueden ser representativas de las experiencias vividas por algunos de los niños y niñas que aún participan en los grupos armados de Sudán del Sur.


Joseph, fue uno de estos niños. En 2016, cuando tenía 11 años, un grupo armado lo secuestró de camino a la casa de su tía en el estado de Equatoria Occidental, en Sudán del Sur. “Estábamos caminando por la calle cuando nos secuestraron, pero dejaron atrás a mis dos hermanos menores”. Joseph experimentó terror a una edad temprana debido a este incidente. “Me obligaron a portar armas durante las operaciones, a buscar agua y comida, y a lavar la ropa del comandante. Me golpeaban cada vez que me resistía. Pero mi peor experiencia fue ver morir gente en mi presencia”.

Después de varios meses, Joseph y otros dos niños escaparon de noche mientras los comandantes dormían. “Mi padre me mantuvo en casa durante todo un año pensando que vendrían y me llevarían de vuelta”.


World Vision advierte de que el impacto socioeconómico de la pandemia y el conflicto armado favorecen el reclutamiento de niños y niñas en los grupos armados. Por ello, la ONG está firmemente comprometida en la reintegración de los niños anteriormente asociados a los grupos armados, ayudando a los niños a volver a la escuela o a inscribirse en programas de formación profesional en los que se les proporciona lo necesario para iniciar un pequeño negocio.


Es el caso de los 92 niños que se han graduado en este mes de julio en el Estado de Equatoria Occidental (Sudán del Sur) en sastrería, carpintería, manipulación de metales, construcción y electricidad. Anthony es uno de ellos y ha realizado el curso de sastrería: “Después del proceso de reintegración cuando salimos del grupo armado, la comunidad no nos aceptó. Fui atacado por aquellos que perdieron familiares durante el conflicto. Esto creó miedo y ansiedad en la mayoría de nosotros. Estar en el centro de entrenamiento durante los últimos seis meses nos ha dado alivio y confianza”. 

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