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Opinión
Etiquetas:   Atentados   Francia  

Je Suis París

Josu Gómez Barrutia
domingo, 15 de noviembre de 2015, 10:25 h (CET)
Hoy todos nos sentimos parte del alma rota de la ciudad de la luz , de un París vacío y en el que las sirenas se hicieron banda sonora de una noche larga de cristales rotos y de sinrazón , esa que fue capaz de teñir de negro al país de la libertad ,la igualdad y la fraternidad. Sin lugar a dudas ,el atentado terrorista indiscriminado de los kamikazes parisinos recuerda mucho a la de aquellos trenes que en el año 2004 llenaron de dolor las calles y plazas de una España teñida por la sangre de la barbarie yihadista.

Es aquí en el dolor de compartir estos dramáticos episodios de esta nueva guerra del siglo XXI en donde todos los europeos nos sentimos unidos por los valores históricos de la Europa genuina ,esa que fundamentada en los pilares de las libertades y la defensa de los derechos humanos se fraguo tras la barbarie de la segunda guerra mundial. Pero el dolor fruto del terrorismo del Daesh no sólo es patrimonio europeo , es un sentimiento compartido por miles de personas que en países como Siria, Irak , Jordania, Libia o el Líbano sufren la barbarie inhumana de de las bombas y ejecuciones del Estado Islámico. Hombres, mujeres y niños inocentes que durante los últimos años han sufrido indefensos , invisibilizados en cierto modo por los medios de comunicación internacionales y sin la ayuda real de las democracias occidentales ante el terror de quienes hoy siembran en el corazón de Europa esa mismo sentimiento de indefensión y de la locura , la del asesinato indiscriminado de personas con el único objetivo de sembrar el miedo. No por menos, todas las vidas que fruto de esta nueva guerra que el yihadismo ha declarado a las democracias deberían valer lo mismo, la del Europeo y la del ciudadano sirio o iraquí.

Pero los hechos de hoy que hoy siembran el luto en Europa, no son más que las consecuencias del ayer, de las decisiones tomadas erróneamente cuando fruto de intereses económicos o particulares se decidió actuar tibiamente o en la mayoría de los casos no actuar ante realidades como las que durante años han desangrado como consecuencia del terrorismo a países como Libia , Siria o Irak entre otros.

Hoy la sangre inocente vertida en las calles de Paris y la crisis migratoria sin precedentes que vive Europa no vienen más a decirnos que Europa y las democracias occidentales deben de llevar a cabo una defensa coordinada y decidida de los derechos humanos y de las libertades en cualquier parte donde los mismos sean violentados por la sinrazón. Debe ser este el patrimonio intangible que debe unir a la humanidad frente a la guerra contra el odio y la sinrazón , pero esas medidas no sólo vendrán de la mano de actuaciones policiales o militares, sino de igual forma con políticas de apoyo en materia económica y de reforzamiento de las democracias y las libertades en aquellos países –europeos y no europeos- donde los radicales buscan su crecimiento y fortalecimiento ante el caldo de cultivo de la necesidad .

Decía Albert Einstein que cuando le preguntaron sobre algún arma capaz de contrarrestar el poder de la bomba atómica el sugirió que la mejor de todas ellas era la paz. Hoy la mejor arma que los demócratas tenemos frente a la sinrazón es la de la defensa de la democracia, esa que cuando falla y no es fuerte deja grietas para que la semilla del odio arraigue con fuerza.
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