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​El tiempo anónimo y dos visiones de la creación: la alejandrina y la otra

El tiempo anónimo, tu poemario publicado en 2018, tiene una doble visión en el proceso creativo
Redacción
@DiarioSigloXXI
domingo, 27 de febrero de 2022, 16:47 h (CET)

Alejandra Munguía Matamoros, poeta hondureña


Apreciada Alejandra Munguía Matamoros:

            

He leído tu poemario y debo felicitarte por el interés de escribir y publicar poesía. Siempre he creído que los docentes, profesores de Lengua y Literatura, deben ser poetas, músicos, pintores y escritores y publicar libros sobre literatura, educación y arte.


Pronto veré la combustión interna de la literatura, la medicina y la sicología en algunos de tus poemas, porque ejerces la docencia, la lengua y la literatura, la medicina y la sicología como parte de tu formación cultural y tu desempeño universitario en Honduras.


Tiempoanonimo, Alejandra Munguía

El tiempo anónimo, tu poemario publicado en 2018, tiene una doble visión en el proceso creativo que le impregnaste en su elaboración: el verso y la imagen tradicional, por un lado; la novedad y la búsqueda de la modernidad, por otro.


Como verás, soy anuente a que busquemos los elementos nuevos y sin nombres comunes, aunque tengamos que recurrir a los viejos esquemas para modernizarlos.La poesía es emoción espiritual y renovación del lenguaje para ofrecer una imagen novedosa.

            

Estas dos visiones de la creación literaria en tu obra tienen, a manera de ejemplos, dos textos sui géneris que compartiré con vos y con los lectores del diario para mayor claridad de lo que quiero decirte y sugerirte de tu poemario.


La poesía odia los viejos senderos, las vías y avenidas ya gastadas, los caminos ruinosos y sinuosos de la repetición y la tradición poética y literaria ya atravesada. El poema Oleaje de abril ilustra muy bien esta idea de la tradición en la poesía:


Oleaje de abril


El mar embravecido

de tu cuerpo

me hizo naufragar

en sus costas,

pese a las advertencias

de ¡Cuidado!

de mi guardia costera.


Tus brazos fueron olas

que me arrastraban

hacia adentro,

dibujando mi silueta

con la espuma ardiente

de tus besos.


Y en el momento final:

tu mar entró

entró en mi costa

con su fuerza viril:

me invadió con su oleaje…

Y en su ir y venir:

derramó sin tregua

su tempestad furiosa

en mi húmeda arena…

Una noche de abril.


Pese a que el poema gira en torno del rito del amor como una misa o un canto en el mar, usa imágenesmuy gastadas y ya conocidas. De entrada, el mar embravecido no es sino la imagen de Gustavo Adolfo Bécquer en sus Rimas y Leyendas. Desde ahí, el poema se le cae a mi yo lector en busca de novedad…


Todo lo que sigue, por muy hermoso que parezca, sigue esa línea repetida del amor y agua, de paciencia y bravura archiconocida por poetas y sus imágenes anteriores. Esa es la visión creadora a partir de la tradición y que poco aporta a la luz del poema de tu libro.


Pero el poema tiene algo más doloroso para mí… Tu yo lirico no asume el discurso activo a pesar de que su temple de ánimo oscila entre la melaza del cariño y el arrastrar de la corriente amorosa del momento y su ardor vivido en la experiencia y la conciencia.


Para mí es doloroso que tu hablante lírico sea pasivo y no reaccione a los nuevos tiempos y sea quien espere ser arrastrado por las corrientes de la mar embravecida. Si la mujer es poesía es por la capacidad de sus acciones. Según Piaget la inteligencia es capaz por las acciones.


Esta actitud del hablante pasivo es grave e inaceptable. Denota esa antigua conducta patriarcal de la mujer objeto. No. La mujer debe asumir su rol activo de la vida y las cosas. Más sin las cosas son la poesía y su construcción humana.

A mí me hubiera gustado leer, por ejemplo:


Oleaje de abril


El mar embravecido

de mi cuerpo

te hizo naufragar

en sus costas,

pese a las advertencias

de ¡cuidado!

de tu guardia costera.

           

Ahora bien, la poesía camina sobre la mar y sus aguas, porque la poesía no tiene caminos y se va por el lado que se le antoja y se le ocurre caminar o volar o saltar o emperifollar. La poesía se va entre veredas o por donde nadie la espera o ninguno la busca ni la mira.


Si hace eso, quiere ser buena poesía… Una poesía extraña y curiosa… buena. Una poesía más allá del concepto banal de poesía. Una poesía que no sabemos qué es, pero sabemos que es poesía. Se siente en las palabras y hasta en el modo de sentirla y de vivirla como un viernes.

            

Jorge Luis Borges, escribe: «Esto significa que sabemos qué es la poesía. Lo sabemos tan bien que no podemos definirla con otras palabras, como somos incapaces de definir el sabor del café, el color rojo o amarillo o el significado de la ira, el amor, el odio, el amanecer, el atardecer o el amor por nuestro país».

           

Algo de eso se observa en el poema Dicotomía convergente de tu poemario. La dicotomía es lo dividido o lo cortado en dos partes. Lo convergente es el encuentro de dos puntos: los ángulos, por ejemplo, son convergentes. Desde el título es un poema hermoso que no me recuerda nada de la poesía anterior. Este poema es Alejandra Munguía.


Dicotomía convergente


Freud y Beck,

dicotomía paralela

y a la vez convergente:

Beck, la razón;

Freud, el placer.

Y en el café de la mañana

solo consigo pensar:

¿Cómo hacían estos hombres

para conjugar su libertad?

        

Que un sicólogo y un músico se junten en el poema es hermoso y hasta capricho de las palabras. No solo es hermoso sino curioso por contraponerlos. Y más allá de la curiosidad me lleva a pensar en la libertad. Y así como todos los seres aspiramos a encontrar la libertad, el poema mismo tiene su propio afán de libertad e independencia.

           

Esa es la poesía que me gusta y te sugierosigás escribiendo para bien de las letras hondureñas y centroamericanas. La poesía no me lleva por la poesía mojada por los años ni por las ruinas que el tiempo produce. Si la poesía es buena y honda se cubre de los musgos.

Esa es la poesía que debe seguir tu poética: la poesía alejandrina. La poesía que se asoma con rostro fresco y nuevo y casi gentil en las palabras. La poesía con piernas nuevas y manos fuertes. La poesía que se peina a su gusto y antojo sin mirar a nadie. Sim grasa, como dice Chow.


Telica, León, Nicaragua, 12 de marzo de 2019 / 25 de febrero de 2022.


Pedro alfonso


Sobre el autor de este artículo

Pedro Alfonso Morales Ruiz (Telica, León, Nicaragua, 13 de mayo de 1960) es poeta, escritor, músico y profesor con licenciatura Lengua y Literatura y una maestría en Lengua y Literatura Hispánicas por la UNAN-León y Alcalá de Henares, España, y con una especialidad en Literatura para Niños y una licenciatura en Derecho. Ha publicado 2 novelas, 12 libros de cuentos, 8 libros de poesía, 5 libros de textos desde 2005, 5 caligrafías desde 2017, 5 libros de ensayos y 1 antología.

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