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El 2022 puede ser un año decisivo para nuestra democracia

Lamentamos que no salga alguna persona con arrestos suficientes para cantar las verdades que nos son vedadas por quienes tiene el poder absoluto
Miguel Massanet
jueves, 23 de diciembre de 2021, 09:07 h (CET)

“Se empieza por la idea de que el Estado debe dirigir todo; que es mejor que haya una corporación que dirija las cosas, y no que “todo quede abandonado al caos, o a circunstancia individuales” y se llega al nazismo o al comunismo, claro”, Jorge Luis Borges.


Que el año 2021 ha sido un año gafe no creo que haya nadie que se atreva a desmentirlo. Empezamos mal, pero estamos terminando peor, sin que nos quede el recurso, manido y conformista, de aquellos que juegan a la lotería navideña y como sucede a este cronista, no han sacado ni el reintegro, de hacer aquel comentario conformista: “al menos tenemos salud”. Porque, si en lo personal estamos resistiendo, lo que es cierto es que a nivel de la nación lo que está fallando estrepitosamente, con la reactivación del virus ómicron es, precisamente, el estado sanitario de muchos miles de españoles que se están contagiando de la enfermedad y que, con toda seguridad, estas fiestas que nos quedan por delante van a incrementar el número de contagios de una forma exagerada.


Lo que resulta más alarmante es comprobar que, la situación del país, no parece que haga que seamos optimistas respeto a las perspectivas para el 2022. Siempre, cuando llegan estas fechas, los españoles acostumbramos a reflexionar respecto a lo que nos ha sucedido a lo largo del ejercicio y hacemos planes, siempre esperando mejorar, prometiéndonos hacer más ejercicio, evitar (siempre para pasadas las fiestas) los abusos en la comida e iniciar una dieta de adelgazamiento, moderar nuestros gastos, mejorar nuestras relaciones y dedicar más tiempo a la lectura. Sin embargo, debemos reconocer que el panorama político, social, económico y la unidad de la nación española, puesta en entredicho por este separatismo provinciano de Cataluña y el País Vasco, no es el más adecuado para que tengamos el sosiego, laentereza, la serenidad y la objetividad para enfrentarnos a las amenazas, cada vez más evidentes e inmediatas, de que España entre en una nueva fase de grave enfrentamiento entre los españoles, motivada por esta campaña desatada desde el Gobierno y las izquierdas que lo mantienen en el poder, mediante la cual quieren eliminar toda oposición para establecer un nuevo régimen político, mediante la supresión de la Constitución y la implantación de un sistema autoritario, autocrático y totalitario; según podríamos deducir de la actitud totalitaria del presidente, Pedro Sánchez.


Pero, donde se está produciendo un aumento imparable de la revolución separatista no, precisamente, por el aumento del número de catalanes que desearían la independencia de España (las últimas encuestas demuestran que van a la baja aquellos que la están pidiendo), sino a causa de que se están dando cuenta de que la juventud catalana cada vez se comunica menos en catalán y lo hace más en castellano. Han incurrido en uno de los errores que fue común en el caso de la Guerra Civil española, de pretender imponer al pueblo una lengua de una forma forzosa y mediante el castigo a aquellos que no la hablaban. Pasó con el catalán, pero ahora está sucediendo, con la manera autoritaria y excluyente con la que los soberanistas pretenden que desaparezca el castellano, una lengua que la habla más de la mitad del pueblo catalán; para imponer,manu militari, el expresarse en catalán y el obligar a los jóvenes estudiantes a tener que estudiar en un idioma que no es el vehicular que, habitualmente, utilizan en su familia.


La derecha representa el orden, el respeto por la Constitución, la defensa de la unión de la nación española, la negación de los privilegios entre distintas autonomías y la preservación del castellano como el idioma oficial preferente, que debe respetarse en toda la nación. Estas características han causado que, incluso los conservadores y las derechas catalanas, hayan hecho causa común con los soberanistas independentistas y las izquierdas revolucionarias, para impedir que regrese, al frente de la nación, un gobierno de derechas o centro-derecha.


Y hete aquí que la prensa adicta a las propuestas del independentismo catalán se esté volcando, yo diría que de una forma harto repelente y desvergonzada, en una campaña a cara de perro en contra del PP y de VOX, utilizando para ello la tergiversación de los hechos, la explotación de los más mínimos fallos, sembrando o intentando hacerlo, la semilla de la discordia para enfrentar a unos con otros dentro de los afiliados y directivos populares, la maledicencia, los insultos y las descalificaciones para contrarrestar las encuestas que daban ventaja electoral a las derechas frente a la coalición de las izquierdas, lo que les ha obligado a poner en marcha su enorme capacidad propagandística.


Y uno no puede menos que asombrarse al ver lo que algunos periodistas dicen, con toda la cara dura del mundo, cosas que no solo no son ciertas, sino que pretenden calificarlas desde el punto de vista de sus ideas políticas, sin entender que, precisamente, lo que ellos critican y descalifican es lo que quieren que se defienda desde la óptica de los conservadores españoles.


El periodista de La Vanguardia (este periódico, en manos de directores vendidos íntegramente a la causa secesionista, que han convertido a este medio en un panfleto indecente de apoyo, servilismo y supeditación a quienes le están financiando económicamente, para que pueda seguir resistiendo) Norbert Bilbeni desde su artículo “¿Qué le pasa a la Derecha” pretende corregir la forma en la que Casado ¡por fin! está actuando en el Congreso de diputados; porque entiende que debería ser más moderado, atender a las pretensiones de los catalanes cuando piden la independencia y el uso exclusivo, en Cataluña, del catalán.


No entiende, el miope, que precisamente esto es lo que quieren todos los españoles que aman a España y que no aceptan que una parte menor, la comunidad catalana, pretendan imponer sus criterios al resto de la nación. Y, por añadidura, lo hagan de mala forma, con insultos, con desprecios y con altanería. Para este señor que se cree un experto en lo que conviene o no al PP, cuando dice: “hay algo peor que faltar al Estado de derecho y es obstruir la separación entre los poderes, legislativo, judicial y ejecutivo”, le convendría que, antes de escribir pensara en lo que va a decir. Nos preguntamos lo que este individuo entiende que es el Estado de derecho en un país. Es que no existe la diferencia, que el pretende establecer, entre el Estado de derecho y la separación de poderes, porque lo uno implica lo otro y la Constitución es la que establece lo que deberá ser el Estado de derecho y la separación entre los poderes que enumera y que ya Montesquieu había definido como tales.


Acaso ¿pretendería el señor Bilben que la derecha apoyara al señor Pedro Sánchez que, evidentemente, ha dejado de creer en la separación de los tres poderes, cuando ha nombrado a una fiscal general, que había sido ministra de su gobierno y que está obligando a los fiscales a obedecer sus órdenes sin discusión? ¿respetan los socialistas y Unidas Podemos las sentencias de los tribunales o se están dedicando a desacreditar a los jueces que no siguen sus consignas? Y cuando pone en duda el patriotismo de una derecha que “no da ejemplo ni infunde confianza en tiempos de tantos problemas para la gente”, ¿en qué estaría pensando? En primer lugar, vea lo que ocurre en Madrid, en Andalucía, en Murcia y en las autonomías en las que gobierna la derecha y vea los resultados que han venido cosechando en cuanto a la aceptación popular, pese a que, desde Cataluña, se empecinan en intentar desacreditar a la señora Ayuso en cada ocasión en que, desde el panfletario periódico en que escriben, la dirección lo estima oportuno.


Le recomendaría a este sujeto que mirase primero lo que está sucediendo en el Parlamento catalán, el desconcierto generalizado, la falta de sintonía de unos separatistas respecto a los otros, el descuido absoluto por los problemas reales de los ciudadanos y su obcecación por profundizar en el chantaje al Gobierno de la nación, sin que les importe un rábano que Cataluña se esté hundiendo económicamente, que las empresas importantes se marchen de ella, que Barcelona se haya convertido en el territorio de caza de la señora Colau, con sus ideas  cerriles yabsurdas sobre la propiedad privada y sus continuos fracasos ante los tribunales de Justicia. ¿De qué nos habla, cuando no tiene la decencia de primero reconocer los graves problemas del gobierno separatista que deben soportar los catalanes?


Prescindieron de la señora Raola, una activista desenfrenada y sectaria de la lucha contra España, pero, sin duda alguna, el repertorio de periodistas que sigue teniendo La Vanguardia, no cabe duda de que les basta y, yo diría, les sobra para defender lo que es indefendible, aunque ello suponga faltar a la verdad, mentir y contar cuentos chinos, que sólo se pueden creer los que no viven en esta comunidad, atenazados por el totalitarismo soberanista catalán.


O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, nos lamentamos que no salga alguna persona, con la capacidad suficiente y los conocimientos adecuados, para plantar cara, ya que no lo hacen las instituciones que tienen la obligación de velar por el cumplimiento de nuestras Constitución, con arrestos suficientes para cantar las verdades que hace tiempo nos son vedadas por quienes tiene el poder absoluto sobre todos nosotros.

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