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Escritor, docente, comunicador y emprendedor: Maximiliano Curcio

"Nos enfrentamos a un nuevo paradigma como humanidad, a un nuevo modelo y forma de comunicarnos. Me preocupa seriamente la masificación del individuo"
José Luis Ortiz
martes, 31 de agosto de 2021, 11:49 h (CET)

Es domingo y después haber llegado el sábado a Buenos Aires, he quedado con un hombre excepcional, escritor, relacionado con el cine y la música, columnista, comunicador y emprendedor que en 2016 creó “Espacio Cultural Siete Artes” un lugar dedicado a la docencia a distancia y que en 2018 ya creo y es Director de  la “Revista Siete Artes” y que está vinculado al mundo de las ondas en la que es  productor y conductor de  “Canal Siete Artes” desde 2019. En su haber dispone de más de veinte libros escritos y todos relacionados con grandes personajes de la cultura, la escena y la música.


Son las diez de la mañana y desde Yrigoyen Hipólito tomo el autobús 8ª que me deja en Paseo Colon Av… En menos de cinco minutos estoy en la Plaza Dorrego, me dirijo a Carlos Calvo y después a Defensa y enseguida me topo con la Plaza. Es el día del Mercado de Pulgas, y aunque con la pandemia está menos concurrido que de costumbre, muchos son los que buscan adquirir antigüedades. Enseguida distingo a Maximiliano de entre todos, nos presentamos y saludamos y decidimos hacer la entrevista en el Bar Dorrego, una institución con más de 140 años de vida y que es considerado Sitio de Interés Cultural.


Un hombre, agradable, inteligente y ante todo accesible y humilde, aun teniendo una amplia carrera profesional y de trabajo plagadas de éxitos. Eso lo enaltece.


Maximiliano

¿Puedes resumir como pasaste de la enseñanza con “Espacio Cultural Siete Artes” a la revista y a la radio y el mundo de las ondas?

Echando una mirada atrás, hoy puedo ver que mi carrera está compuesta de etapas. Considero que dediqué un tiempo bastante extenso a mi tarea como docente, pero claramente vivo persiguiendo nuevos rumbos. Puede que algunas circunstancias que implican desempeñarse en la docencia, dentro del panorama cultural que atraviesa nuestro país, haya coartado ciertos rumbos. Fue un período sumamente enriquecedor, pero sentí que era tiempo de regresar a mi actividad como comunicador. 


La labor docente me había pedido dedicación por completo, abocándome en la enseñanza e-learning y necesitaba volver a conectarme con mi parte creativa y escribir. Fundé la revista Siete Artes y estoy muy orgulloso de su permanencia en el medio. El mundo de la radio llegó luego. Siempre había sido una fantasía porque es un medio que adoro, simplemente no había tenido la oportunidad. Y en los últimos tres años he incursionado en diversos medios, ha sido un gran aprendizaje, un espacio de disfrute.


En el trasvase de la escritura de soportes analógicos a soportes digitales, ¿cuáles son los conflictos más relevantes que detectas (como escritor y como lector)? ¿Qué cambios que afecten a la escritura misma, al lenguaje, te interesan más?

Debemos asimilar los enormes cambios que sufre el ámbito literario en nuestros tiempos. Como ávido lector que soy, te diré que mi atenta mirada y apetito por aprender no cambia. Si me das a elegir, prefiero el formato tradicional del libro de papel, del cual soy un ferviente coleccionista. Adoro leer, es una gran conexión con mi esencia de eterno buscador. No agoto jamás mis ganas de conocer nuevos mundos y los libros son un compañero de viaje insustituible. Como escritor, prefiero editar libros en ambos formatos, mientras pueda. Si bien considero que el libro de papel tiene su encanto único, comprendo que la globalización del material literario y el acceso que tenemos a través de Internet, hace posible la proliferación del formato digital, inclusive llegando a lectores de todo el mundo. Aspecto que democratiza lo suficiente el contenido. El hecho que desde la escritura independiente, yo pueda llegar con mi obra a lectores de otros países es algo sumamente valioso.


¿Hay algún uso ligado a las nuevas tecnologías que te despierte desconfianza o preocupación?

Me preocupa el monopolio de las redes. Como comunicador y gestor de un medio cultural, representa un gran obstáculo lidiar con la ley del algoritmo. No es democrática la oferta de contenidos, visiblemente inclinada hacia los contenidos hegemónicos. En detrimento de la libertad de elección por parte del consumidor. No puedo más que indignarme cuando la ecuación prefiere sectorizar o cercenar a dar a elegir de modo más libre. Como comunicador, me genera inevitable desconfianza y una creciente sensación de injusticia.


Respecto a su estilo literario, métodos de escritura y abordajes temáticos, ¿en qué detectas en los escritores de tu edad la influencia de haber crecido en un mundo hiper-digitalizado?

Bueno, te diré que como comunicador y en el estricto sentido al que refieres, me condiciona bastante la búsqueda de llegar, a través de mis escritos, a un público de mi edad o incluso menor. Sigo prefiriendo los textos de largo aliento. Los ensayos con desarrollo y profundidad. Para lo cual se requiere tiempo de creación y tiempo de escritura. Hoy pareciera que ya nadie tiene tiempo para leer. Vivimos en la era de la instantaneidad. Saturados de estímulos visuales y consumismo pasatista. La moda es lo efímero, de manera que, como productor de material de lectura extenso, pienso que debo poner en práctica mis estrategias de comunicación para llamar la atención y conseguir que un oyente se quede escuchando hasta el final de la entrevista, o un lector pueda completar la lectura de un texto hasta el punto final. Pero sé que debo lidiar con la cultura que hemos hecho de la imagen. En el paradigma de hoy, una historia de Instagram te cuenta todo en cinco segundos. Y pareciera que no poseemos mayor margen de atención. Es francamente ridículo, pero ello no cambia mi método de escritura. Sigo siendo auténtico y creyendo en mis formas y contenidos.


Pasamos a una última tanda de preguntas más relacionadas con la enseñanza. Nos interesaría mucho que compartieses tus intuiciones, tus sensaciones, unos apuntes.

Guardo experiencias maravillosas. He aprendido mucho de mis mejores alumnos y creo que de eso se trata. La pedagogía es una aventura de dos. No puedo más que nutrirme de cada alumno. Sus inquietudes han completado mi saber y sus deseos de conocimiento han propulsado la esencia del acto de enseñar. Que no es más que una guía, un facilitador. No hay absolutismos ni jerarquías aquí. Es un acto recíproco. Y el estudiante logrará abrir tantas puertas como tu le ofrezcas. En lo personal, me gustaría que en mi país la enseñanza tenga otra consideración mayor. Pero, lamentablemente, la escala de valores que manejan nuestras instituciones gubernamentales a menudo la hace parecer un bien prescindible.


Cómo cronista y columnista deportivo, que puedes decirnos de esta nueva realidad que estamos viviendo y el futuro que se prevee cuando superemos esta pandemia.

Difícil saberlo. Evidentemente, nos enfrentamos a un nuevo paradigma como humanidad. A un nuevo modelo, a nuevas leyes y formas de comunicarnos. Me preocupa seriamente la masificación del individuo a la que vamos camino. Con motivo de la emergencia sanitaria, se nos han quitado ciertas libertades individuales que no veo que tengamos demasiado apuro en cuestionar. Veo a cierta porción de la sociedad adormecida. Y honestamente, me preocupa, me inquieta, me incomoda.


Quisiera que la libertad de atención y elección médica se nos sea devuelta. También la libertad de tránsito y la garantía de que actores culturales (músicos, actores) puedan desempeñar su arte y vivir de su oficio actuando en lugares públicos, bajo las normas de seguridad que nos protejan a todos. Que la vacuna como método de cura no sea una excusa para el control social ni aquellos que lucran con su negociado se conviertan en los piratas del siglo XXI. Quizás mi visión sea demasiado utópica y vayamos camino a un mundo distópico, cumpliendo la profecía de los maestros del sci-fi literario.


¿Has percibido alguna modificación en tu forma de pensar y estructurar un escrito al confrontar el recuerdo de tus tiempos de iniciación (imaginamos que próximos a las páginas de papel) y los actuales, en que inevitablemente nuestro tiempo de lectura y escritura se consume de forma creciente, por momentos de forma absoluta, en las que nosotros llamamos páginas-pantalla o páginas de luz?

Podría relacionar esta pregunta con lo que te contesté anteriormente, acerca del nuevo modelo de lector. No afecta en absoluto mi manera de encarar el oficio de escritor, al que sigo dedicándole muchísimas horas por día. Trato de no dispersarme con contenido vacuo ni prestar demasiada atención a la chatura, la banalidad y el vértigo que dominan hoy a nuestros medios. Me coloco en el lugar de lector y sigo queriendo escribir el mejor libro que me gustaría leer. Leer es un acto que nos da placer y cobijo, es un viaje a mundos impensados, es estimular la imaginación, es colocarse bajo la piel de personajes que, en tu vida cotidiana, no experimentarías jamás tal sensación. La pregunta es, ¿porqué deberíamos querer abandonarlo tan pronto?


Maximiliano 1

O/y, más en concreto, al igual que es un hecho demostrado lo profundamente que el cine —un arte híbrido y tecnológico por antonomasia, producto de lo que a principios del siglo XX se consideraba tecnología punta— ha afectado e influido en la novela, ¿en qué detalles concretos crees que estaría afectando e influyendo en las/los aficionadas/os a escribir en edad más temprana los nuevos recursos y rutinas de expresión y comunicación que dominan sus relaciones desde la infancia y adolescencia —chats, videojuegos en grupo, mensajería compulsiva y comunicación en redes, emoticones, escritura multimodal, etc…?

Es una pregunta sumamente interesante, porque pensar en una respuesta ayuda a visibilizar las nuevas formas de comunicarse y como estas se readaptan en otros medios. Por otra parte, es difícil de contestarte, ya que evaluar una transformación histórica que estamos viviendo en el preciso momento, sin la certeza sobre sus efectos que el propio paso del tiempo y su distancia otorga, nos podría precipítar a elaboraciones erróneas. Creo que de aquí a un par de generaciones adelante podremos evaluarlo mejor. De momento, si mencionas al cine y a la novela, su relación ha sido profusa. Desde comienzos del cine mismo, este ha utilizado a la novela como una gran dadora de historias. Ha sido una comunión inagotable. Y es interesante analizar los factores de libertad interpretativa o fidelidad al espíritu autoral, puestos en juego a la hora de transponer un texto. Hoy en día, los jóvenes que crecen consumiéndolo todo a través de una pantalla, creo que obtienen todo demasiado digerido, en detrimento de la capacidad de observación y directamente proporcional a la casi nula virtud de la atención. 


El cine comercial siempre ha existido, el problema es cuando el medio tecnológico conspira contra la idea. El cine en 3D puede ser un adelanto tecnológico que me sirva como soporte narrativo para contar una historia interesante. El problema es cuando no tengo historia para contar y el mismísimo efecto visual se convierte en el motivo de su empleo. Obtenemos contenidos en extremo vaciados de sentido. Y me preocupa la rapidez con la que se diseminan.


Dentro de todos tus libros publicados, ¿Cuáles son los que más han impactado y más te han marcado?

No podría inclinarme por uno o por otro. Cada una de mis criaturas literarias ha representado un estadio particular de mi escritura y me ha desafiado en distintos sentidos. Se trata de etapas, ciclos, motivaciones. Quiero a todas y cada una por igual. TheEnd fue mi debut literario, editando una antología de ensayos en nueve volúmenes sobre la historia del cine. Allí el desafío radicó en adaptar al presente textos que llevaban escritos más de una década, reescribiendo la mirada y volviéndolos actuales. Luego siguió Rockeros, mi primer abordaje literario-biográfico al mundo de la música. Así saldaba cuentas con mi otra pasión del periodismo cultural, rescatando la esencia de nueve artistas fundamentales. 


Luego continué mi camino con Rock de mi Vida, una saga de dos libros en donde incorporo material que quedara fuera de Rockeros. La estética que demandaron ambos libros y el sentido conceptual requirió un detallismo y una obsesión en su diseño francamente demandantes. Lo editamos en tiempo récord. Más tarde, vino Sentidos Revelados, mi primer gran ensayo sobre crítica de arte y procesos creativos. Me coloco como consumidor cultural e intento captar el alma de cada artista abordado. Un libro maldito que había escrito hace varios años y tardé en publicar más de la cuenta, pero logró encontrar su mejor forma de ser. Por último, 100 Grandes Directores de Cine, mi regreso a la escritura sobre cine luego de dos años. Es un libro que escribí en pandemia, de manera que tiene un sentido actual. Desafió mi capacidad de síntesis, y mi memoria emotiva, a la hora de vertebrar la injerencia de estos realizadores imprescindibles. Sigo buscando nuevos horizontes que rebasar desde la escritura.  A la fecha, tengo otros cuatro libros ya terminados, aguardando fecha de publicación.


¿Qué puedes decirnos de Enrique Bumbury, al que le has escrito una biografía y que es uno de los cantantes de Zaragoza, que ha destacado más a nivel mundial con su banda “Heroes del  Silencio”?

Enrique Bunbury es un artista al que guardo el mayor de los cariños y mi infinito respeto y admiración. Siempre recuerdo su gentileza de difundir y apreciar en sus redes una serie de coberturas sobre su obra que hice para mi medio, un gesto desinteresado y generoso, que muestra su transparencia y gratitud. 


Lo que puedo decirte acerca de su trayectoria es que si quieres conocer a un artista comprometido con el tiempo histórico en que le toca vivir, leas con atención las letras de Bunbury. Su profundidad filosófica y existencial nos habla a las claras de un artista inconformista y disidente, un libertario dispuesto a convertirse en una voz generacional. Eso lo convierte en un ejemplo a seguir.


Musicalmente, es un perenne experimentador sonoro que se supera disco a disco. El arco evolutivo que la carrera de Bunbury ha tomado bajo la propia autonomía de su obra es sencillamente magnífico. Tu mencionas su etapa en Héroes del Silencio, la cumbre de su masividad. Yo, en lo personal, prefiero su docena de discos solistas. Es el canon de rock en español. Es una voz inmaculada y una presencia sobre el escenario tan magnética y carismática que no tiene nada que envidiarle a sus mejores influencias, como Morrison, Elvis, Jagger o Bowie. Además, los años parecieran sentarle cada vez mejor, es un fenómeno sin fecha de vencimiento. 


El libro que escribí sobre Enrique se llama El Hombre Delgado y me da mucho gusto contarte que ha llegado a España casi como por acto de magia, a fieles seguidores de este emblema del rock internacional. Supongo que no abundan abordajes de este estilo y me lo han solicitado personalmente, un hecho en verdad emocionante. Ese tipo de regalos que hacen disfrutable y valedera a mi tarea como escritor. Mi libro de Bunbury en su natal ciudad de Zaragoza es mi mayor conquista como escritor, aunque no creo que él lo sepa.


¿Qué proyección a futuro te suscitan estas dinámicas —poner en manos de algoritmos y dispositivos de inteligencia artificial, es decir robots, los textos de los escritores humanos— si no consiguiésemos ponerles coto?

Algo al respecto de mi preocupación te comentaba tramos antes en nuestra charla. Me genera un gran interrogante y la sensación de que todo podría salirse de control más pronto que tarde. En el mundo estamos atravesando un momento muy delicado y es nuestro deber como artistas, como comunicadores, pronunciarnos. Estamos mirando el propio abismo de nuestra condición humana. Estamos a un paso de no tener camino de retorno. 


Se requieren actitudes valientes y drásticas para frenar el cambio climático y sus dramáticas consecuencias. Vamos camino a que el mundo que dejemos a las siguientes generaciones sea muy distinto al que nos fue legado. El hambre de poder, codicia y dominación ha superado todo límite ético y moral. Y estamos jugando con fuego. Lo mismo podría aplicarse al uso de la inteligencia artificial.  Me produce temor una conciencia no humana y total, las pruebas nos conducen a que hemos usado toda creación para la destrucción (pensemos en el peligro nuclear instalado desde la Segunda Guerra Mundial, hace relativamente poco en términos de historia). 


La ciencia tiene mucho de nuestro destino en sus manos. Es el precio que estamos dispuestos a pagar por nuestra evolución: queremos vida infinita, pero estamos agotando los recursos demasiado pronto. Las principales potencias mundiales continúan experimentando, a espaldas de la población, con robots de forma habitual. Es un real peligro cuando el ser humano puede jugar a ser Dios. Espero que la ambición no nos domine y no nos olvidemos del prójimo.

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