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Van por nosotros

Me siento agobiado por los diversos correos o llamadas telefónicas que recibo con el ánimo de timarme
Manuel Montes Cleries
jueves, 27 de mayo de 2021, 11:01 h (CET)

No se trata de un intento de “acongojarme” por parte de algún enemigo. Ni de peticiones de rescate tras una amenaza de secuestro. Se trata de “listos” que pretenden “limpiarte” las cuatro perras que tienes en tu cuenta corriente como fruto del trabajo de muchos años… o de tu modesta pensión.


Mi correo electrónico se llena cada día de “comunicados” falsos de entidades bancarias en las que nunca he tenido cuenta o, incluso, de aquella con la que opero. A veces me dicen que tengo que confirmar unos datos, otras que acabo de recibir una transferencia, etc.


Mi teléfono móvil recibe a diario mensajes de diversa procedencia y, a veces, me indican que he pagado un recibo de luz varias veces y que ¡¡me quieren devolver el dinero!!


Hay una serie de personas de diversas nacionalidades que “saben que soy buena gente” y quieren enviarme donaciones de miles de dólares para que yo las use a mi antojo.


Para terminar, cada día –siempre a lo largo de la sobremesa o de la maravillosa media hora de la siesta- me llaman por teléfono “tropecientas” compañías telefónicas o de seguros, ofreciéndome el oro y el moro si acepto sus maravillosas ofertas.


¡Ah, se me olvidaba! Gran parte de la tarde, la dedicamos mi sufrida esposa y yo mismo, a recoger paquetes, conteniendo compras por Internet, que nuestros queridos descendientes han domiciliado en nuestra casa “porque aquí no falta nunca alguien que los recoja”. Entre esa costumbre y que nos sobra sitio en la casa convertida en almacén familiar, he pasado a llamar mi hogar por lo bajinis como  “el xxx de la bernarda”.


A un servidor, que está bastante escamado por la llegada, a lo largo de mi dilatada vida, de notificaciones de multas de tráfico o de requerimientos de hacienda, cada llamada inesperada o el sonido del timbre de la puerta, le hace dar un vuelco el corazón temiéndose lo peor.


En fin, he optado por no abrir ni un correo, ni aceptar ninguna llamada, que no estén avaladas por el conocimiento del nombre y circunstancias del emisor del mismo. Así me evito sustos o contestaciones desabridas a los que se intentan conectar conmigo con aviesas o torcidas intenciones. Aunque peque de “esaborío”. 


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