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Opinión
Etiquetas:   Nazismo   Historia   Publicidad  

La propaganda nazi en nuestros días

El principio de la transposición consiste en cargar sobre el adversario los propios errores o defectos
Manuel Villegas
sábado, 17 de abril de 2021, 04:35 h (CET)

Goebbels posiblemente fue uno de los seres más siniestros y perniciosos del nefasto régimen de terror que gobernó en Alemania durante el periodo en que mandó Hitler y sus abominables secuaces.


Veamos cuales fueron los principios del jefe de la propaganda de tan execrable régimen y cómo parece ser que han vuelto a la vida y enmascarados se imponen en la actualidad.


Los rudimentos con los que intoxicaba al pueblo eran muy simplesy se valía de ellos para adormecer a las masas de tal manera que, como si estuviesen drogadas, no tuvieran capacidad de reacción ante los abominables crímenes que se cometían en nombre de la supremacía alemana.


Hoy en nuestra desventurada España se están reproduciendo, aunque no estemos en un régimen totalitario, pero falte poco para ello.


1.- Principio de simplificación y del enemigo único. Adoptar una única idea, un único Símbolo; Individualizar al adversario en un único enemigo.


Nuestro emperador de la mentira e indescriptible Presidente, engloba a sus oponentes políticos a quienes considera enemigos, en el grupo al que denomina Las Derechas a los que considera adversarios, no que disientan de sus ideas que considera únicas e irrepetibles.


2.- Principio del método de contagio. Reunir diversos adversarios en una sola categoría o individuo. Los adversarios han de constituirse en suma individualizada.


Para él, quienes no comparten sus ideas, son todos uno. Nadie puede discrepar de su opinión.


3.- Principio de la transposición. Cargar sobre el adversario los propios errores o defectos, respondiendo al ataque con el ataque. “Si no puedes negar las malas noticias, inventa otras que las distraigan”.


En esto no hay quien le iguale. La culpa la tienen los demás. Él es una especia de espíritu puro que jamás comete errores. Lo viene demostrando desde que consiguió la Presidencia de nuestro Gobierno.


Tendría que dedicar un extenso tiempo del que no dispongo para bucear en las hemerotecas y encontrar el enorme cúmulo de mentiras y falacias que ha perpetrado desde que nos gobierna que son las que a los españoles nos importan. De las que cometiese antes de ser nuestro Presidente, nos importan un bledo, aunque hayan sido incontables.


 Es único para dar “buenas noticias”, tanto que, como buen prestidigitador, se saca continuamente conejos de su chistera para ocultar sus errores y los de su Gabinete, con los que intenta embaucar al pueblo.


4.- Principio de la exageración y desfiguración. Convertir cualquier anécdota, por pequeña que sea, en amenaza grave.


Pocos podrán igualarle en la deformación y desfiguración de los hechos. Lo hemos comprobado desde que se inició la pandemia. Procura amedrantar a los españoles con un miedo que no existe, o es mínimo, de forma que el pueblo esté siempre temeroso de que se produzca una gran calamidad, así puede elaborar decretos leyes que solo a él y a sus conmilitones le favorezcan. Los españoles les importamos un adarme. Solo busca su medro personal y continuidad en el poder.


5.- Principio de la vulgarización. “Toda propaganda debe ser popular, adaptando su nivel al menos inteligente de los individuos a los que va dirigida. Cuanto más grande sea la masa a convencer, más pequeño ha de ser el esfuerzo mental a realizar. La capacidad receptiva de las masas es limitada y su comprensión escasa; además, tienen gran facilidad para olvidar”.


Como se considera un ser superior, minusvalora y desprecia al resto de los ciudadanos ya que está por encina de ellos, y piensa que las masas son ignorantes en sumo grado por lo que se pueden engañar con poco esfuerzo y mínima dedicación.


Una de las desgracias que nos acucian a los españoles es la falta de memoria y la facilidad para olvidar sus muchas mendacidades, por ello continuamente se está desdiciendo y cambiando de opinión y parecer continuamente, a sabiendas que los papamoscas que lo escuchan admitirán todo lo que les diga.


6.- Principio de orquestación. “La propaganda debe limitarse a un número pequeño de ideas y repetirlas incansablemente, presentadas una y otra vez desde diferentes perspectivas pero siempre convergiendo sobre el mismo concepto. Sin fisuras ni dudas”. De aquí viene también la famosa frase: “Si una mentira se repite suficientemente, acaba por convertirse en verdad”.


Pocos igualarán a este campeón de la mentira en la orquestación de su puestas en escena. Bombo, platillo y trompetería al máximo es de lo que se vale cuando se exhibe en las televisiones subvencionadas por él, para repetir machaconamente, en un giro continuo, las bondades de su pésima gestión de Gobierno, repitiendo hasta la saciedad las mismas vaguedades remachándolas un millón de veces para intentar convertirlas en verdades. Goebbels se hubiese maravillado por tener un discípulo tan aventajado.  


 7.- Principio de renovación. Hay que emitir constantemente informaciones y argumentos nuevos a un ritmo tal que cuando el adversario responda el público esté ya interesado en otra cosa. Las respuestas del adversario nunca han de poder contrarrestar el nivel creciente de acusaciones.


Nuestro príncipe de la mentira difunde ininterrumpidamente falsedades que se solapan unas sobre otras, de tal forma que no ha finalizado de emitir una cuando ya la está anulando con otra y otra, así hasta la saciedad.


8.- Principio de la verosimilitud. Construir argumentos a partir de fuentes diversas, a través de los llamados globos sonda o de informaciones fragmentarias.


Pocos le podrán igualar en esto. Tiene una pléyade de medios de comunicación a su servicio que le confeccionan lo que vulgarmente llamamos bulos para elaborar  falsedades que hace que parezcan verdades.


9.- Principio del silenciamiento. Acallar sobre las cuestiones sobre las que no se tienen argumentos y disimular las noticias que favorecen el adversario, también contraprogramando con la ayuda de medios de comunicación afines.


Incomparable en este principio, aunque es peor aún, pues cuando no tiene argumentos para apoyar una proposición se los inventa y anula los informes que puedan favorecer a sus enemigos políticos (para él no hay oponentes) de tal forma que hace que aparezcan como lo más nefasto y pernicioso que pueda existir sobre la tierra. Para esto le ayudan sobremanera los medios de comunicación que subvenciona a costa del dinero de los que contribuimos al sostenimiento del Estado con los excesivos impuestos que pagamos.


10.- Principio de la transfusión. Por regla general la propaganda opera siempre a partir de un sustrato preexistente, ya sea una mitología nacional o un complejo de odios y prejuicios tradicionales; se trata de difundir argumentos que puedan arraigar en actitudes primitivas.


¡Qué bien se le da este principio! Lo puso en práctica cuando el infame traslado de un cadáver, que bien muerto estaba, para satisfacer a la jauría de sus fieles podencos, sacando a relucir una momia que ya no significaba nada para los españoles, pues había, al menos una generación, que no la conocía y bastante poco que le importaba.


La Memoria histórica es lo más abominable y dañino que se ha podido poner en práctica. Solo ha servido para desenterrar y fomentar odios olvidados y volver otra vez, en maldita sea la hora, a la división de las dos Españas, pues ha removido los sentimientos más primitivos del ser humano, despertando el complejo-R, o cerebro reptiliano, que es el que inclina al ser humano a las acciones más abominables que pueda ejecutar.


11.- Principio de la unanimidad. Llegar a convencer a mucha gente que se piensa “como todo el mundo”, creando impresión de unanimidad.


Experto al máximo en embaucar a los bobalicones que aceptan sus mentiras a los que hace creer que todo el mundo las admite y está conforme con ellas.


Posiblemente en su máxima ignorancia no conozca estos once principios de la propaganda nazi, pero ¿y si los supiera y estamos sufriendo lo que ese régimen nefasto puso en práctica para que todo el mundo, al menos los alemanes, aceptaran sus malvadas ideas?

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