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Opinión
Etiquetas:   8M   Pedro Sánchez   Pablo Iglesias  

El enemigo lo tenemos dentro

La impresión de la ciudadanía era que los bueyes que veía eran muy malos para seguir arando y peores para prosperar
Jesús  Salamanca
lunes, 15 de marzo de 2021, 10:59 h (CET)

Llevamos un año que no ganamos para disgustos y sobresaltos. Por estas fechas ya se veía venir la permanente desavenencia entre los socialistas y la parasitaria extrema izquierda. El Consejo de Ministros era un hervidero de despropósitos a los que Sánchez callaba, agachaba la cerviz y seguía adelante. Nunca un Gobierno había hecho tanto daño a su propia nación: no es de extrañar que en un meme se representara a Sánchez y al ‘Coleta’ dentro de un coche militar, a la vez que el primero pedía “disparad, disparad, que el enemigo va dentro”.

Demasiado hemos aguantado los españoles, a pesar del vendaval de ineptos que comenzó con los miles de muertos por su abandono e ineficacia, siguió con la ineficiente gestión de material sanitario y acabó represaliando a las comunidades autónomas porque se le adelantaban en todo y gestionaban con más eficacia, eficiencia y efectividad. Si no es por las gestiones iniciales de Felipe VI, Amancio Ortega e Isabel Díaz Ayuso, “al Gobierno español se le hubieran caído los calzones en medio de la pandemia”; eran palabras de la prensa europea para destacar la vergüenza que Pedro Sánchez representaba para España y Europa, a lo que se unía la cadena que le ataba a la miserable ultraizquierda comunista, sectaria y reaccionaria.

Eran días en que en el Consejo de Ministros todos miraban a Pablo ‘El Coleta’ porque no portaba mascarilla cuando ya se sabía que su barragana estaba afectada por la ‘peste china’ que acabó siendo pandemia. Y en paralelo se avergonzaban de ese mismo espécimen porque se sonaba la mucosidad y se limpiaba a la chaqueta. ¿Recuerdan? Esa reacción del chico del casoplón me recordaba a un ‘burrajero’ de mi tierra que, acostumbrado a arrojar los huesos a su espalda cuando comía en pinar, actuó de igual modo en una comida protocolaria con alcalde y concejales el día de su jubilación y tuvo que dar explicaciones puntuales porque el hueso fue a parar a la máquina de escribir del teniente de alcalde. A día de hoy, ‘El Coleta’ aún no ha explicado por qué se limpiaba los mocos a la manga de la chaqueta. En fin… Cuestión de educación y de no saber estar.

Pedro Sánchez estaba en cuarentena porque su media naranja había acudido a la ‘manifa’ del 8-M y contrajo la ‘peste china’. No era más que un ejemplo de los estragos de la manifestación hortera que habían predicado Carmen Calvo e Irene Montero, hasta el punto de decir Calvo: “En ello va la vida a las mujeres feministas” y ya lo creo que tristemente se acabó la vida de numerosas asistentes. La misma concentración donde a Ciudadanos le arrojaron orines, lanzaron esputos y atosigaron con improperios personales y familiares.

Ministros y ciudadanía estaban muy molestos por la ruptura de la cuarentena por parte de ‘El Coleta’; un periodo de prescripción sanitaria que debía guardar, pero que se lo pasaba por el ‘arco del triunfo’, cual amargado chulo de feria, al igual que lo hacía el plagiador mayor del descentrado y desnortado Gobierno socialcomunista. Ambos querían el protagonismo en un estado de alarma que nadie imaginaba que durara tanto.

La ciudadanía seguía preocupada por la demostrada incompetencia de ambos, el despropósito de querer figurar a toda costa, la horterada del ‘Coletas’ de nacionalizar las eléctricas y aplicar el artículo 128 de la Constitución. Y en el trayecto de muertos y más muertos a diario, un golpista y un insurgente seguían pidiendo la independencia, por una parte (Torra), y las competencias de instituciones penitencias y la Caja de la Seguridad Social, por otra (Urkullu). ¡Manda huevos!

La impresión de la ciudadanía era que los bueyes que veía eran muy malos para seguir arando y peor para prosperar. Además, la coalición era algo que se había mostrado incoherente, irresponsable, imposible y sectaria. Todo se resumía en el mal ejemplo que era para los españoles, así como en la necesidad de romper ese Gobierno cuanto antes.

Era un hecho que los españoles no querían inútiles que manejaran el erario público a su antojo, sin producir, sin planificar ni tener aspiraciones nacionales de futuro.

En fin, como decía Julio César: mientras quede algo por hacer, no habremos hecho nada. Me duele recordar todo ello, pero lo recogen así las hemerotecas y mi propia agenda personal, incluso con más crudeza. Y, si nosotros somos capaces de recordarlo con veracidad y certeza, por qué Pedro ‘Cum fraude’ y Pablo ‘El Coleta’ no son capaces de entender que “si dos cabalgan un caballo, uno debe ir detrás”.

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