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Opinión
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Vínculos radicales

​Para ser responsables, uno tiene que vibrar de verdad con los demás. Lo demás es palabrería
Rafael Pérez Ortolá
viernes, 25 de septiembre de 2020, 08:24 h (CET)

Metidos en las escenas de la vida, atravesamos los caminos con imperiosas reacciones de réplicas, miedos, indignaciones, pretensiones, satisfacciones e incluso actitudes enajenadas. Inmersos en esa VORÁGINE percibimos la relación con el mundo al son de esas agitadas relaciones; un tanto pasivos es cierto, sin tiempo para más. En las mencionadas secuencias están presentes entidades de diversa naturaleza. Ninguna se libra del intercambio de influencias; están establecidas un sinfín de conexiones adaptadas a las características particulares. Al menos por nuestra parte, cabe preguntarnos sobre como percibimos ese entronque, basados en el tumulto o por las sensaciones propias.

Porqué será eso de sentirnos a veces extrañados de cómo se nos muestran las cosas, como algo engañoso e insatisfactorio. En buena parte depende de la dejación con la cual nos acercamos a ellas; tomando prestada la valoración de los demás, sus palabras, y prescindiendo de las propiaas sensaciones. Y la mirada del niño, la confianza del anciano, los compañeros, los paisajes, nos hablan en directo; los intermediarios falsean esa relación. Rilke escribía, me matáis todas las cosas.

Actuamos con excesiva propensión hacia la DISYUNCIÓN entre las expresiones de las cosas y las propias actitudes relacionales. Entre personas, cobra especial relevancia ese distanciamiento propiciador de enconos y desventuras.

En el distanciamiento no se detienen las incongruencias. De un modo absurdo, cuando procedemos a nombrar las cosas, los hechos, las actuaciones de las personas; huimos de cuantas precisiones faciliten la comprensión. Disfrutamos potenciando la ceremonia de la CONFUSIÓN, con una verdadera obsesión divergente. Las declaraciones rimbombantes no son más certeras, las etiquetas reducen los significados a meras anécdotas, los personalismos acentúan las diferencias, la tergiversación de las palabras las deja inservibles. De donde el parloteo nos conduce a territorios indefinidos, con una complacencia inusitada y desorientadora en medio de la frivolidad ambiental.

En gran parte de las discusiones generales, en primerísimo lugar las políticas, se adopta un aire entre excéntrico y grotesco, porque estan encasilladas en los esquemas establecidos de antemano, y por consiguiente, escasamente relacionadas con el pálpito auténtico de las personas. Ese toque genuino de un sujeto cuando intercambia sus aportaciones con las demás cosas antes de ser contaminado por los toques ajenos, se convierte en SUBVERSIVO frente a los funcionamientos normalizados a través de los usos habituales. Al estilo de Walt Whitman, ¿Qué es la hierba? La naturalidad nos despierta senderos imaginativos enriquecedores. Nos hace participar en una existencia sin exclusiones ni préstamos contaminados.

Hay tres polos del desarrollo actual con potencia inusitada. El entretenimiento en sus diversas facetas, las tramas políticas extendidas de forma irregular y los emporios económicos con sus proyecciones. Los restantes han menguado de manera notoria, hasta presentarse como inapropiados. Hablar de menesterosos, del trato dado a los débiles, diálogo con los discordantes, sobre la muerte; forma parte de los temarios secundarios. Esa polarización deteriora los términos del intercambio relacional, mientras la cháchara nos distrae. Si no nos va a servir de revulsivo, la CLARIDAD mental deberá servirnos al menos como aterrizaje sin paliativos, como índice de la realidad.

El lenguaje, las expresiones, están sobrecargadas de un lastre entorpecedor. Añoramos ese lenguaje tenue que parece no intervenir, no nos distrae, se adelgaza hasta ser una fina película transparente, incluso desaparece de una manera directa; pero se convierte en una magnífica INSINUACIÓN, estimulando la entrada dialéctica a la persona interesada. No es que tenga mucho para decir, no es cuestión cuantitativa, es un facilitador para las expresiones de cada interviniente. La importancia de la sintonía supera con creces a la del mensaje en sí; nos dispone para los pronunciamientos propios, incluso para la acción, pero desde los alambiques internos definitorios de la persona.

Como una especie de danza mágica, el deicr es una pequeñez, la práctica del movimiento su colaboradora, pero el sentimiento su núcleo argumental. Ese conjunto configura una lógica expresiva, fundante de las autenticas comunicaciones entre las personas. Esa cadencia de las actitudes introduce y entresaca desde las propias entrañas. Desaparecen los nudos externos preconcebidos por demasiadas asociaciones de ideas. Viene a ser como un ROZAMIENTO suave, descubridor y participativo. El verdadero signo del vivir en esencia, no representativo de otras presencias; verdadero roce mágico. Un clamor antropológico inigualable, casi mítico, muy relacionado con la calidad de las danzas emprendidas.

Lo más contrapuesto a los toques personales son los estereotipos fijados por los entornos. El relato de las vivencias personales circula por territorios de mayor intimidad y protagonismo personal. Si prescindimos de las VIBRACIONES particulares a la hora de los comportamientos, desaparecerán también las responsabilidades y los pensamientos genuinos. Puestos en contacto con los recursos y los conflictos, las vibraciones no están codificadas en ningún sitio. Esa liberación de las realidades propias provoca dos efectos principales. Permite las matizaciones particulares sin límites artificiosos y mantiene la relevancia de la decisión propia como entidad moral y responsable.

Este conflicto de la subjetividad de los actuantes en cada momento frente a la representación del mundo en sus manifestaciones; no pierde actualidad, su renovación es constante en los avatares cotidianos. Ni las voluntades ni la realidad, los conocimientos o las expresiones; nada constituye sistemas cerrados. Por eso es importante el ESTILO configurado para el acercamiento de un individuo a los diversos cruces del camino ubicados en su horizonte. Desde los acompañamientos naturales, ese talante reúne las vibraciones propias, los roces, las sensaciones, los enigmas y los acontecimietnos; aúpa al discurso armónico de las actuaciones. Su disvirtuación es la causante de numerosos riesgos.

Cabe pensar en lo no idéntico como incomunicable, con orientaciones contrapuestas en orígen. Afrontamos una composición de lugar imaginativa, da una cierta sensación de vértigo en su procedimiento, pero forma parte de nuestro sino. Sobre todo, si descubrimos la falsedad de lo establecido como una pretendida fijación. Clamamos por una PLURALIDAD dinámica. Sin dominaciones extemporáneas carentes de bases fidedignas; pero, cuidado, no procedamos con imposiciones nuevas.

Estamos en un tiempo, un lugar y con unas condiciones, para que como mínimo pudiéramos despejar la mente; en lo posible, escapar de la creación de nuevos laberintos cada vez peores con las nuevas tecnologías; persiguiendo la elaboración de objetivos SALUDABLES.

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