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La SANTA paciencia

Las heridas de guerra tras doce años de esclavitud
Yolanda Morales
@MoralesPerjour
miércoles, 26 de noviembre de 2014, 08:16 h (CET)
La semana pasada, aparece un señor de 73 años por el Albergue Comarcal de Valle Colino, en la isla de Tenerife, para entregar a su querida perra cazadora de 12 años, que había enfermado repentinamente “de un día para otro”. La perra, totalmente blanca y con las tetas hechas pellejo de haber parido tranquilamente veinte veces, tenía un absceso desde los dientes hasta la parte superior de lo que en algún momento había sido su ojo. Tenía la cara absolutamente deformada, cual papa. Llevaba dos semanas sin comer a causa del dolor. Presentaba desnutrición severa, caquexia, filaria y un soplo en el corazón. Todo un drama que el albergue no tardó en difundir por las redes sociales bajo el caso de “Santa”. Increíblemente, el cazador fue denunciado por la FECAPAP (Federación Canaria de Asociaciones de Animales y Plantas) y acusado de un delito de maltrato animal, enfrentándose a una sanción económica.

La impresión de las primeras imágenes que llegan del estado de la perra a nuestros ordenadores es realmente impactante, pues parecen ser fruto de una brutal golpiza. En menos de un día, toda la isla de Tenerife conocía los hechos; a los tres días, todas las asociaciones Animalistas y pro Galgos y Podencos se hacían eco de la noticia. En cinco días, Santa había recibido tantas donaciones y regalos como todos los perros del albergue juntos, varias peticiones de acogida (incluso fuera de las islas) y varios adoptantes. Se había convertido en la perra más querida y seguida en las redes sociales, y su caso se había proclamado como el primero en ser penalizado en su municipio de residencia (San Cristóbal de La Laguna). Todo un acontecimiento y a la vez una victoria en el mundo animalista, sin duda.

Pero existen cosas que una “ola de sensibilidad” no cambia: cada semana, en nuestro país son sacrificados de dos a tres mil perros en los “Centros de Control Canino”, y no hablo de perros viejos, enfermos ni agresivos... Hablo de cachorros y adultos jóvenes y sanos, generalmente mestizos. Y eso sin contar los gatos y otros domésticos, ni muchísimo menos los destinados al consumo cárnico. ¡Y aún hay gente que me pregunta si esto es legal! ¿Sabías que en España hay albergues que comisionan por sacrificio y no por adopción?

De pronto, todos somos activistas. Todos nos sentimos súper llenos llamando para preguntar cómo está la perra, todos nos emocionamos leyendo las actualizaciones de su estado de salud. Todos somos ecologistas e incluso nos planteamos dejar la carne. Todos somos unos luchadores durante los días que dura la noticia.

Todo el mundo se vuelca con una sola perrita y sacan hasta de donde no tienen para dárselo, y presumen de haberlo hecho. He visto peleas por acoger a Santa. ¡Pero señores! ¡Si hay para todos! Si investigamos un poquito más, encontraremos no muy lejos de casa todas las “Santas” que deseemos encontrar. Y uno de sus principales culpables, la caza, ahí sigue y seguirá, porque cuando se convoca una manifestación por ellos, el organizador se queda solo.

Todos los días encuentro en mis redes sociales casos verdaderamente horribles de malos tratos en mi propia isla, y la mayoría de las veces esos animales tuertos, amputados, desnutridos, traumatizados y sangrantes, acaban asesinados sin distinción alguna. Me sorprende increíblemente la enorme demagogia de muchísimas personas, que se dedican a suplicar “que alguien haga algo”, pensando que insultando al agresor el animal se va a recuperar más rápido o va a revivir. Lamento comunicarles que el mundo no funciona así, que no va a haber una persona que haga algo por ellos, y que por cada uno que regresa a casa, por cada uno que adoptado, mueren sacrificados, atropellados y desnutridos otros mil. Es la realidad. Lo que vemos en las redes sociales es sólo aquello que algún alma caritativa ha podido documentar, y dudo que llegue al 10% de todos los casos. Santa ha tenido suerte de poder conocer el amor antes de morir, y su caso no es el primero ni mucho menos el último.

Si todos nos implicáramos igual en cada caso, si todos donásemos un euro mensual a una protectora de animales, ¿cuántas vidas salvaríamos? Si la concienciación realmente fuese tanta, quizá ni siquiera estaría aquí escribiendo esto con rabia. ¿Cuántas Santas más tienen que aparecer para que el pueblo entienda que lo que nosotros hacemos con las demás especies es un holocausto? ¿Necesitamos más alaridos para enterarnos de que si no denunciamos el maltrato, somos cómplices del mismo?

Me harta recibir cada día peticiones de adopción para cachorros de raza por el mínimo coste (y si puede ser gratis), y que además esas mismas personas luego farden de haber “devuelto la vida” y “dado una segunda oportunidad” a un pobre animal de la calle. Como siempre digo, postureo. Sin embargo, aun así, sigo pensando que si esa moda o la moda de hacerse vegetariano sirve para que la gente adopte más, no abandone o deje de comer carne, bienvenida sea. Aprendes a conformarte con poco, cuando lo que normalmente consigues es nada.

Mi propósito al escribir este artículo no es molestar ni hacer sentir mal a aquellos que se han preocupado por este caso. Yo he sido la primera que ha mirado cada día el avance de su estado de salud, he difundido y me he preocupado, pero necesito creer que no soy la única que piensa que es absolutamente injusto que miles de personas dediquen su tiempo a velar por un solo animal e ignoren al resto sabiendo que ahí están, cada día, hora tras hora, pasando desapercibidos porque sus heridas ya no sangran y ya no impresiona. Me niego a pensar que sólo tenemos corazón para uno. Me animo a mí misma creyéndome que todos aquellos que se volvieron locos por adoptar a Santa y no pudieron hayan vaciado algún otro chenil.

Lo habréis oído mil veces, pero la unión hace la fuerza, y si todos hacemos un poquito, conseguiremos que algún día el maltrato en España sea cosa del pasado.

Lamentablemente, Santa ha sido diagnosticada de cáncer terminal y su esperanza de vida es muy corta. Como ella, millones de animales en todo el mundo cada hora, pero sin la oportunidad de conocer lo que es la dignidad que cada ser merece. Si realmente te duelen sus heridas, empieza por salir de casa. La iniciativa la tienes tú.

Actualización: D.E.P.

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