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Opinión
Etiquetas:   Reflexión   Memoria  

Memoria involuntaria

“Si llamamos aura a las representaciones asentadas en la memoria involuntaria, pugnan por agruparse en torno a un objeto sensible”. Iluminaciones. Walter Benjamín
Rafael Pérez Ortolá
viernes, 5 de julio de 2019, 10:51 h (CET)

Si algo nos enseña la ciencia con sus métodos empíricos, es la enorme dificultad para el acceso a las comprobaciones satisfactorias referidas a las grandes cuestiones de fondo y de las actuaciones personales. Después comprobamos que no se libran tampoco las pequeñeces. La dificultad se incrementa al tratar de razonamientos y reflexiones de diferente calado. Queda patente la ESTRECHEZ del acceso a los conocimientos contrastados. Las aproximaciones alcanzan un amplio espectro de pretendidas certezas claudicantes con el paso del tiempo. La rotundidad de las declaraciones no evita la insuficiencia radical plena de incertidumbres. El toque de humildad acecha en esas estrecheces.

Sin menoscabo de las dificultades mencionadas para dar alcance a los saberes apropiados, actuamos ante la espléndida DIVERSIDAD en todos los frentes, que multiplica las posibilidades de aproximación receptiva hacia personas u objetos. Cada entidad es polifacética dependiendo de las cualidades analizadas, en un doble sentido; como objeto explorado, pero también por los innumerables puntos de vista de los observadores. Las perspectivas enriquecen el panorama, aunque no vayan a lograr la comprensión absoluta de los fenómenos. Cada descubrimiento, lejos de su detenimiento en las metas conseguidas, suele abrirse al horizonte de nuevos enigmas siempre provocadores.

Pronto se nos acumulan las sensaciones en una percepción que intuyo generalizada, se nos implantó en los desvanes de la memoria la CONTRADICCIÓN de la gente moderna, la de ceñirse a imposiciones de una modalidad exclusiva, sin atender a nuevas consideraciones. Cuando son tantas las oscilaciones, variaciones, diferencias de todo tipo; proliferan los empeños de exclusividades sectarias e intolerantes. Lo habitual de dichos comportamientos, corremos el riesgo de tomarlo como situaciones irreversibles, formando parte de una normalidad preocupante. Si este panorama consolida sus estructuras actuales, pasará a configurar una memoria inmune a los razonamientos.

Las manifestaciones públicas o privadas han adquirido por fortuna unos rangos de autonomía envidiables. Otra cuestión será, hasta que punto eluden los filtros deseados por los propios protagonistas. Porque las DISTRACCIONES masificadas acumulan impedimentos, entorpeciendo el discernimiento de las diferentes opciones a tener en cuenta. El alud comienza con las ignorancias y limitaciones de cada persona aceptando banalidades sin perfilar sus matices. Sobrevienen después las múltiples referencias naturales entre gente heterogénea, pero que al ser tantas, nadie tiene fácil su deslinde. Por último, la introducción de falsedades interesadas convierte el reto disyuntivo en un agobio.


Podríamos comparar esta abigarrada sucesión de eventos con otras situaciones de difícil control, pero más gratificantes.

Si nos alejamos de los presuntuosos manipuladores, poderosos, aunque con las alforjas vacías de argumentos defendibles; acojámonos a las enseñanzas del FLUJO ARTÍSTICO genuino, sin cerrazones ni imposiciones tan habituales. Representa un verdadero cauce abierto a todo aquel capaz de acercarse para un contacto contemplativo y valorativo, personal e intransferible. Independientes de las tensiones prefabricadas por variados intereses, desde sus experiencias, fluye también esa memoria espontánea que fragua sin permisos extraños.

Del uso tendencioso de los datos disponemos de una ingente cantidad de ejemplos en la actualidad. Una falsificación en toda regla, con truhanes lustrosos y gente timada por su candidez o escasa atención. En estos lances se utiliza un disfraz muy eficaz, porque los ropajes del UTILITARISMO aparentan la producción de beneficios para todo el mundo. Cuantas vesces oimos a diario las voces defensoras de ese pragmatismo poco analizado, con el ocultamiento de los acaparadores; desdeñando, si no perjudicando al resto de afectados colateralmente. No cabe ninguna duda, las circunvoluciones cerebrales registran esos impactos pese al intento dicharachero de quitarles importancia.

A la hora de pensar, decidir, tratar de olvidar, reflexionar, lamentarnos; si lo pensamos bien, nos damos cuenta del carácter un tanto secundario de la voluntad. Sin quererlo, surgen ideas, terquedades, pasividad e ilusiones; el dominio sobre dichas apreciaciones es muy relativo. Un relato, un objeto, la voz de una persona, unas fotos, un recuerdo; puede recuperar de pronto retazos de una memoria INVOLUNTARIA que brota desde los adentros como si vinera de zonas extrañas. Eso sucede con respecto a hechos entrañables, actuaciones previas olvidadas e intrascendentes, pero también con rememoraciones importantes que fueron dejando huella memorística aunque no se hubiera pretendido.

El aura es un concepto complejo tratado por numerosos escritores. Me adhiero a la versión de ese hálito emitido por un objeto o persona. En el comentario de hoy, referido a esa memoria involuntaria fraguada en torno a las personas observadas, un tanto al margen de las pretensiones de los protagonistas. Porque las voluntades siguen trayectorias diferentes. En cambio, el AURA es un emisión alejada de las posibles manipulaciones, como una visión distanciada de los procedimientos empleados. Es una exhalación desde los fondos eseciales, desprendida del tumulto habitual; no tiene nada que ver con las apariencias colocadas a propósito. Detecta realidades subyacentes.

Como detección inaprensible de manera posesiva intransigente, es una apreciación rumbosa en torno a una sinceridad ESPONTÁNEA; si se quiere, delatora también de rasgos menos perceptibles a simple vista. Así, el gestor público fatuo y dominador, cuya aura no pasa de truhán. El benefactor, cuya aureola es de aprovechategui. Y también, porqué no iba a serlo, el rudo actuante, con aura de buena persona. El aura surge de manera libre de manipulaciones.

Los focos deslumbrantes son algo muy distinto al aura auténtica. Su instalación es detectable si le prestamos un poco de atención (Rápidas fortunas personales, alardes, coro de aduladores). En cambio, la memoria adosada de forma involuntaria a ciertos protagonistas es un verdadero INCONSCIENTE CRÍTICO e imparcial. Un instrumento adecuado para el aprovechamiento de los ciudadanos, necesitados de apoyos aclaratorios, pero requeridos para prestar mayor atención a la reiteración de comportamientos.

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