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Opinión
Etiquetas:   Política   Podemos   comunismo  

Las "bondades" del consumo

Las consecuencias del dominio comunista no pueden ser más perniciosas y desastrosas
Manuel Villegas
martes, 27 de noviembre de 2018, 09:09 h (CET)

En el año 2014 irrumpió en la vida política de España el partido Podemos, de tendencia comunista, liderado por Pablo Iglesias, cuyo auge, no podemos negar en los cuatro años que tiene de vida oficial, ha sido significativo. Lo que indica que en nuestra Patria existe un sustrato de propensión filocomunista que permite que aparezcan y prosperen estos partidos Como todas las facciones comunistas que han imperado y se mantienen en los distintos países del mundo, su finalidad última es implantarse de forma totalitaria eliminando al mismo tiempo todas las tendencias políticas que puedan ser sus rivales.


La razón de ser del comunismo es, allí donde se introduce, implantar una dictadura absoluta aniquilando a su vez al resto de los partidos verdaderamente democráticos.

Las consecuencias del dominio comunista no pueden ser más perniciosas y desastrosas para los ciudadanos de los países que han estado y continúan bajo el poder despótico de su férula.


A los habitantes de estos se les priva de toda libertad: de prensa, de opinión y hasta de pensamiento, ya que los comunistas sólo admiten un pensamiento único: El que dicta el Partido. A Lenin se le recuerda por su famosa frase: Libertad, sí, pero ¿librarse de quien? ¿para hacer qué?

Fernando de los Ríos, miembro de la Comisión Ejecutiva del PSOE, cuando en 1920 viajó a Rusia a estudiar la posibilidad de que su partido se afiliase a la Internacional Comunista y se entrevistó con Lenin, éste, cuando el español le preguntó cuándo traería el régimen bolchevique la libertad para los ciudadanos, le respondió con otra pregunta, ¿libertad para qué?

El mismo Lenin llegó a decir: “El Estado es una organización de la violencia para la represión de una clase cualquiera”, frase que define claramente y sin subterfugios el propósito final del sistema comunista: eliminar a todos los partidos que le puedan hacer sombra.

Respecto a la España de la Segunda República el propósito de Estalin era usar el proceso revolucionario español para favorecer su deseo de expandir el comunismo por el resto de Europa. Por ello no nos debemos de llevar a engaño y ser sumamente cautos y precavidos con el terreno que se le deja a los comunistas para que se expandan.

Llegado este punto considero que deberemos traer a colación la fábula, aunque sea muy conocida, no por ello menos oportuna, de la víbora y el labrador, atribuida a Esopo y con distintas versiones, según los escritores que la han referido: Una víbora, yerta por el frío, es recogida por un labrador que, para darle vida, la coloca, bajo su ropa, junto a su pecho. Cuando ésta, a causa del cobijo humano, recupera el aliento vital muerde al labrador causándole la muerte.

El partido comunista se aprovecha de la bondad y tolerancia de los regímenes verdaderamente democráticos, para causarles la muerte representativa en el momento que asume el poder. Las represiones de los partidos comunistas allí donde se han apoderaron del mando de las distintas naciones, son espeluznantes.

Se dice que Hitler ha sido el asesino más sádico y pernicioso de la Humanidad. ¡Cuán equivocados están los que piensan así!.

El peor de todos ha sido Mao Zedong, también más sanguinario que Lenin y Stalin juntos, quien, según la lingüista china Jung Chang, que junto con su marido, el historiador británico y experto en la Unión Soviética, Jon Halliday, tras más de diez años de investigación y estudio, han publicado el libro Mao, en el que se le responsabiliza a este cruel dictador de más de setenta millones de asesinatos.

Pero no hay que remontarse tan lejos en el tiempo, tenemos en el recuerdo la masacre de Tiananmé, ocurrida en 1989, en la que, según el gobierno británico, al desclasificar en 2017 un telegrama del entonces su embajador en China Alan Donald, los exterminados alcanzaron la cifra de diez mil.

El “Libro negro del Comunismo: crímenes, terror y represión”, publicado en 1997, editado por Stéphane Courtois es el resultado de la labor llevada a cabo por profesores universitarios e investigadores, cuyo propósito es catalogar diversos actos criminales -asesinatos, torturas, deportaciones, etc.- de los distintos Estados comunistas, llega a la conclusión de que estos Estados represivos han ocasionado cien millones de muertos en los países en los que se han implantado.

En el libro se hace un desglose de los distintos lugares en los que se ha llevado a cabo la represión criminal que no consideramos necesario especificar en este trabajo, ya que podría resultar oneroso para los lectores.

Hoy día podemos ver cómo se encuentran los distintos países en los que se ha impuesto el Comunismo. Por citar algunos mencionaremos Cuba, Corea del Norte, Vietnan, así hasta un total de más de treinta y uno, pero el que más asombra al mundo es China, ya que una de las premisas esenciales del Comunismo es acabar con el Capitalismo. Pues bien en este inenarrable país, se ha conseguido lo nunca visto: la cuadratura del círculo, una feroz y agresiva economía capitalista que está invadiendo todos los países de la tierra, con un férreo sistema político sin ningún tipo de libertades para sus ciudadanos.

Tras esta somera visión de los "beneficios" que el Comunismo ha aportado a la Humanidad consideramos que toda precaución y cautela son pocas para saber a lo que nos exponemos los españoles si dejamos que los comunistas gobiernen nuestros destinos y dispongan de nuestras vidas.

Son tantas sus "bondades" que está prohibido en países de no dudosa democracia, como Alemania, la República Checa, Estonia, Hungría, Letonia, Lituania, Polonia, Moldavia, y Ucrania, en los que, por igual, no se toleran ni el nazismo ni el comunismo, y en ellos que están desterradas tanto las svática, como la hoz y el martillo.

Avisados estamos, y considero que en España no deberíamos cometer los mismos errores del pasado que tantos sufrimientos nos causaron, así en la Segunda República, como en la Guerra Incivil.

Si tal ocurriese, entonces sí que no tendríamosl libertad, pues perseguirían hasta nuestos pensamientos, cosa bastante fácil hoy día con los medios informáticos con los que puede contar el Gobierno.

Si lo consentimos, la utopía de George Orwel del Gran Hermano se hará realidad.
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