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Baloncesto
Etiquetas:   Real Madrid   Panathinaikos   Euroliga  

Con Llull, una maravillosa locura de Final Four (89-82)

Rafael Merino
@RM_rafamerino
viernes, 27 de abril de 2018, 22:57 h (CET)

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El baloncesto es un deporte maravilloso, donde el respetable se vuelve loco para regocijo de Sergio Llull. El Palacio de los Deportes volvió a vivir uno de esos días para el recuerdo. Un encuentro donde el Real Madrid no sólo ganó un encuentro y se impuso con una soberana autoridad al Panathinaikos; sino que se trató de un partido que premia al conjunto blanco con un billete a la Final Four de Belgrado; será la sexta presencia en las últimas ocho temporadas y después de superar el factor cancha en contra con el mejor antídoto: Sergio Llull.

Conviene recordar tiempos pasados. No extremadamente antiguos. Hasta que Pablo Laso no tomó los mandos técnicos del Real Madrid, el club más laureado del Viejo Continente se pasó 14 años sin saborear una presencia en una final a cuatro. Con el técnico vitoriano, sumarán su quinta participación, siendo junto con el CSKA (estará en su séptima presencia), los clubes más regulares de Europa. No hay que olvidar de donde se viene. Eso suele impulsar un mayor disfrute y valoración de las metas alcanzadas. Como sucede con Sergio Llull. Ocho meses de ausencia y vuelve como si nunca se hubiera ido y en dos encuentros consigue que el Palacio se vuelva literalmente loco. Que la gente se vaya a sus casas dando asistencias al de al lado o soñando con canastas ganadoras.

Casta, corazón y talento
Así es este Real Madrid. Talento aparte, es puro corazón. Nunca se dan por vencidos, ni siquiera en un curso donde contó con una ristra de percances físicos. El Real Madrid estará en Belgrado. Buscará su Décima Copa de Europa. Y quién sabe. Con este Real Madrid todo es posible. Como que cuando había un atasco generalizado desde el perímetro (0 de 7 intentos) apareciera Sergio Llull para romper el maleficio y sacudir una tromba ofensiva sobre el adversario. Estaba el marcador en un ajustado 27-23 cuando el balear agitó el árbol en modo huracanado. Dirección y anotación. Dos triples consecutivos, más una asistencia de dibujos animados por encima del hombre sobre Reyes, con una acción de 2+1. Carroll no faltó a la fiesta. Si es cuestión de anotar, allí está el francotirador más certero. Conclusión: de ese 27-23 se pasó a un 40-26.

La máxima se alcanzó poco después (48-30) tras un rebote marca de la casa de Felipe Reyes, que se convierte en el jugador con más partidos en Euroliga. El Panathinaikos alcanzaba ahogado el descanso (51-35). No se salvó del huracán Llull. Lo hizo a medias del Titán Ayón, con la colaboración del correcaminos Doncic. El mexicano firmó un primer cuarto impecable: 8 puntos, 4 rebotes, 2 robos y 15 de valoración. Eso permitió al Real Madrid ensayar sus primeras ventajas serias: 21-14. Luego apareció Llull y todo volvió a su ser, el respetable se volvió loco, maravillosamente loco, como le gusta al 23 del Real Madrid.

Por si quedaban dudas, nada más volver del descanso, Doncic endosó dos triples a un errático conjunto heleno, superado ya ampliamente por juego y actitud. Nunca mostró una determinación de ganar -ni una pizca de garra u orgullo- y tampoco supo responder a los zarpazos blancos. Puede decirse que vivió en sus carnes lo visto en el primer encuentro de la serie. Y nada que reprochar a los árbitros. Si acaso a la puntería blanca desde el perímetro o alrededores: Doncic y Carroll seguía haciendo de las suyas. Diabluras. El Palacio, como le gusta a Llull, volviéndose cada vez más loco. Maravilloso baloncesto. Maravilloso Real Madrid. Estaba ante una cita crucial de estar en Belgrado y estaba camino de hacerlo por la misma puerta grande.

Faltaba la puntilla, y eso que la ventaja aún era cómoda (72-58), pero James (con Calathes desaparecido) y, algo más tímidamente, los musculosos hombres altos de Pascual estaban desperezándose. El americano, aún con tres faltas, empezaba a ser productivo: 18 puntos. Era la cuerda a la que agarrarse el Panathinaikos en su intento de alargar la serie. Y claro en esas se estaba cuando Llull cerró el cuarto con otro triple a un pie; y 78-60 con diez minutos por delante. Se ajustó el marcador (80-75) porque lo quiso Singleton, y eso creó dudas, pero este Real Madrid nunca se rinde, sabe sufrir y hasta le sonríe la suerte (triple a tabla de Doncic sobre la bocina, con un 85-82) en el camino hacia Belgrado, allí esperará el CSKA.
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