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Tomás Salinas
Antes muerto que en silencio
Tomás Salinas
​La inteligencia de muchos socialistas de verdad se rebela, sabe de la traición constante de su jefe, y levanta un breve susurro de crítica

A golpe de destitución. El que se atreva a sacar la verdad cronológica, la secuencia exacta de los sucesos que nos han traído a esta debacle, es carne de puñetera calle. Y a los hechos me remito. El funcionario Simón avisa de una cosa y de la contraria según a quién y a quiénes. Vosotros, no ir al culto, que hay riesgo. Vosotros, sin embargo, acudir a manifestaciones, convenciones políticas, partidos de fútbol, etc., que ahí no corréis peligro. Cachondeo mortal, asesinato institucional. El Gobierno progresista a lo Ximo Bayo, está sí, ésta no, ésta no me conviene, pues me callo yo. O que se calle el científico, personaje que, a no muy tardar, va a pagar por todo, ya lo veréis. Pobre Simón, terminará su andadura en un Tetra Brick con barrotes.

Al grano. Llega una jueza, cumple su trabajo, pide a las fuerzas de seguridad que investiguen, éstas lo hacen, aportan documentación y pasa lo que pasa. Como no es lo que deseaba la pareja econocida, el uno, el inteligente del CNI le dice al otro, el megalómano de los discursos vacíos, que se cepille al coronel de la Guardia Civil que se limita a ejecutar lo que le ordenan desde el poder judicial. Lo siguiente será eliminar de la esfera pública a los magistrados, jueces y fiscales que no se quieran comer el alpiste en la mano de los que, a tenor de lo visto, están maquillando un pelele, vistiéndolo con traje de fabricación china y zapatos de plástico muy aparentes para venderlo a la sociedad española como la nueva democracia, el nuevo orden.

¿Y cómo terminará esto? ¿Se podrá manifestar una opinión fundamentada y libre contraria a los intereses de los que gobiernan sin temor a las represalias? ¿Se pasará sin tapujos ya a un estado de excepción (que es de facto lo que tenemos ahora)? ¿Se considerará, como está ocurriendo, un acto vandálico el llevar una bandera de España en el retrovisor del coche? ¿Se controlará aún más la libertad de expresión, censurando comunicaciones y dificultando las vías de transmisión de la misma? ¿Se instaurará un estado policial al servicio exclusivo del totalitarismo como en otros países (véase Venezuela, por ejemplo? ¿Se enfrentará a una España con la otra en las calles? Porque ahora, y más que nunca, a nuestros gobernantes les interesa la confrontación, la reacción violenta, la coerción de las libertades, el choque físico. Les interesa y mucho. Justificaría los estados de excepción y de sitio, situaciones que les permitirían irse de rositas tras la irresponsable, criminal y nefasta gestión de la pandemia.

Todos estamos de acuerdo en que la crisis habría sobrepasado las capacidades de cualquier gobierno. En lo que no coincidimos es en la rapidez y forma de actuar, tanto en el tiempo como en las medidas. ¿O es que alguien con dos dedos de frente piensa que una semana, un día, una mísera hora de anticipación habrían evitado miles, cientos o una sola muerte? Los bandazos, la mentira, la ineptitud y la nula previsión han arrasado con España y con los españoles. Con todos, sin distinción.

Existe la percepción cada vez más nítida de que va a haber lío, y de los gordos. Al igual que aparece con cierta evidencia la sensación de una fragmentación de la izquierda. El zorro está llevando al límite lo admisible mientras el guapo se las come dobladas, en una fotografía de un tonto al que un pillo le hace tocomocho tras tocomocho. El revolucionario marxista, el Ceaucescu del retrete de oro ha agarrado con fuerza los lamentos colgantes del que chupa todos los días el espejo. Él es, en verdad, el que está dirigiendo el país.

La inteligencia de muchos socialistas de verdad se rebela, sabe de la traición constante de su jefe, y levanta un breve susurro de crítica, cuando lo que deberían hacer es aplicar sus estatutos y largar a este largo caballero que, en alianza con el peligroso extremista, va a dejar al PSOE convertido en un erial. Hay que echarle más valor, deben tener en sus filas gente capacitada y capaz, personas que sepan torear con dos morlacos a la vez. Uno, astifino y bravo que no perdona, hiere y mata. El Covid. El otro, resabido, esquivo y taimado buey barbudo que se está haciendo con el control total y absolutista del país.

Para terminar esta tribuna que difícilmente verá la luz, un ligero apunte. Pensad un poco. Los que nos están salvando desde el principio serán puestos en el ojo de mira como focos del contagio, culpables de que la curva no se aplane. Pasarán de héroes a villanos. Ésta será la estrategia cuando los cobardes se vean ya acorralados del todo. Espero que no, pero es un suponer que ahí os dejo. Salud que no nos falte, rediós.

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Jueves 15 de mayo. Me ha tocado asistir a un espectáculo lamentable, un reflejo fiel del porqué los trabajadores de este país estamos como estamos. Lo voy a explicar lo más breve posible, para no aburriros. Os cuento.

 
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