Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto. Noticias y opinión
Viajes y Lugares Display Tienda Diseño Grupo Versión móvil
19º ANIVERSARIO
Fundado en noviembre de 2003
Firmas y Blogs
Kepa Tamames
Kepa Tamames
Responde el título a esa absurda y [para mi gusto] cursi moda de presentar al personal con las iniciales de su filiación completa

Siento decepcionar a quien haya supuesto al leer el título del artículo que iba este de don Josep, insigne escritor catalán, denostado ahora por el independentismo pata negra (y cerebro de idéntico color). Como me disculpo ante el lector que creyera que me disponía a hablar de don Albert, artista polifacético, catalán igualmente, que pasa un poco de todo, o eso dice, quizá para alimentar su personaje calculadamente ambiguo. Nada ni de uno ni de otro.


Responde el título a esa absurda y [para mi gusto] cursi moda de presentar al personal con las iniciales de su filiación completa. Supongo que el más famoso entre ellos es AMLO, encantado el tipo de haberse conocido, y garrulo de pies a cabeza por cuanto a historia local se refiere, pues afirma una mentira gruesa y se queda tan pancho. Pero sabido es que a esta gente la mentira, por muy burda y escandalosa que resulte, le sale gratis, pues para ello tienen a la cohorte de medios que le bailan el agua y le esconden lo feo. Y acaso el ejemplo más cercano lo tengamos aquí mismo, en el inquilino de La Moncloa, sobre cuya naturaleza embustera solo caben dos conjeturas, a mi entender.

O lo hace a sabiendas, y entonces habría que echarlo a patadas (nada de recurso metafórico en este caso) de palacio, o miente fruto de alguna anomalía mental de manera tan inconsciente, y entonces habría que evacuarlo también, aunque esta vez en una ambulancia medicalizada. Pero el puesto ha de ser reocupado sí o sí, y cuanto antes, porque el país se nos va por el desagüe.


Comencé aclarando que PLA no es Pla, y aún no he descubierto quién es. Pero nos hemos ido acercando a lo tonto modorro. Porque PLA aparece cada vez que enfocan a PSP‑C en su escaño del Congreso. Allí está siempre PLA, dormitando con los ojos abiertos, asintiendo de vez en cuando con la cabecita, cual perrito setentero en su aposento del Simca 1000, hasta que un ruido familiar le despierta de su medio letargo: hay que aplaudir al líder, que no sabemos muy bien lo que ha dicho, pero hay que aplaudirle en afinado coro.


Bien podría pasar PLA por muñeco de cartón piedra puesto allí para rellenar toma de telediario, si no fuera por los mencionados y ocasionales movimientos de testuz y manos. A veces debe PLA dirigirse a los periodistas en discurso escrito, y no desentona demasiado el caballero ―pista que ya descarta a la mitad del elenco del hemiciclo, o casi― respecto a su imagen en el escaño. Pero al menos habla, aunque reconozco que no puedo evitar ladear la cabeza por ver si descubro al señor que maneja el guiñol. Visto el panorama, hasta entiendo que los cámaras están bien adoctrinados, y no mueven un centrímetro el aparato de donde se les ha indicado. Normal… a ver quién se la juega. con lo mal que se ha puesto pillar curro.


Justificaba PLA en una de sus últimas intervenciones mediáticas la autosubida de sueldo de sus Señorías, o algo así, enfatizanzo en que lo políticos ganan lo que merecen (o incluso bastante menos, qué demonios), y que ya está bien de poner en tela de juicio sus emolumentos, con lo que se desvelan por los intereses del Pueblo llano. Y como los periodistas ya no hacen preguntas molestas, pues el orador se viene arriba, sabedor de que tiene la sartén por el mango y al plumilla por el pescuezo. No hay cuidado.


Y, por cierto, este que suscribe es de los que creen que los políticos patrios ganan demasiado. Con la cuarta parte ya irían bien servidos. Y si tuercen el morro, ahí está la puerta. Pero pocos la cruzan por decisión propia, conocedores de que ahí fuera hay que demostrar con hechos que uno merece el puesto, y que no vale con adular al jefe para mantenerse en la poltrona y aplaudir cuando toca.

Comenta alguno de ellos en ocasiones ―supongo que con inequívoco ánimo de afear la conducta del ciudadano crítico; hay mucho desagradecido― que más ganarían en la empresa privada. ¡Pues ya están tardando! ¿Cree de verdad esta piara de cretinos que les íbamos a echar en falta? ¡Pero qué ingenuos!


En efecto, hace falta tener cara de granito para «reñir» al populacho por no valorar su denodado trabajo, cuando en su inmensa mayoría pasan el tiempo pasilleando, cotilleando, criticando al de la bancada contraria solo por ser de la bancada contraria. Y, puestos a pedir, que sea testigo el jefazo, dado que solo él tiene autoridad para colocarle en la siguiente lista electoral, y seguir así chupando del frasco (vinito de crianza y entrecot a la plancha), mientras a la plebe no le llega ni el aroma.

PLA lleva chupando del frasco lo que le alcanza la memoria: desde siempre. Lo sé de buena tinta, porque Euskadi es un pueblo ―grande, pero pueblo al fin; y no digamos ya Portugalete―, y aquí o nos conocemos todos o conocemos a alguien que conoció a uno que tuvo cierto trato con Lalo, el padre de nuestro PLA. Y sin querer hacer chistes fáciles, ¿qué puede salir de un papá Lalo? Pues eso…


Es PLA uno de tantos que no ha conocido otro quehacer profesional que el de la política. Y uno se pregunta a qué podrían dedicarse estos tipos en la vida civil, llegado el caso. ¿Jefe de ventas en un supermercado? ¿Ayudante de pocero? ¿Maestro estucador? ¿Lider icónico de una banda punk? Quien sabe… a lo mejor resulta que hemos perdido sin saberlo a un superdotado para según qué oficio. Con la duda nos quedamos.


Me dirán que la he tomado con PLA, y yo les aseguro que no. Porque ojalá en política hubiera apenas un puñadito de tales personajes. Pero nuestra clase dirigente rebosa de PLAs, ellos, ellas, y quién sabe si algún que otro elle

Artículos del autor

Un loro multicolor suelta gracietas picaronas; un aterido gatito se deja secar amorosamente por su dueña tras caer «por descuido» a la piscina; un caballo camina con brioso gesto sobre una superficie de ascuas… Por lo general, no solemos reparar en la trastienda de este tipo de publicidad, quizá porque precisamente se trata de “simple publicidad”, al fin y al cabo la hermana menor de las artes escénicas. Pero trastienda la hay, sin duda.

La pasada semana estuvo protagonizada en lo personal por la pérdida de un familiar [muy] cercano. Un padre lo es, desde luego. Hacía mucho tiempo que no sufría de cerca una experiencia de este tipo. De pequeño yo creía a pies juntillas que la muerte es un esqueleto blandiendo una guadaña.

Supongo que, como sucede con tantas otras cosas, también esto va por modas. Me refiero a los llamados mercados medievales, que proliferan por doquier desde hace algunos años sin saberse ni la causa ni el porqué de tan advenediza afición, hasta el punto de que no hay población de cierta entidad que no celebre su feria anual, donde se supone se recrea con fidelidad la vida cotidiana de nuestros antepasados. 

Dicen que no hay bebé feo, y probablemente es cierto, aunque solo sea porque a un animalito así lo vemos tan desvalido y vulnerable que tendemos a dotarlo de todo tipo de gracias y virtudes: la estética, una de ellas. Hasta los más arrugaditos y con puchero permanente resultan graciosos, incluso si objetivamente pasan más por patata vieja que por humano neonato.

De nada sirve que la tele nos diga esto último y al tiempo que casi todos los incendios tienen huella humana, en forma de accidente o irresponsabilidad. Tendría que repensarlo, pero vaya, a bote pronto, me parece a mí que si es una cosa, mal puede ser también la otra.

Se trata de individuos que en su medio natural tienen vidas ricas, que ocupan buena parte de su tiempo en la búsqueda de comida o en organizar a la comunidad en la que se integran, que deben permanecer alerta ante la aparición de posibles peligros, o preparar la cacería.

Sucede a veces que realidades o escenarios complejos bien pueden resumisrse en una imagen, en un gesto, en un breve discurso. Esos flashes vienen solos, nadie los llama, simplemente suceden. Pero resultan poderosamente seductores, impresionan… y a veces deprimen un montón. Es el caso que hoy traigo a colación, y que tiene que ver con un especio temporal y con un escenario: un minuto, un mitin. Y también con la masa espectadora.

 
Quiénes somos  |   Sobre nosotros  |   Contacto  |   Aviso legal  |   Código Bonus México  |   Suscríbete a nuestra RSS Síguenos en Linkedin Síguenos en Facebook Síguenos en Twitter   |  
© Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto | Director: Guillermo Peris Peris