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Rafael Merino
Rafael Merino
El croata marcó un excelente tanto como rubrica final a una notable actuación individual guiando el juego y repartiendo dos asistencias en una victoria trabajada del Real Madrid.

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El Real Madrid sobrevivió a Sergio Ramos. A base de trabajo y paciencia, de remangarse en una noche de temperaturas frías, y ante una notable e infértil Real Sociedad. El capitán marcó el inicio con un despropósito de considerable tamaño. Su obsequio en forma de gol obligó al Real Madrid a remontar con goles de Benzema y Valverde, en sendas acciones aisladas y con sendas asistencias de Modric. Y ya con el encuentro convertido en un correcalles emergió una volea del croata como sello a su gran actuación individual y a una esforzada victoria del Real Madrid. Este martes aguarda otro compromiso de altura: el PSG en Champions League.


Obsequio de bienvenida; perdiendo desde el mismo vestuario. Así comenzó el Real Madrid en un encuentro de campanillas con la visita de la Real Sociedad. Un error garrafal de Sergio Ramos permitió desnivelar el marcador cuando apenas se habían consumido dos minutos. El capitán hizo una cesión incomprensible hacía atrás, impropia de su experiencia. Los pases atrás, al portero, y sin otear el horizonte son prohibitivos. Se aprenden en primero de fútbol. William José agradeció el regalo. Esta acción aislada heló al Real Madrid durante un buen tramo. Era un querer y no encontrar el camino.  


A esa contrariedad se sumó el buen hacer técnico y táctico de la Real Sociedad. El viento sopló a favor y eso animó su entendimiento del encuentro. Se descubrió un grupo muy cohesionado en base a Merino y Odegaard; ordenado y ambicioso en la presión defensiva y más agradecido en el toque del esférico, imprimiendo velocidad y dibujando transiciones rápidas con apenas dos toques de seguido. Entre esa acción aislada de Sergio Ramos y el buen posicionamiento de la Real Sociedad, el Real Madrid estaba tan plano en la creatividad, pese al encomiable esfuerzo de Modric y Hazard, como trabajador en lo colectivo, en la búsqueda de su opción.  


Esa opción apareció en forma de otra acción aislada. A balón parado. Modric templó un centro preciso al área, en donde apareció Benzema, quién con un escorzo consiguió, entre el hombro y el pecho, embocar el balón en el fondo de la portería. Era un premio al trabajo, a la insistencia. Y también al escaso colmillo de la Real Sociedad. El cuadro de San Sebastián se aturulló en los metros finales, y sólo se recuerda un disparo a bocajarro de William José con espléndida, y milagrosa, intervención de Courtois. El belga sigue creciendo, a lo que sumó otra meritoria parada con el encuentro resuelto.  


De Valverde a Bale 

Y en un encuentro caracterizado por las acciones aisladas, éste empezó a desnivelarse con otra acción caprichosa del fútbol. Una jugada sin aparente peligrosidad acabó en celebración de Valverde. El uruguayo, a pase de Modric, se animó a disparar desde fuera del área con la suerte de ver como Oyarzabal desviaba la trayectoria del esférico. Era el minuto dos de la reanudación. El encuentro entonces se transformó en un ida y vuelta, en un correcalles sin sentido. Una especie de locura temporal en donde apareció Bale. El galés fue abucheado desde la grada, aunque demostró su profesionalidad, y buen estado de forma, interviniendo con soltura en banda izquierda. No se escondió.  


Fueron minutos trepidantes hasta que el Real Madrid, mediante el buen hacer, otra vez, de Modric (bien secundado por Valverde, y gran ovación del público, y Casemiro) acabó por encontrar el gobierno, aprovechando un claro descenso físico de la Real Sociedad. Ya todo acabó cerrándose cuando Modric exhibió su preciosa volea tras una buena triangulación entre Bale y Benzema. Y entre alguna parada de Remiro y desajuste de puntería no se vieron más goles. Se certificó, en definitiva, una victoria tan convincente como esforzada del Real Madrid, aglutinando confianza antes de otra cita europea y recuperándose con soltura a un suicidio prematuro de Sergio Ramos. 

Artículos del autor

De poder a poder; de la inmejorable defensa y puntería del Real Madrid a un Barcelona más fajador y sustentado en sus secundarios y en el acierto desde el perímetro.

El Santiago Bernabéu, en su competición estrella, en una cita de Champions League, comprobó que tiene un diamante en Rodrygo.

Fue un Real Madrid centrado en defensa; un Real Madrid sin administrar fuerzas en la presión, tan asfixiante como ordenada; un Real Madrid muy ofensivo, con desbordes en bandas y muy asociativo entre todas sus líneas; un Real Madrid veloz en el toque del esférico; un Real Madrid con todo su arsenal de cara a portería (sus dos primeros disparos acabaron en la red); un Real Madrid, en definitiva, muy completo.

Se salvó una crisis; y se constató que era un Real Madrid, nuevamente, inestable: defensa escasa y sin fluidez ofensiva (15 puntos en el tercer cuarto).

Los minutos siguientes dejaron un atasco de dimensiones descomunales en el Real Madrid: 9 puntos en poco más de 7 minutos.

Pero este pensamiento se diluye en cuanto confluyen el Real Madrid y el Barcelona.

Avalancha de puntos y baloncesto de altos vuelos. Así se resume el excelente encuentro trenzado por el Real Madrid. Con ello, obtuvo, no ya una victoria tan aplastante como convincente ante Fuenlabrada, sino la recompensa de defender su corona de campeón de la Supercopa de España.

De lo contrario, los elogios serían, y también deben ser pese a la derrota, para un inspirado Marinkovic (17 puntos) y Brock (10 puntos), los más destacados de un Valencia que sucumbió al talento del Barcelona.

 
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