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Rafael Merino
Rafael Merino
El base del Real Madrid ofrece su enésimo recital con 23 puntos y 24 de valoración para acabar con un combativo Baskonia.

El Baskonia alcanzó el descanso con una media sonrisa. Sus opciones de conquistar la plaza de Madrid permanecían inalterables. Al tiempo de reflexión, el cuadro vitoriano sólo estaba a 8 puntos de desventaja con el Real Madrid. Escaso margen, tanto para unos como para otros. Para los vitorianos porque era una de las mejores noticias; para los blancos porque se mezclaban sensaciones contrarias. El Real Madrid marcó un mejor ritmo sin alcanzar la ruptura del segundo encuentro europeo de la semana.


En Milán, descanso; en el Palacio, Llull volvió a marcar una exhibición. Anotadora y de liderazgo. Sin grandes alaracas, el jugador franquicia del Real Madrid dejó otros enormes minutos para su álbum de recuerdos. En poco más de 13 minutos, el base de Mahón dejó unos números de impresión: 15 puntos (8 de ellos de seguido) y 16 de valoración. Nadie tuvo la receta de saber echarle el freno, y algunos como Voigtmann se llevan de recuerdo una rotura de cintura. En resumen, una suerte que Llull se mantenga fiel al Real Madrid. Un disfrute para el buen paladar de baloncesto.

Otro que está en esa senda en Randolph. El americano, con pasaporte esloveno, certificó su clara mejoría en comparación al curso anterior. Sus 8 puntos y 9 de valoración en 10 minutos ofrecieron continuidad al reto de Llull. Lo mismo puede decirse de Campazzo. Dos triples e intensidad máxima durante sus minutos en juego. O cuando Rudy acudió a su cita con sus triples. O cuando Tavares intimidaba en defensa. El Real Madrid estaba en ebullición.

Sin embargo, ese grado de intensidad no se reflejó en el marcador, más allá de los 10 puntos de diferencia. El Baskonia se mantuvo en pie después de un parcial de 15-5 (de un 19-19 se pasó a un 34-24) y alcanzó el descanso con opciones cuando pareció despeñarse en cualquier curva. Se mantuvo porque apretó en defensa y porque entre Huertas y Garino respondieron a los puntos blancos. En consecuencia, esos 8 puntos menos suponían una media sonrisa, más porque estaba huérfano de sus nuevas estrellas (Shields e Hilliard). La misma que lucía el Real Madrid, que estaba en el camino correcto sin dibujar el demarraje definitivo.

A esas sensaciones se añadió la tensión del marcador. Y del discurrir de los minutos. El baloncesto siempre combina muy bien con estos ingredientes. Al Madrid le empezó a costar anotar puntos, huérfano, ahora, de la fuente de inspiración del arranque. Y enfrente, los vitorianos se encomendaron a las musas de Vildoza y Janning. Todo ello sin una gran aportación de Shengelia. Otro dato alentador para el Baskonia. En menos de 8 minutos, todo estaba más ajustado: 65-63. Lo que parecía un alivio para el Baskonia era realmente un mal presagio. El Real Madrid se mueve como pez en el agua en esos ambientes.

Rudy y Tavares, su sello
Apareció Llull. Sí. Nuevamente. Llull se marcó dos triples consecutivos (para sumar 21 puntos), a los que se sumaron una canasta de un notable Causeur (11 puntos en el tercer cuarto) y un par de buenas defensas. La mecha se encendió y el cuarto se cerró con un 74-67. Es decir, la vida como al descanso y con 10 minutos menos por jugarse. Tres minutos después, el Madrid daba la sensación de sentirse holgado (81-72), de adentrarse en ese tramo del encuentro donde sin saber cómo era capaz de cerrar cualquier encuentro. Incluso ante un combativo Baskonia. Deben ser esas musas, y esa defensa, que tan bien lucen en el Real Madrid.

A poco más de 5 minutos, Rudy y Reyes (todo coraje) pusieron la mayor diferencia: 86-75. La media sonrisa empezaba a ser sonrisa plena en el Real Madrid. Faltaba el sello, y éste lo pusieron a medias entre Rudy Fernández (14 puntos y 14 de valoración) y Tavares (7 puntos, 11 rebotes y 19 de valoración). Así llegó el tercer triunfo en otras tantas jornadas de la Euroliga de la defensa de la corona. Ya saben hace 50 años que no se consigue esa proeza. Un reto para Laso y sus chicos. Y para Llull, artífice de la victoria blanca sobre el Baskonia. Porque Llull marcó su territorio en Europa.

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Nada cambió en el cuarto final, el Real Madrid administró sus ventajas y sus tiempos hasta finiquitar su victoria, el triunfo que le permite igualar la serie antes de desplazarse a Vitoria, adonde llegará con la moral en máximos tras dibujar un espléndido encuentro de baloncesto, con una exhibición de poder defensivo y de anotación.

Empecemos este relato, el del segundo triunfo del Real Madrid en la serie de semifinales contra el Gran Canaria, con dos datos históricos: Laso sumó su victoria 414, lo que le sitúa a la altura de los registros de Pedro Ferrándiz; el otro número tampoco es menos importante y con Reyes como protagonista, al disputar su encuentro 756 en ACB, los mismos que Rafa Jofresa.

El Real Madrid se proclama campeón de Europa de baloncesto por décima vez en su historia con una sólida victoria (85-80) este domingo ante el Fenerbahce, en un partido donde los de Pablo Laso secaron al plantel de estrellas del defensor del título.

El austriaco, con 24 años y número 7 del mundo, apenas ejerció oposición y firmó su segundo subcampeonato consecutivo en Madrid, tras su derrota ante Nadal en la anterior edición.

Un encuentro donde el Real Madrid no sólo ganó un encuentro y se impuso con una soberana autoridad al Panathinaikos; sino que se trató de un partido que premia al conjunto blanco con un billete a la Final Four de Belgrado; será la sexta presencia en las últimas ocho temporadas y después de superar el factor cancha en contra con el mejor antídoto: Sergio Llull.

 
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