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Rafael Merino
Rafael Merino
El club blanco vuelve a reinar en Europa tras imponerse en una final ajustada al Feberbahçe de Obradovic y ver coronado a Doncic como MVP de la Final Four de Belgrado.
Fotonoticia 20180520221039 640Del blanco del Real Madrid a la ciudad blanca de Belgrado. La ciudad balcánica ya cuenta con un sitio en la historia del baloncesto blanco. La Décima Copa de Europa se alzó al aire de Belgrado, después de un recorrido sinuoso durante ocho meses, tiempo en donde el Real Madrid se sobrepuso a percances físicos (léase el no contar con Llull), a momentos de dudas deportivas y encontrarse con el factor en contra (en el cruce con el Panathinaikos) y con adversarios tan poderosos como el CSKA, en semifinales, y el Fenerbahce, el otrora campeón continental y entrenado por el druida por excelencia, Obradovic. La Décima de Belgrado será también la décima de Doncic, el MVP de la temporada y de la final, de Causeur, Rudy y Tavares, entre otros. Pero la Décima será considerada como otro éxito de un hombre que cambió la historia del baloncesto del Real Madrid: Pablo Laso.

Antes de detallar los pormenores de un encuentro disputado, además, con todo el ambiente en contra (cerca de 12.000 aficionados turcos), conviene detenerse en el banquillo, el orfebre de un grupo familiar, competitivo y campeón. De esos grupos corales que nunca se dan por vencidos. Sí, el artífice de estos grandes momentos deportivos es Pablo Laso. Desde su aterrizaje en junio de 2011, el Real Madrid suma 14 trofeos en 20 finales disputadas de 28 posibles. Es decir, con Pablo Laso se han conquistado dos Euroligas, tres Ligas Endesa, cinco Copas del Rey, tres Supercopas y una Intercontinental. Lo que significa que el técnico vitoriano ha construido un grupo de leyenda. Y valga un último dato: en sus 7 cursos al frente del club se han conseguido más títulos que en 25 temporadas anteriores. Y no sólo es cuestión de copas, sino que Laso ha recuperado el baloncesto preciosista para Madrid.

Desde 1980 el Real Madrid no conquistaba Europa lejos del territorio español, ya que sus dos últimos reinados europeos se cimentaron en Zaragoza (precisamente con Obradovic como entrenador) y en Madrid, ya con Laso al frente. De esa última final, que data de 2015, aún pervive el núcleo fuerte, con jugadores como el incombustible Reyes, Rudy Fernández, Carroll, Ayón, Campazzo (aunque con una cesión en Murcia) y, cómo no, con Sergio Llull, cuyos sueños europeos acabaron bien, con la consecución de la décima. Precisamente esos sueños siempre confluyen en Belgrado, como sucedió con la séptima del baloncesto, con Lolo Sainz al mando.

Rudy, Causeur y Tavares, valiosos
Entonces, en aquellos tiempos, el Real Madrid también vivió un final de infarto. Un rebote de Szczerbiak firmó otro éxito europeo. En esta ocasión, también hubo tanta tensión como antaño. Hasta los segundos finales ningún madridista respiró con alivio, sintiéndose nuevamente rey de Europa. Los tiros libres de Causeur, añadido a la cuenta atrás del crono, mantuvieron las distancias y permitieron el desquite del francés, que unos momentos antes había errado otros dos tiros libres, remendados por un rebote histórico de Thompkins, tan valioso como el de Szczerbiak. El escolta francés, no obstante, firmó un final de auténtico líder. Su puesta en escena durante el tercer acto fue sencillamente para enmarcar, con 12 puntos seguidos y una buena renta: 63-55.

Tampoco conviene olvidarse de los rebotes y puntos de Reyes. O de la defensa intimidatoria de Tavares. Ni mucho menos de la defensa y pundonor de Rudy Fernández y Taylor durante el segundo cuarto. Fue ahí cuando el Real Madrid gozó de su primera ventaja: 25-17. Quizá en esos momentos se hubiera acabado el encuentro de no emerger la puntería de Melli. El italiano supuso un quebradero de cabeza. Hizo 28 puntos y sostuvo a los turcos en sus momentos más críticos. Porque Vesely apenas estuvo al estar condicionado por las faltas; Ali tampoco estuvo a su nivel debido a la defensa blanca y Wanamaker estuvo intermitente. A pesar de todo, el Fenerbahce creyó en la remontada hasta los segundos finales. Afortunadamente no sucedió.

Y no sucedió porque desde ese tercer cuarto, el Real Madrid se manejó con soltura. No hubo titubeos y un triple de Carroll firmó los diez puntos de ventaja (71-61). Si el ataque funcionaba, la defensa era una verdadera tela de araña, en la cual se acabaron de enredar los turcos hasta hincar la rodilla ante el nuevo rey de Europa, el Real Madrid, el Real Madrid de Laso, el Real Madrid de Doncic. El esloveno, próximo a irse a la NBA, estuvo acertado al comienzo con puntos importantes en el impulso iniciar turco y luego estuvo intermitente, aunque nunca perdió la cara al encuentro, tanto en la dirección como en los puntos que aportó al final. Marcó su territorio; reafirmó su gran curso europeo. Si Causeur (17 puntos) encendió la mecha con Reyes, el esloveno marcó la continuación hasta proclamarse MVP de la final, firmando así un doblete histórico a sus 18 años después de ser nombrado MVP de la temporada. Y así es como el Real Madrid de Laso se coronó en Europa, con su Décima Copa del Europa.

Ficha técnica
Real Madrid (85) Campazzo (3), Doncic (15), Causeur (17), Reyes (6) y Ayón (4) --quinteto inicial--; Llull (5), Randolph (3), Rudy Fernández (5), Taylor (3), Thompkins (10), Carroll (9) y Tavares (8).
Fenerbahçe (80): Wanamaker (14), Guduric (-), Kalinic (7), Duverioglu (8) y Vesely (3) --quinteto inicial--; Melli (28), Sloukas (7), Datome (6), Thompson (-), Ali (7) y Nunnally (-).
Parciales:21-17, 17-23, 25-15, 22-25.
ÁrbitrosLamonica (ITA), Ryzhyk (UCR), Latisevs (LET). Eliminaron por faltas personales a Doncic y Llull por parte del Real Madrid. Y a Vesely en Fenerbahce.
Pabellón: Stark Arena, 16.967 espectadores.

Artículos del autor

El austriaco, con 24 años y número 7 del mundo, apenas ejerció oposición y firmó su segundo subcampeonato consecutivo en Madrid, tras su derrota ante Nadal en la anterior edición.

Un encuentro donde el Real Madrid no sólo ganó un encuentro y se impuso con una soberana autoridad al Panathinaikos; sino que se trató de un partido que premia al conjunto blanco con un billete a la Final Four de Belgrado; será la sexta presencia en las últimas ocho temporadas y después de superar el factor cancha en contra con el mejor antídoto: Sergio Llull.

Les fallaron sus jugadores; en consecuencia, el Barcelona se proclamó campeón de la Copa del Rey por incomparecencia del Sevilla.

El Joventut se aprovechó de tal circunstancia, con canastas relativamente sencillas, y hasta se sacudió la presión del que se sabe con el agua al cuello.

No hubo nada más que exponer la receta con la que España se hizo un puesto en el Olimpo del fútbol, y que parece haber rescatado, pulimentada y rejuvenecida de cara a su comparecencia en Rusia.

Pero el verdadero foco estará arriba, en la delantera: Diego Costa, Rodrigo (valor al alza) y Aspas deberán mostrar sus virtudes para ser ese delantero centro que tanto se echa en falta en España.

Al descanso, el Valencia acabó mandando en el marcador (38-35) al mutarse extrañamente el rumbo: el Real Madrid falló desde el perímetro (1 de 12 intentos; sólo convirtió Thompkins) y el Valencia demostró su eficacia en el tiro de dos puntos: más de la mitad de sus tiros acabaron dentro (55% contra un 42% desde el triple).

Con esa ventaja, el Real Madrid se manejó con solvencia (y sólo sumó un triple más a los dos conseguidos en los dos primeros cuartos) hasta cerrar el cuarto con mayoría en el marcador; aunque, en ningún caso, inalcanzable (64-55).

 
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