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Manuel del Pino
Manuel del Pino
Cuentos de sor Consuelo
Tomás era un niño de apariencia normal, pero arrastraba fracaso escolar, problemas de relación con los demás, ansiedad y depresión. El psiquiatra le mandó pastillas que le dejaban apático. Se pasaba el día dibujando monigotes. A veces, los compañeros se burlaban de él en el instituto de los Maristas y se largaba a casa enfadado.

La psicoterapia no hizo desaparecer el mundo, ni su vida cotidiana; no estaba surtiendo efecto. Si Tomás no tenía cuidado, se pelearía todos los días con compañeros, hasta con profesores y volvería a casa a reventar de disgustos.

El caso llegó a oídos de sor Consuelo. Ese otoño había retiro espiritual en el convento María Auxiliadora y la monjita encargó a Tomás el dibujo de los carteles.

─Jamás lo conseguiré ─dijo Tomás─. No sirvo para nada.

─Ya lo creo que sirves ─repuso sor Consuelo─. Pregúntale a Dios.

Tomás comenzó a rezar en la capilla del convento y la iglesia de San Pablo. Esa fue su mejor terapia en el futuro. Poco a poco, a través de su relación con Jesús, adquirió más confianza en sí mismo, y gracias a sus charlas con sor Consuelo.

Dibujó preciosos carteles para el retiro espiritual de ese otoño. Al acabar el bachillerato, su vida cambió. Estudió diseño gráfico y encontró trabajo enseguida.

Artículos del autor

Había un joven obsesionado con la política, hasta el punto de que descuidaba sus estudios, espantaba a las chicas y a sus amigos. Siempre tenía excusas, oyendo noticias nacionales e internacionales, para desgañitarse y escandalizar en público.
Mario sufrió un accidente de moto cuando tenía 16 años e iba al instituto de los Maristas. Se recuperó bastante, pero no volvió a andar bien.
En clase de sor Consuelo, la mayoría de las chicas eran alegres, pero no todas. Sin motivo especial, con una pobre muchacha se había cebado el infortunio.

Sor Consuelo abrió el sobre, leyó despacio y volvió a dejar los papeles en la mesa.

La monjita sacó del bolsillo de su hábito un pequeño cómic colorido de Spiderman y se lo doy al niño, preguntándole: ─¿Sabes lo que tienes que hacer?

Esas certeras palabras calmaron más a la familia que después los psicólogos.

Cuando sor Consuelo iba a Barcelona, hacía obras de caridad en Las Ramblas, donde hay también muchas necesidades ocultas tras la multitud de tiendas y de turistas, en Carrer Tallers o en Carrer Portaferrisa por ejemplo.
Supongo que no he sido la única en darse cuenta de que hace años La 1 pone películas alemanas por la tarde, sábados, domingos y hasta entre semana.
 
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