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Jaime Fúster Pérez
Jaime Fúster Pérez
Reflexionemos sobre el problema de violencia de género, pues ahí es donde más encaja lo de los machistas
Ya hace mucho que sostengo que a los machistas los hacen, aparte del sexo, la educación recibida o sea sus padres, las familias, el ambiente pero principalmente sus madres.

Aunque seguramente era imprescindible sorprende que se haya empezado haciendo una ley que no respeta el artículo 14 de la Constitución:

“Los españoles son iguales ante la ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquiera otra condición o circunstancia personal o social” (la negrita es mía).

Si somos todos iguales ante la ley ¿Por qué si yo maltrato a mi esposa cometo un delito y si ella me maltrata a mi, y lo hace exactamente de la misma forma y manera, tan sólo comete una falta?

Creo que tampoco se ha tenido en cuenta la EVOLUCIÓN de nuestra ESPECIE.

Nadie, o pocos, han pensado: ¿Por qué son más altos los hombres? ¿Por qué tienen más fuerza y corren más? ¿Por qué son más agresivos?

Quizás porque han sido los HOMBRES quienes a lo largo de todos esos millones de años, han sido los que tenían que correr, cazar o subir a los árboles a coger los frutos. Quizás también desarrollaron más agresividad y rapidez de respuesta, porque tenían que LUCHAR para defenderse o defender al grupo, al poblado, a las cabañas o chozas de los ataques de los depredadores o de los enemigos o, incluso, para atacar a aquellos de cuyas propiedades o ganados quisieran apoderarse.

Y ¿qué ha ocurrido con las MUJERES durante esa EVOLUCIÓN?
Que se han tenido que embarazar casi continuamente, como principal acción exigida por la ESPECIE.

Analizando lo del EMBARAZO, a los HOMBRES les suponía, y les supone, un esfuerzo y un aporte mínimos. Seguramente era lo deseable para la Especie, por una parte para lograr otros embarazos casi de inmediato y por otra para que, por ello siguieran igual de ágiles, fuertes, veloces, agresivos, como necesitaba el grupo, la especie, ellos… y… también ellas.

Por el contrario las MUJERES que llevaban consigo los embarazos, progresivamente más voluminosos y pesados, estaban cada vez menos ágiles, más frágiles y necesitadas de apoyo y eso durante muchos meses, tanto antes como despues de los partos y precisaron de forma repetida y durante ese tiempo de apoyo, protección y cobijo (¿la cueva? ¿cabaña o choza?). Su vida se fue centrando más en atender al grupo, primar cuidados, establecer acuerdos, formar familias, enseñar y proteger a los hijos; incluso en buscar más embarazos dado su claro instinto maternal (otra exigencia de la especie).

Las consecuencias de esos cambios especialmente en lo fisiológico, dieron lugar a dos modelos de humanos uno LOS FUERTES y otro LOS DÉBILES.
Eso tuvo una natural y gravísima consecuencia:
Que unos hayan sido DOMINADORES y los otros DOMINADOS.
Así hemos vivido desde los prehomínidos. ¿Dos millones de años? Mucho más.

Además las Culturas han potenciado con sus reglas esas diferencias, como es normal.
En la Biblia, en el Éxodo, el mandamiento que equivale al que conocemos como el noveno de la Ley de Dios dice:
“No codiciarás la casa de tu prójimo, ni la mujer de tu prójimo, ni su siervo, ni nada que sea de tu prójimo, ni su sierva, ni su buey, ni su asno” (la negrilla es mía).
Se considera a la mujer como propiedad del varón, no se vislumbra igualdad ninguna.

Y de parecida forma lo han enfocado en otras culturas, en algunas aun más diferenciado.

Hoy aspiramos a la IGUALDAD DE DERECHOS, de la que sí habla la Constitución y, aun más, a que sea una igualdad completa, real, habitual, en la convivencia, cotidiana, normal para TODOS LOS HOMBRES y MUJERES.

Pero pensar que tras los cambios y adaptaciones de la EVOLUCIÓN, vivida por nuestros antecesores durante millones de años, pueda ser ESE OBJETIVO alcanzable, simplemente diciendo:
“Es que ahora, como somos civilizados, hombres y mujeres somos iguales” es, como poco, una ingenuidad.

Pese a todo está claro que ese ha de ser el objetivo a lograr.

RECIENTEMENTE alguien creo que relacionado con la Generalidad Valenciana, seguramente con la idea de dirigirnos hacia ese TODOS SOMOS IGUALES (que ellos si que saben que es lo que realmente nos conviene a todos), sugirió en la prensa que se suprimiera lo del rosa y azul para la ropa de niñas y niños, sosteniendo que las diferencias se producían por motivos culturales. O sea que igualando los colores irían desapareciendo las diferencias chico-chica existentes y los machistas se irían atenuando.

No sabía quien lo propuso o no le pareció oportuno acordarse, si es que alguna vez lo había sabido, que el fenómeno que se llama sexuación (determinación del sexo) aparece en los fetos humanos en la octava semana del embarazo.
La neuropsiquiatra norteamericana, Louan Brizendine en su libro “EL CEREBRO FEMENINO” al hablar de esa determinación cuando se va a definir a un feto como varón, dice (página 35):
“En la octava semana se registrará un enorme flujo de testosterona que convertirá este cerebro unisex en masculino…”

Eso no es cultural, es GENÉTICO.

Unas páginas antes cuenta la siguiente anécdota:
“…una paciente suya regaló a su hija de tres años y medio muchos juguetes unisex, entre ellos un vistoso coche rojo de bomberos en vez de una muñeca. La madre irrumpió en la habitación de su hija una tarde y la encontró acunando al vehículo en una manta de niño, meciéndolo y diciendo: No te preocupes camioncito, todo irá bien”. Decía yo más arriba que además del condicionante genético, está la influencia de las familias y señalaba que lo eran en especial las MADRES, ya que sabemos que prácticamente el cerebro de un niño de 36 meses es el ochenta por cien de lo que será de mayor.
La pregunta es: ¿Quién ha estado principalmente con él durante ese período inicial? ¿De quien procede la mayoría de la información que ha ido recibiendo? ¿Las costumbres que ha ido adquiriendo? Podríamos decir ¿De quien proceden sus principios?.

En mi juventud hace años, lo normal en las casas era que fueran las chicas las que ponían y quitaban la mesa, recogían la cocina, hacían las camas, incluso era frecuente que madres o hermanas sirvieran a sus hijos, o hermanos varones, durante las comidas.

Hace algo más de cincuenta años en nuestro país, una mujer no podía abrir una cuenta bancaria sin el permiso expreso y por escrito de su marido, creo recordar que firmado ante notario.

Aun ahora es corriente entre muchas madres normales que hablen de sus hijos varones diciendo algo así como: “A mi me hace gracia ese machismo que le veo”.

Terminaré con una ANÉCDOTA de hará algo más de veinte años.
Estábamos en un Camping varias familias amigas, cada cual con su tienda o caravana. Desde la mía, veía lo que pasaba en la especie de patio común que formábamos. Nuestros hijos adolescente mayorcitos iban a ir esa noche a bailar, cerca del camping.
Cuando salía la hija de uno de los vecinos, de unos 19 años, oí que la madre le decía: “Cuidado que hay por ahí mucho lagartón que lo único que quieren es aprovecharse de vosotras”.

Pensé en mi fuero interno, que era una buena advertencia.

Un ratito después iba a salir el hermano de aquella chica, un año menor. Y la madre, la misma, le dijo:
“Anda a ver si tienes suerte y te ligas a alguna, que con lo guapo que estas no se te va a negar a nada de lo que les pidas”.

Aun ahora me sigo asombrando, era una familia formal, ordenada…pero…Sigo insistiendo en que culturalmente a los MACHISTAS los hacen más las madres, en general.

La CONCLUSIÓN es que si, como parece ser, es de desear esa la igualdad, hay que saber que lo GENÉTICO está y para que en eso haya un cambio se precisan años. ¿Cientos, miles? Desde luego, no meses.

En cuanto a lo CULTURAL son las familias, los PADRES por su ejemplo que es el que imitan consciente o inconscientemente los hijos varones y, como he dicho, las MADRES porque son las que están con los hijos e hijas en los primeros meses de su vida, cuando adquieren las bases de su formación, los que han de estar convencidos, demostrarlo con sus vivencias, ser capaces de presentar a esa igualdad como deseable y alcanzable, como buena y posible y tratar de que se vea así porque así se vive en la propia familia, sin dudar, sin diferencias como un gran acuerdo de la familia entera, presentándolo como lo mejor.

Las tareas, las ventajas y los deberes han de ser iguales para todos, sin excepción.

Todo lo demás, lo que se esta haciendo, que es imprescindible, tan sólo consiste en poner parches a un problema mucho más complejo y muchísimo más amplio.

Enfocarlo sólo como algo a evitar porque puede ser castigado no es el camino.

Lo bueno sería lograr que se considere deseable, posible y que eso ocurra en todos los que formamos nuestra sociedad y que supiéramos imbuirlo a todos nuestros niños y niñas desde los primeros momentos de sus vidas.

Incluso que las palabras machista y feminista pasaran a ser infrecuentes.

Artículos del autor

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