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Jaime Fúster Pérez
Jaime Fúster Pérez
Cuando pasan cosas horribles como lo Manchester y El Cairo me pregunto: ¿Qué hay detrás de tantos muertos inocentes? Niños, adolescentes, padres, peregrinos. Religiosos o no.
Y si trato de hacer una reflexión histórica, no solo actual, pienso que en todas esas cosas horribles que ocurren y han ocurrido en los últimos siglos suele haber una base filosófica: Que algunos han considerado que estaban en posesión de la verdad y que esa verdad partía de Dios y Dios era infalible.

En defensa de la supervivencia general he de insistir en lo que ya afirmé en estas páginas: “Que el hombre sea obra de Dios es probable, que Dios es obra del hombre es seguro”

Y repasando, con la angustia actual de no entender, encuentro que también a lo largo de la historia aparecen en todos esos casos límite, terribles hasta el punto que rememorarlos nos ocasionan tal horror que crece nuestra ansiedad a unos niveles inusuales. Tanto que nos es preciso quitárnoslos del pensamiento porque sinó nos ocasionaría tal vuelco interior que nos obligaría a vomitar. Si he dicho vomitar para en esa respuesta de la Ansiedad ante un peligro para sobrevivir poder quitarnos peso del cuerpo que nos permitiera así correr el máximo, huir, huir y huir más, alejándonos de este mundo tan horrible, tan cruel, tan inaceptable que no podemos llegar a entender.

Detrás, en su base, siempre aparece un concepto conocido y seguramente aceptado y aceptable para los autores de esas crueldades y para los suyos, quizás ni siquiera para la mayoría, pero sí aunque sea para algunos, las VERDADES REVELADAS.

Aun aceptando la existencia de DIOS, como máximo y único creador, omnipresente y omnisciente, poseedor por lo tanto de la verdad, me surge de forma insuperable la DUDA, desde luego no sobre Él sino sobre aquellos, hombres a fin de cuentas, que creen y han dicho haber recibido esas VERDADES REVELADAS.

Me cuesta aceptar a un DIOS que no sea creación, amor, cobijo, abrigo. Me cuesta creer en un DIOS que no sea claramente maternal para TODOS, con esa idea que casi todos compartimos de lo que significa MADRE.

Siempre ha ocurrido así, en cualquier lugar del mundo, en todas las creencias, alguien, una persona, a veces varias, dicen haber visto a la Virgen, a un Santo, a un ángel que les ha dicho lo que sea o a DIOS que les ha dictado esa VERDAD a la que hacen pública y presentan y viven como incuestionable.

Puestos a referirnos a DIOS, no dudo de Él como emisor de esas verdades, mi DUDA está siempre en el receptor, en quien cree y dice haberlas recibido. Acepto su honestidad y que él lo haya percibido como real, pero ahí termina todo porque aunque él lo crea, es a lo más a que puede llegar. Su seguridad está en que él lo ha percibido, visto, escuchado, sentido, pero no en que realmente haya existido ese emisor, ni siquiera en que haya entendido concretamente lo que el emisor sostiene.

Soy psicólogo, ya hace muchos años y he tratado de conocer al hombre, he colaborado con muchos como pacientes y también he hablado con especialistas de estos campos sobre casos. He leído, estudiado, discutido, escuchado cuanto he podido sobre el hombre. Sé, al menos como la mayoría y desde ese saber común razonamos.

Está claro que nuestro cerebro vela por nuestra vida y nos dice lo que en cada momento nos conviene para seguir sobreviviendo y que con frecuencia le cuesta distinguir entre lo real y lo imaginado.

Por ello, cuando la única fuente de verdad es quien lo cuenta, no puedo evitar la DUDA, duda que creo saludable, porque me pone más en contacto con la realidad, me acerca más a los demás, a colaborar. Considero a esa DUDA beneficiosa porque desde ella , me sería imposible pasar a la ejecución de ninguna acción sin marcha atrás, sobre la que después no pudiera rectificar, ni recomponer.

Generalizando podemos decir que conocemos qué es, cómo es, cómo vive y cómo actúa el hombre, también qué dolencias padecemos en nuestro cuerpo y claro está en nuestra mente, algunas muy manifiestas y otras más ocultas.

Recordemos que la caída del caballo de Saulo de Tarso, su ceguera de varios días posteriores, se ha atribuido a una crisis epiléptica, hasta el punto de que a la epilepsia se la llamó en Irlanda la “enfermedad del Santo Pablo”. Esta afirmación aunque cause indignación a muchos, no invalida la forma de actuar de ese santo, pero nos lo muestra aun más como hombre y nos lo presenta como falible y realmente todos somos falibles, incluso aquellos que pueden “hablar excatedra”. De todas formas lo podemos valorar, como a todas las personas, con una frase evangélica: “Por sus obras los conoceréis”.

Sigo en mi incomprensión actual y en mi DUDA y pienso que cada persona es en si misma en quien tiene mayor confianza, de quien más se fía, de quien más seguro está. Pese a esa seguridad si usted o yo, percibimos la presencia de una figura nueva, un ángel o un resplandor, oímos una frase a cuyo autor no identificamos o escuchemos con toda claridad una voz que nos diga: “Soy Dios” seguido de algo que nos parezca bueno para toda la humanidad, seamos humildes, dudemos de nosotros mismos, consultemos con nuestros mayores o con otras personas. Y si pese a todo seguimos con la duda pidamos hora a un psiquiatra.

Al final y aunque sea para coincidir con la marcha de la vida, del tiempo, de la historia y diría también de la ciencia he de confesar que a las VERDADES REVELADAS prefiero las VERDADES RELEVADAS.

Artículos del autor

Cuando un hombre o mujer elige una profesión, la de SOLDADO, para la que explícitamente ofrece que el interés de su patria se antepone absolutamente a su propia vida, lo primero natural e instintivo que defienden todos los seres vivos.
El 19 de febrero pasado, en este diario, empecé un artículo titulado: “¡Dios mío!”, con la siguiente frase: “Que el hombre sea obra de Dios, es probable, que Dios es obra del hombre es seguro”.
Ya hace mucho que sostengo que a los machistas los hacen, aparte del sexo, la educación recibida o sea sus padres, las familias, el ambiente pero principalmente sus madres.
Era miércoles, caminaba hacia el autobús, tropecé con una piedra, no me caí, ni di un traspiés, sólo tropecé y dije para mi: ¡Dios mío!
Recuerdo lo que mi amigo, el entendido en agricultura, árboles y naturaleza me explicó hace nada, en diciembre de 2016, cuando le pregunté por qué había ocurrido y me respondió: simplemente eran pinos sobreprotegidos.
Se ha vuelto a poner de moda hablar del COPAGO en nuestro Sistema de Salud, seguramente el mejor del mundo.
Ayer seguí por la TV varias de las Cabalgatas de los Reyes Magos que se transmitían. En conjunto me gustaron más que las del año pasado, las vi en general más humanas, mas cerca de lo que siempre habían sido.
Tras mi primer articulo en este Diario la semana pasada, pedí a mis amigos que lo leyeran y me lo criticaran.
 
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