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Francisco J. Caparrós
Comunicación positiva
Francisco J. Caparrós
¡A saber cómo vamos a salir de esta!
En el hipotético supuesto de que pudiera inquietarme de algún modo la indisoluble unidad del territorio patrio que pregona nuestra constitución, y por ende estuviese dispuesto a jugarme el resto por ella, de ningún modo habría derivado de otras regiones hacia Cataluña efectivos policiales que no han hecho otra cosa que encabronarla, todavía más si cabe. Eso, para empezar, porque deliberada o no, la solución elegida por el gobierno español para intentar ganarle la batalla al independentismo, deja en entredicho su capacidad para superar sin traumas problemas de ese calibre.

Salvo que sus verdaderas intenciones fuesen provocar una escisión que incidiese en las diferencias y agriase, todavía más, las posturas hoy irreconciliables tanto de unos como de otros, el tiro les ha salido por la culata. Esa es mi humilde opinión y la de muchos demócratas cautos que, con razón me temo, han podido verle las orejas al lobo de la intolerancia de unos y la indiferencia de otros, que llevó al continente europeo a darse de hostias en un pasado no tan lejano como para haberlo olvidado.

Tampoco declaraciones vehementes, sin otro contenido que la fanática incitación al enconamiento, días después de aquellos crudos acontecimientos de infausto recuerdo para todos, pero en especial para los protagonistas de una y otra parte, de ningún modo pueden conducir a una resolución consensuada de la situación. Sobre todo cuando, a mi juicio, ninguna de las dos hasta ahora parece haberla buscado con verdadero interés por llegar a un principio de acuerdo que, cuando menos, no les perjudicase.

Con su obcecación, Puigdemont ha confirmado que sus paisanos le importan más bien poquito. No ha sido a él, después de todo, ni a nadie de su familia o entorno próximo intuyo, a quien le han abierto la cabeza de un porrazo, dejado tuerto tras el impacto de una pelota de goma, o fracturado un par de costillas de un puntapié. Pero su quimera no exime de responsabilidad a la otra parte, que ha dado muestras por enésima vez de que su cargo institucional, el que ocupa desde hace ya prácticamente seis años, cuando una confluencia accidental de circunstancias tuvo lugar en el horizonte parlamentario, le viene grande; constatando, así, lo que todos sabíamos que estaba a punto de acontecer pero que nadie hizo nada por desbaratar: que se saldaría con cuatro años más de displicencia mariana en la Moncloa.

Artículos del autor

Me contraría que Change, que para el que aún no lo sepa se trata del portal que apadrina campañas solidarias por internet, se atreva sin más a pedirme que estampe mi rúbrica para que Hacienda le condone una deuda millonaria a Cristiano Ronaldo.
Ni estuvo aquí en el pasado, en la isla mediterránea desde donde yo secularmente envío los artículos de opinión que Siglo XXI tiene la gentileza de publicarme, ni lo estará nunca.
Circulan con peculiar fuerza estas últimas semanas determinados rumores que afectan a nuestro rey emérito, cuya veracidad lamentablemente nadie con conocimiento de causa ha salido a la palestra, bien para rebatir o de lo contrario para corroborar.
No es que andemos exageradamente faltos de ideas en este bendito país, pero la mayoría de ellas responde tan solo a lucubraciones que después acaban en nada.
Con una gripe de dimensiones estratosféricas incubándose en mi organismo, no resulta nada sencillo escoger con cierto criterio el tema sobre el qué escribir en el artículo de esta semana.
Por mucho que les pese a todos aquellos que el viernes pasado, no sin razón por su parte quiero aclarar, lanzaron un órdago como repulsa contra la entronización de Donald Trump en el cargo de nuevo presidente de los Estados Unidos de Norteamérica, tendrán que aceptarlo.
Parecen reducirse de manera notable las posibilidades del bueno de Pedro Sánchez para retomar la dirección de la secretaría general de su partido.
Todavía haya gente de dieciocho en adelante que ignore que en los primeros años del segundo tercio del siglo XX tuvo lugar una sangrienta conflagración fratricida que dividió a España
 
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