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Cristian Iván Da Silva
Cristian Iván Da Silva
Elementos para un liderazgo presidencial objetivo

“El articulo busca ofrecer un analisis de lo que se considera un liderazgo presidencial objetivo frente a un factor externo de la dinámica política: una pandemia”

Cuando el pasado 12 de marzo del 2020, la OMS llamó a todos los países a tomar una "acción urgente y agresiva" ante el problema del COVID -19 y su Director General Tedros Adhanom Ghebreyesus expresaba que se trataba de una Pandemia, no imaginábamos que las atenciones pudieran estar puestas en la dinámica no solo del problema sino que también tendría mucho que ver en él el rol del liderazgo presidencial.

Antes de proseguir, aclaro que en este artículo la noción “liderazgo presidencial” será abordado de un modo objetivo, como una categoría más del analisis político, el cual se consustancie con una aproximación – al menos lo intentará – de la política estricta, más ligada a la ciencia política; esto es, pudiendo ofrecer marcos teóricos – explicativos que soslayen, con intención, las meras posiciones partidarias o de color político.

Esto, en virtud de que cada gobierno del orbe ha asumido diferentes medidas y cada región en particular entraña un modo distinto de gobernar. Sin embargo, muchas de las aproximaciones que haré, teóricamente hablando, podrán ser replicadas en las coyunturas de las decisiones particulares y se aproximaran, a su vez, al liderazgo en el caso del Presidente argentino, Alberto Fernández, para procurar una sola cosa: la distinción objetiva del liderazgo presidencial, en otras palabras, el liderazgo presidencial objetivo.

Aspectos a asumir para generar un liderazgo presidencial objetivo:


En este sentido, no es sólo una crisis de la salud pública, es una crisis que va a tocar todos los sectores, por lo que todos los sectores y todos los individuos deben involucrarse en la lucha. Resumamos los cuatro puntos claves: prepararse y estar listos; detectar, proteger y tratar; reducir la transmisión e innovar y aprender. Serán estos ejes articuladores de un problema dinámico que a priori tambien diseñe nuevos mecanismos de acción. En uno de estos mecanismos está implícita la noción del liderazgo presidencial.

Para que podamos entender o intentar corroborar la construcción y consolidación de cualquier liderazgo presidencial deberemos atender a muchos recursos. Pero hay un recurso que es clave: el apoyo de la ciudadanía, que ante muchas vicisitudes puede reaccionar de muchas maneras, pero ante una pandemia asume un rol clave, no solo para la prevención sino tambien para encontrarse impactada, positiva o negativamente, dentro de lo que se denomina “factor externo a la dinámica política” (Ollier, 2009).

Tomaremos la justificación teórica ofrecida por Ollier, en cuanto que interpreta al liderazgo como “la actividad que entraña la forma de gobernar de un Presidente, la cual significa la existencia de lazos que el jefe de Estado efectúa con los actores políticos, con los otros poderes estatales y con la sociedad en su conjunto” .

Pandemia no es una palabra para usar a la ligera, o en forma despreocupada. Es una palabra que, si se usa incorrectamente, puede causar un miedo irrazonable o una aceptación injustificada, y entre estas dos cuestiones se ubica el liderazgo presidencial:

Ya que si de nexos o lazos se trata, los diversos mecanismos que ha activado el gobierno – digo en el caso argentino – encierran, entre sus objetivos centrales, que un presidente genere resultados favorables para la sociedad en un contexto no solamente inserto en la realidad nacional, más precisamente en la política sanitaria y desde ésta a la macro económica, sino tambien por hallarse intrínsecamente vinculada a lo que he señalado más arriba: “el factor externo a la dinámica política”.

Podriamos enumerar muchos de los nexos o lazos que activen mecanismos de contención, de los que vale la pena aclarar no pasan solamente por la contención en el sistema sanitario. En el caso argentino, el liderazgo presidencial se ha enfocado en procurar nexos de bienestar macro social. Algo indispensable a la hora de garantizar lo que se denomina “naturaleza de la acción decisional de un líder” y de quien ostente el título de Presidente.

En nuestro caso en particular, donde las medidas han estado en plena sintonía con lo declarado por el Director General de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus, en cuanto que la pandemia traería distinciones claves como “prevención, estar preparados, salud pública, liderazgo político y, sobre todo, la gente” , tendríamos maximizar la distinción del liderazgo frente al cual estamos asistiendo, ya que tambien debemos distinguir al líder del gobierno del liderazgo. Es decir, y para no perder el hilo conductor, si el primero es definido como “el individuo particular investido por un poder decisional” , el segundo es interpretado justamente como la naturaleza de la acción decisional efectuada por aquel líder. Aspecto que fui introduciendo en el apartado anterior.

Por lo tanto, si un líder es un actor el liderazgo es una relación que se activa para resolver determinado problema o para promover un resultado decisional deseado y que se desarrolla en un contexto y en un tiempo determinado.

Los esfuerzos se han concentrado en torno a una problemática, propia y constitutiva de un factor externo a la dinámica política. Pero el buen liderazgo es el que a partir del apoderamiento de este factor se concentra en torno a las problemáticas políticas y socio económico atravesado propiamente dentro del gobierno del liderazgo, en relación con los actores partidarios y corporativos, que aporten marcos de acción suficientes que exploren recursos y terminen por consolidar un liderazgo presidencial objetivo. En este sentido, el rol de los sectores políticos de oposición es determinante, ya que durante una pandemia deben volcar sus recursos propios a enriquecer el eficiente rol del Estado, subsumido en este caso al liderazgo presidencial.

Perspectiva de conclusión para cualquier liderazgo objetivo:


Para finalizar e intentar ofrecer una perspectiva de conclusión, el liderazgo presidencial objetivo, debe focalizarse en los recursos objetivos y subjetivos que un presidente posee (o no) o es capaz de generar (o no).

En este sentido los recursos objetivos se despliegan en el marco institucional en el cual se encuentra un presidente: el partido o coalición de gobierno, las diversas instituciones y dimensiones donde se expresa su rol sobre actores en los que cuenta con control (Fuerzas Armadas por ejemplo). Los recursos subjetivos se definen a partir del uso que el presidente hace de los recursos objetivos y de su capacidad para generar nuevos.

Aquí el liderazgo presidencial en tanto supeditado el factor externo a la dinámica política, con nombre propio la Pandemia, no se encuentra disociado a la misma. No solamente por ser algo impredecible, sino porque los recursos de un presidente , en tanto se desenvuelven en un contexto socio – económico determinado caracterizado por ciertos problemas que debe resolver, se encuentra impactados positiva o negativamente por ese contexto, ergo, el propio factor externo a la dinámica política.

La clave será poder asumir solo una pregunta abierta: ¿Qué recursos (objetivos y subjetivos) se configuran como potenciadores y cuales como limitantes del liderazgo presidencial objetivo? Sin dudas, el más dinamizador y puesto en clave más arriba es uno: el apoyo de la ciudadanía.

Artículos del autor

Desde luego, no se trata de soslayar, en cuanto a responsabilidad y compromiso refieren, el rol que juegan los medios de comunicación homogéneos o los grandes lobbies de la comunicación, monopolios con amplias bases comerciales, pero también de manipulación, donde se ven servidos de ésta paradoja a diestra y siniestra, porque les es funcional.Pero también cabe una gran responsabilidad personal, cada vez que reproducimos la violencia, cada vez que somos emisores de ella, porque tenemos la amplia ventaja de crearla y difundirla, y los casos son muchos: desde comentarios ofensivos, hasta el ejercicio de una opinocracia sin límites, donde generamos solo divisiones más que concordia, instaladas a propósito muchas veces por perfiles falsos, los denominados trolls, o incluso el simple hecho de compartir un chiste sexista, homofóbico, una cargada machista, etc.Ésta paradoja se construye, pero sobre todo se trabaja a la par que vivimos un mundo que no solo lo hablamos y describimos, sino que también lo intervenimos desde muchos roles.

“Integrar la Nación implica derechos y obligaciones, por lo que ésta co-representación y un frente nacional conjugado no negaría las críticas de las minorías; se debe procurar la idea de una representatividad política compartida, que surja del efecto derrame del ejemplo de nuevos cuadros militantes. Merecería enumeración especial la noción de “Gestión compartida”. Pero esta pequeña premisa ¿no es acaso la receptada y adoptada por los modelos de los países nórdicos que tanto gusta citar? Se trata de confluir primero, para consensuar después”

Los intereses subjetivos inmediatos de las personas guiados por la mano invisible, en un principio, no van a coincidir así no más de una con el interés nacional, pero en la medida que se integren y desarrollen, y se adopte el método para estudiar nuestros problemas y necesidades, dejando de lado el fanatismo o la banalidad ideológica, será evidente que esos intereses individuales se tornaran objetivos. La globalización fue económica, pero ante todo también fue social y la multipolaridad nos obligó con justicia a buscar equilibrios, a procurar diversidad e inclusión, ante todo, jurídica y política.

Alberto Fernández accede a las páginas de la historia, luego de su triunfo rotundo. Un lugar que ni él mismo esperaba. Años de militancia política, años de funciones y responsabilidades, y de la noche a la mañana, el otrora Presidente electo, tiene en sus manos el desafío de encarar una profunda transformación, incluso, la del liderazgo propio.

“Una nube negra se eleva desde el palacio en llamas. El presidente Allende muere en su sitio. Los militares matan de a miles por todo Chile. (…) La señora Pinochet declara que el llanto de las madres redimirá al país” .

La democracia es, ante todo, una forma de organización social, una de tantas. Pero también es la más legítima y necesaria a la hora de plantear los desafíos y de convalidar logros. En efecto, el rasgo sustantivo, en cuanto contenido y calidad, es lo que define a nuestra democracia hoy. En este sentido, no puede ser ajeno a nadie el rol del ciudadano. Incluso el actual rol del ciudadano.

Las presentes líneas tienen como objeto, modesto, seguir deslegitimando, desde la posibilidad de pensarlo como parte y consecuencia de una sociedad patriarcal opresiva, a la homofobia, en adelante, homo – odio. Homo odio porque, en realidad, la acepción de su término no puede ser más banal: simplemente, no se le puede imprimir a la sensación de odio la idea eufemista de opinión y/o fobia, es decir, miedo a la presencia de otro, en este caso, un otro homosexual, cuando en realidad se trata de una construcción en segmento que tiende a legitimar una idea opresiva y heredada. Vamos a desarrollar un poco más ésta idea de la construcción de un segmento.

 
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