El pasado mes de octubre hizo un llamamiento a idear "un nuevo comienzo" en la Iglesia y pidió no vivir "de las rentas"
Nombrado secretario general del Sínodo de los Obispos en 2020, el cardenal y arzobispo de Malta Mario Grech, está considerado como uno de los mayores representantes de la Iglesia Sinodal que impulsó el Papa Francisco con el objetivo de hacer que la Iglesia del mundo camine unida, sin exclusiones ni prejuicios, sino escuchando la voz de todos. El purpurado es uno de los nombre que suena para suceder al Papa Francisco en el Cónclave que arranca este miércoles 7 de mayo. "El Sínodo es, ante todo, un formidable 'gimnasio de la escucha'". Así abría su discurso en la Santa Sede el cardenal Grech con motivo de la XVI Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos el pasado mes de octubre. El "gimnasio de la escucha" del que habla el cardenal "es el de la escucha de Dios y del mundo, una escucha que -explica- parte en primer lugar de la voz del Señor y continúa después no en encuestas demoscópicas, sino en la atención al sentido de la fe del pueblo de Dios". Considerado uno de los cardenales reformistas en la misma línea que Jorge Bergoglio, en numerosas ocasiones apoyo a Francisco en temas como la bendición de las parejas homosexuales y la lucha contra los delitos sexuales en la Iglesia Católica. Grech nació en la localidad maltesa de Qala, en la diócesis de Gozo, el 20 de febrero de 1957 y cuenta con una sólida formación académica. Completó sus estudios primarios y secundarios en el Liceo Victoria de Gozo, y estudió filosofía y teología en el seminario de Gozo. Tras su ordenación sacerdotal, el 26 de mayo de 1984, realizó estudios superiores en Roma, obteniendo la licenciatura en Utroque Iure en la Pontificia Universidad Lateranense y el doctorado en Derecho Canónico en la Universidad Pontificia de Santo Tomás de Aquino (Angelicum). Al regresar a su país natal, ejerció su ministerio en la Catedral de Gozo, en el santuario nacional de Tá-Pinu y sirvió como párroco en la parroquia de Kercem. Desempeñó los cargos de Vicario Judicial de la Diócesis, miembro del tribunal metropolitano de Malta, profesor de Derecho Canónico en el seminario y miembro del Colegio de Consultores, del Consejo Presbiteral y de otras comisiones diocesanas. El 26 de noviembre de 2005 el Papa Benedicto XVI lo nombró obispo de Gozo y en 2019, el Papa Francisco lo llamó a Roma poco antes de la apertura del Sínodo sobre la Amazonia, durante el cual pudo familiarizarse con los arcanos de esta forma de organización, llamada a desempeñar un papel cada vez más importante en el discernimiento de las principales orientaciones del magisterio papal y de la vida de la Iglesia.
VIAJE APOSTÓLICO A MALTA
El obispo Grech, sin embargo, había permanecido como administrador apostólico de Gozo hasta el verano pasado, e iba a recibir al Papa Francisco allí el 31 de mayo de 2020. Este viaje apostólico fue por fin cancelado debido a la pandemia de coronavirus pero retomado en abril de 2022. En aquella ocasión, el cardenal maltés tuvo la ocasión de formar parte del séquito del Papa en su viaje apostólico a la isla en el que se recordó la hospitalaria y cálida acogida que recibió San Pablo en el año 60, cuando su barco naufragó y encalló en la costa de Malta. Una acogida que aún hoy sigue siendo importante porque la isla es un lugar de desembarco para los refugiados procedentes principalmente del norte de África. Fue creado cardenal por el Papa Francisco en el consistorio del 28 de noviembre de 2020, de la Diaconía de los Santos Cosme y Damián. Es miembro de los Dicasterios para los obispos; para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos; para la Promoción de la Unidad Cristiana y Tribunal Supremo de la Signatura Apostólica. Duranrte la misa de inauguración de la última semana de la asamblea sinodal el pasado 21 de octubre, Gerch hizo un llamamiento a no vivir "de las rentas" e idear "un nuevo comienzo" en la Iglesia. "Si sólo nos escuchamos a nosotros mismos, si nos replegamos sobre nosotros mismos, viviremos de las rentas, sin esperanza", subrayó. Así, alertó del peligro de que "lentamente" lo que los frutos del Sínodo empiecen "a desaparecer, sin ser sustituido por la novedad". Por ello, el purpurado maltés animó a no darse por satisfechos por el trabajo realizado. "Si, por el contrario, escuchamos la voz del Espíritu, seremos capaces de identificar nuevos caminos y, como peregrinos de la esperanza, seguiremos avanzando por la senda sinodal hacia aquellos que aún esperan el anuncio de la Buena Nueva de la salvación. Si escuchamos la voz del Espíritu, la conclusión de esta asamblea sinodal no será el final de algo, sino un nuevo comienzo", enfatizó. Igualmente, destacó que la comprensión de las verdades y las opciones pastorales "avanzan, se consolidan con los años, se desarrollan con el tiempo, se profundizan con la edad".
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