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Opinión
Etiquetas:   YPF  

Entre crápulas

La Presidente argentina cumplió su promesa y decreta la expropiación de YPF
Ángel Ruiz Cediel
@angelruizcediel
martes, 17 de abril de 2012, 08:16 h (CET)
Probablemente Argentina no se merece una Presidente como la que tiene, pero no hay duda de que es la han elegido los argentinos. No es un caso aislado, sin embargo, sino que desde que Argentina salió de la dictadura, salvando acaso a Alfonsín, es algo que se está convirtiendo ya en una fea costumbre, eligiendo los electores, no se sabe en virtud de qué, a los peores presidentes de los posibles, cual si el pueblo argentino estuviera fatalmente ligado a lo peor y, tal vez, a lo más corrupto. Una historia, por otra parte, paralela a la española, pues desde Suárez tampoco España se ha merecido a ninguno de los presidentes que ha tenido, aunque no hay duda de que sí tuvo los que los electores eligieron, sabe Dios en virtud de qué, que cada cual ha sido el peor de los posibles.

Las dos historias, la de Argentina y la de España, a grandes rasgos son idénticas. Si Argentina tuvo con su Junta Militar incontables desaparecidos, asesinados, torturados y un colofón de fanfarria con la cuestión de las Malvinas, tal que así mismo sucedió con nuestra dictadura franquista, sólo que cambiando Malvinas por Gibraltar (en este caso sólo amagos de guerra, pero sin llegar la sangre al río); y si en Argentina desde que llegó la democracia no han tenido sino una galopante corrupción que ha descuartizado el Estado, otrora la cuarta potencia económica mundial, tal que exactamente igual ha sucedido en España desde que se pisaron los prados de la democracia, acaso siendo uno de los países más profundamente corruptos que conozca. Tal para cual, como corresponde a dos hermanos de teta.

Se equivocan quienes, en base al decreto de nacionalización de YPF, consideran como única verdad las sentencias que dimanan de las autoridades españolas, a quienes poco o nada les ha importado quebrar en los tres últimos años más de medio millón de empresas españolas como tributo a Europa y no se han rasgado vestidura alguna, sino que ahí los tienen, tan ricamente viviendo a la sopa boba; pero también se equivoca quien piensa que la única verdad es la que se promulga en Argentina, donde una Presidenta absolutamente incompetente (probablemente manejada por grupos organizados) está suicidando a su propio país con la connivencia y fervor de sus electores, quienes tan dados son a ensalzar como santos a gañanes y luego derribarlos con algaradas callejeras. Mienten en España y mienten en Argentina, en fin, porque ambas partes tratan con afán de ganarse con falsedades el santuario del respaldo popular, desviando la atención del verdadero meollo del asunto, que es el dineral en crudo que se embolsan algunos tiburones.

Una cuestión absolutamente inaceptable ésta de la mentira, pues los líderes electos de ambos lados del océano hablan como si lo hicieran en el nombre de cada uno de sus ciudadanos, y no es verdad en absoluto. Las ciudadanías de ambos países, en una grandísima proporción, están contra cualquier clase de conflicto entre las poblaciones, particularmente porque el mestizaje y la larga andadura común nos identifican plenamente como aliados, siendo difícil que un español se sienta extranjero en Argentina o que un argentino se sienta extranjero en España. Tratar de enfrentar a ambos pueblos por una cuestión tan absurda es, más que descabellado, propio de quienes ni siquiera pisan la realidad, tal y como sucede con las clases políticas de ambos Estados, envilecidas por sus actos y denostados por sus ciudadanos.

El único asunto que me interesa de este conflicto son las poblaciones de ambos países, porque para mí, aunque ciudadanos formales de distintos Estados, son hermanas hasta mucho más allá de su propia Historia. Por lo demás, perdónenme que no vierta una sola lágrima por una compañía española que no por ser español me vende la gasolina más barata, que pertenece a un sector sobre el que recaen las sospechas  fundadas de que buena parte de las guerras del s. XX para acá, y que, para más sonrojo, son responsables directísimas de que no progresen las tecnologías limpias y casi gratuitas que están listas para aplicarse desde la mitad del pasado siglo, como la del agua, por ejemplo, por un simple conglomerado de intereses espurios que mantiene como rehenes a la totalidad de los ciudadanos. Pero permítanme, igualmente, que tampoco vierta mi llanto por los inversores o accionistas, personajillos o personajes que prefieren especular en bolsa antes que invertir en crear puestos de trabajo en la industria o en la sociedad, y a quienes tanto les da cómo obtengan sus dividendos las compañías en las que invierten, si es que obtienen dividendos, y que no les quepa ninguna duda de que la manera en que los obtienen no es en absoluto limpia, y, muchas veces, ni siquiera, transparente u honorable. Podría apuntar aquí cómo han manipulado a los propietarios de tierras, las intrigas, los sobornos, incluso que algunas compañías han sido capaces de contratar mercenarios para forzar las voluntades de los habitantes de algunos lugares que deseaban explotar o en los que deseaban instalar algunas de sus industrias, y no sólo en Argentina, porque también podríamos desplazarnos un poco, reparar en el Valle del Bio-Bio, en Chile, y ver qué está sucediendo con “otras” compañías bandera españolas.

Se equivoca quien piensa que Repsol o que cualquier otra gran empresa llega a un país, invierte inocentemente y todo es limpio y puro. Para empezar, se torció la ley existente con nuevas leyes para que Repsol pudiera comprar YPF, la esencia del futuro energético de Argentina, porque aquello sucedió en tiempos del Presidente más corrupto que tuvo Argentina, quien por una comisión lo mismo vendía la producción de los DNI a una empresa alemana que compraba a España auténticas millonadas en inútiles sistemas de potabilización de agua por ósmosis inversa a cambio de una pingüe comisión. No es nada que sepa de segunda o de tercera mano, palabra. Sólo por hacer un parangón de cómo funcionan las grandes empresas españolas –podríamos decir aquí “las grandes empresas” nada más-, cuando el Presidente De la Rúa quiso que entraran los operadores telefónicos en Argentina, Telefónica de España y France Telecom –prácticamente monopolio cada una de ellas en según que sector geográfico del país- le dijeron que si hacía tal cosa le reventaban el país, y como el Presidente se sostuvo, ya sabemos qué pasó con el corralito financiero y todo eso, el cual aprovecharon “otras grandes empresas”, como la banca ésa que en buena medida es también española, para llevarse todos los dólares que tenían ahorrados los argentinos y devolverles a cambio Patacones, estampitas de María Goretti o pesos, tanto daba, perpetrando el mayor robo global que se vio en el mundo hasta aquella fecha. Por entonces yo estaba en Argentina, y puedo recordar como si fuera hoy las columnas de furgones blindados que iban camino de Ezeiza con todos los dólares de Argentina, algo parecido a lo que sucedió cuando España quebró Aerolíneas Argentinas (igual que hizo con todas las demás aerolíneas latinoamericanas que tuvo, como Viasa, etc., para limpiar Iberia y de paso que algunos personajes hicieran su agosto, hoy en boca de casi todos los españoles), etc. Quiero decir con todo esto, que no es la cosa como la pintan acá, ni mucho menos, sino que hay un salsorrón debajo de la mesa que pocos hay que no tengan las manos manchada en la pringue.

Se equivoca Argentina perpetrando esta maniobra de populismo barato en plan Evita de Perón, porque aquellos tiempos pasaron y tanto esto como lo de las Malvinas es engañar a su propio pueblo, pues son “otros” los intereses que están en juego; pero mucho más se equivoca España defendiendo con esta vehemencia a sus tiburones, cosa que no ha hecho con ninguna otra empresa de menor entidad, cual si estuviera manejado el gobierno por los intereses de estos conglomerados, porque lo que se juega es mucho más. Curiosamente, lo que está sucediendo ahora es ni más ni menos que lo que la misma España ha estado sembrando durante las últimas décadas, con el desprecio con que ha tratado a Latinoamérica y a su Historia común, el cual raya en el insulto permanente, a la vez que ha practicado un humillante sometimiento a los intereses de EEUU y de Europa que linda con la felación continua. España no sólo traicionó su Historia –después de lo del Sahara todo vale, por lo que se ve-, sino que ha malvendido su industria a intereses extranjeros a la vez que ha usado a Latinoamérica como un campo de explotación, haciendo buena la Leyenda Negra Española cuatro siglos después. Un proceder que, ya lo he dicho desde mis escritos reiteradamente, les ha empujado a los latinoamericanos a quitarle la careta a la Madre Patria y a verla como es a través de sus “grandes empresas”, y es algo de lo que personalmente puedo dar fe. España, a través de sus nefandos gobiernos, sembró los vientos cuyas tempestades está cosechando, y que pare ahí, mejor no meneallo porque hay mucho más en juego, y si se pone fanfarrona o se le mucho la lengua con baladronadas, es posible que salga trasquilada no sólo de Argentina, sino de toda Latinoamérica, donde ya están más que hartos de estas ínfulas coloniales de tratarlos con el desprecio que lo hacen, como si aún fueran los amos del cortijo o el Imperio estuviera aún presente. Sólo como nota adicional, añadiré, que es allí donde hoy todavía nos acogen en esta nueva emigración a que nos empujan nuestros aberrantes gobiernos, y todo pudiera ser que nos cierren las puertas: entonces, no sería el 25% de desempleados los que tendríamos, sino que superaríamos con mucho el 35%.

Se están equivocando tanto las autoridades españolas como les corresponde a su supina ignorancia. Ni con mucho tenemos el gobierno que nos merecemos, aunque sí el que ha sido elegido por un electorado que sólo puede vitar entre lo malo y lo peor; pero se que ande con ojo, que a pocos de dentro o de fuera pueden engañar, aunque caigan en la bajeza moral de pasar facturas falsas como una supuesta “ayuda” a Argentina cuando aquello del corralito financiero, porque quienes lo produjeron no están lejos de Madrid y quienes se llevaron los dólares y dieron a cambio pesos (quedándose con más del 75% de los activos por toda la cara), tampoco están lejos, sino que son muy del más acá. Así se hacen negocios, sí señor, y hasta se puede hacer farisea caridad.

No nos engaña el PP, pues, como no nos engañó el PSOE y su infausto y nunca castigado Felipe González, verdaderos artífices de la situación trágica que vivimos. Que además ahora nos quieran enfrentar a nuestros hermanos, no deja de ser un ejercicio de estupidez suprema, si bien ninguna otra cosa se puede esperar de semejantes talentos. Y, repito, permítanme que no vierta ni una sola lágrima por “mi” tiburón, como permítanme que no lo haga por los “accionistas”. Si ustedes supieran cómo hacen negocio todos estos, sin darle ni tanto así la razón a aquellos otros crápulas políticos de allá, más que lamentarlo, lo aplaudirían, porque alguna Justicia parece que va habiendo. BP no me vende más caro su petróleo aunque no sea británico, de modo que ¿por qué debo yo sangrar por esa empresa española que a pesar de ser español me vende su petróleo mucho más caro que lo que vale?... Allá muevan feroz guerra ciegos reyes…

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