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Mariposas o lamparillas

En pedanías, pueblos y ciudades la ciudadanía limpia las tumbas y nichos
José García Pérez
miércoles, 2 de noviembre de 2016, 00:11 h (CET)
Hoy es el día de Todos los Santos y mañana el de Los Difuntos. El personal tiende a recordar durante estas cuarenta y ocho horas a sus seres queridos que se encuentran en el laberinto de lo desconocido de una forma algo más especial que el resto del año.

En pedanías, pueblos y ciudades la ciudadanía limpia las tumbas y nichos donde descansan los restos de sus familiares y esparcen coronas, ramos, flores y pétalos en esos lugares santos; hay algunos que no lo pueden hacer, son los descendientes de aquellos que yacen en fosas comunes o muy cerca de cunetas a cusa de aquella incivil guerra que asoló los campos de España durante tres años del pasado siglo y diez más de fuerte represión. Es en estos días cuando toma fuerza la dignidad que sus familiares desean para los restos de sus seres queridos.

Hoy es el día que más flores se vende en España, bastante más que el llamado “día de los enamorados”, porque el amor, ese latente misterio que nadie sabe definir, llega como auténtico aroma de flor que viene a posarse en nosotros de forma suave.

Sé que no existen ánimas, purgatorio, cielo e infierno, pero sí creo o tal vez me gustaría creer en nuestra propia resurrección, quiero decir en la cantidad de vivos que estamos muertos al Misterio.

Tal vez por ello no pierdo aquella ancestral costumbre de mis antecesores -gente de la mar- de tener encendida una mariposa/lamparilla, ya prende, durante cuarenta y ocho horas en un vasito de cristal lleno de agua y aceite mientras la llama de la tradición palpita noche y día recordándome a padres, hermano, sobrina, amigos, santos todos en este caminar que comienza las entrañas de la mujer y finiquita, dicen los expertos, cuando el corazón deja de latir o el encefalograma es totalmente plano.

Y con ella, con la mariposa encendida, mientras tecleo estas torpes palabras mi cerebro, todavía vivo, recorre pezones de madre de grises ojos, de padre trabajador y hermano mayor, de sobrina hecha dulzura, de amigos que se fueron y todos, hasta los que no conozco, los veo danzar alrededor la linda llama que nos acompañará en este dúo de días de nostalgias, dulce ellas.
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