Cansada de sacar lodo y muebles rotos, Greta contempla la montaña de barro que hunde su casa en dos pisos. Un político pasa por allí y le cuenta todas las maravillas que se van a hacer en el barrio. Puentes, viaductos, túneles de policarbonato. Greta coge el rastrillo grande y sigue limpiando la montaña de barro. Otro político se detiene ante ella manchando sus zapatos de charol en el lodo. Le lanza una perorata de media hora contando todas las nuevas viviendas que se construirán en el barrio. Serán móviles y autoelevables para cuando lleguen las riadas. Que no llegarán nunca más con la construcción en el barrio del tanque de tormentas. Greta no hace caso y continúa luchando contra la montaña de barro. Un político en descapotable se acerca por su calle de lodo. Va echando billetes de 50 euros a ambos lados de la calle. Dice que la culpa de la DANA la tienen los otros políticos, porque son amigos de aquellos y aquellos son amigos de los otros. Greta continúa barriendo barro si hacer caso de tanta palabra por centímetro cuadrado. 50 euros no le van a devolver lo que la DANA se ha llevado.
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