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Etiquetas:   Carta al director  

Experiencias de un anciano católico

Jaime Fomperosa Aparicio, Santander
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jueves, 8 de septiembre de 2022, 08:59 h (CET)

No soy nada más que una persona humana, pero soy católico y trato a pesar de mis pecados, pues no puedo tirar la primera piedra, de ser coherente con mi fe. Cuando comenzó la nueva Iglesia en la cual llevaron y llevan los progresistas la voz cantante, desaparecieron de la sociedad los signos visibles que recordaban a Dios. Desaparecieron las vestiduras sacerdotales, salvo honrosas excepciones, procesiones, etc. Un sacerdote amigo mío decía, que ahora que somos tan demócratas Porque no vamos rezando el rosario por la calle? 


Tras un duro combate, vencí al respeto humano y comencé a rezar el rosario por la calle y siempre llevo en la solapa una imagen del Cristo de la Misericordia y otra de la Virgen de Fátima, esto desde hace ya muchos años. Pues a pesar del ambiente laico y desacralizado, nadie se ha metido conmigo viendo mis signos religiosos; pero si han dado lugar a muchas experiencias favorables. 


En una ocasión que paseaba por el Sardinero, iba rezando el rosario como hago siempre, me cruce con una pareja de hombres ya mayores y uno comenta: “Qué desgraciado, haciendo publicidad” En otra ocasión paseando por el muelle, vivo en Santander, se cae de bruces una señora cargada con bolsas, la ayudamos a levantarla y la sentamos en un banco; como no la cesaban los dolores, llamé a una ambulancia. Parece ser que tenía una grave lesión en el brazo y la dijeron que denunciase al Ayuntamiento, pues una losa levantada provocó su caída, pero ¿Qué testigos tenia? Solo sabía que un señor que la ayudó iba rezando el rosario; y un sacerdote le dijo, pues entonces era Jaime. Varias veces me han confundido pensando que era sacerdote; en otra ocasión dos mujeres detrás de mí dicen: “Padre, padre”, me volví y las dije, si de cinco hijos. Ahora me veo precisado a caminar con un “troncomovil” (andador) y claro, no puedo mostrar el rosario. 


Muchas más experiencias podría contar, pero escribo estas letras para animar a que venzamos el espeto humano, pues ahora un católico parece un delincuente. Pero en las experiencias que he tenido he comprobado que las personas necesitan y quieren ver signos religiosos. Animo, sobre todo a los sacerdotes y religiosos a que recuperen sus vestiduras, sin lugar a dudas darían  frutos espirituales y a los seglares que estamos avergonzados de proclamar nuestra fe, venzamos a ese respeto humano, que con la Gracia de Dios que nunca nos va a faltar, venceremos.

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