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Hoy no pintas nada si no eres homosexual o abortista

La heterosexualidad y la maternidad han dejado de estar de moda
Miguel Massanet
lunes, 27 de junio de 2022, 10:15 h (CET)

A los que los años ya empiezan a suponer una carga complicada y limitativa de muchas de nuestras facultades, deberemos reconocer que, cada día que pasa, nos cuesta más entender el radical cambio que la sociedad, en general, no sólo en España, que quizá es donde mas cercano se nos presenta el cambio, sino en todo el resto del planeta, de unos años a esta parte, está experimentando en cuanto a los valores tradicionales, a la forma de entender las reglas morales y éticas que, para la mayoría de nosotros, nos parecían intocables y la radical trasformación del concepto de familia tradicional, con sus características de contrato de por vida, de ser un acuerdo de convivencia definitivo entre un hombre y una mujer y, con la finalidad principal de la procreación, sin lo cual no se entendía este sacramento, durante años  ha considerado así por la iglesia católica y por el propio derecho romano.


Desde el momento en que cualquier ciudadano se sienta capacitado para discutir las resoluciones de los tribunales; pretender que su libertad, como tal, pueda invadir y limitar la del resto de españoles; se vea autorizado a no respetar aquellas normas de convivencia fijadas en nuestra Constitución y pueda fabricar sus propias reglas, en cuanto a cuestiones tan comprometidas como son: el concepto de la sexualidad, el modelo de familia, la eutanasia, la elección de sexo, con la posibilidad de cambiarlo artificialmente, el aborto como derecho exclusivo de las mujeres, olvidando el principio de respeto por la vida humana y el de la reproducción y que, con ello, se priva de una manera salvaje a un ser, que tiene todas las mismas características precisas para llegar a vivir,según el derecho que le otorga la carta Magna de 1.978. 


En consecuencia, nos encontramos en lo que se podría calificar como un maremágnum en el que nadie se entiende, no se respecta el principio de autoridad y, lo más grave, que quienes alientan, promueven, facilitan y ayudan materialmente a que este desconcierto, en el que se ponen en cuestión temas de tanta enjundia para la evolución futura de la humanidad, son los mismo que nos gobiernan los que tienen en sus manos el poder de decidir y los que pueden dictar leyes para que, sus ideas destructivas del orden moral, sean impartidas en los centros de docencia de todo el país. Y, señores, ante una situación que amenaza la convivencia y la democracia de todo un país, no vemos una reacción seria, eficaz, sostenida y valiente, por parte de ninguno de los partidos que constituyen la oposición en el arco parlamentario.


El señor Pedro Sánchez, una verdadera desgracia para la nación española, no obstante, se maneja como pez en el agua para encontrar siempre una salida a las situaciones comprometidas a las que se ve enfrentado cotidianamente. Ha recibido una estocada capaz de derribar a un gigante viéndose obligado a torear el desastre de las elecciones andaluzas, pero ya ha vuelto a tomar la iniciativa y son, los de la derecha, los que no acaban de saber explotar, ante los ciudadanos del país, el verdadero significado de lo que ha sido una derrota sin paliativos de toda la izquierda, precisamente en su feudo: Andalucía.


La ONU, esta institución convertida en un emporio de la corrupción política, con muestras evidentes de su incapacidad para solucionar las cuestiones básicas de la aplicación del orden universal, convertida en una avispero de intrigantes, de apoyo al aborto, de comisiones y subcomisiones cuyos verdaderos objetivos se desconocen, pero que significan los sueldos de una casta de paniaguados que han llegado a ser los verdaderos maestros de la corrupción más solapada y que siguen vegetando a expensas de aquellas naciones que continúan contribuyendo al mantenimiento de una institución arcaica, que debería hacer años que estuviera disuelta por ineficiencia y corrupción y derroche. Estos son los que, verdaderamente, se han convertido en defensores a ultranza del aborto, apoyando y ayudando materialmente a aquellas instituciones feministas que siguen empeñadas en que los fetos inocentes sean sacrificados por quienes, además, obtienen un beneficio ilícito de la venta de los restos humanos de los que se deshacen con provecho material y criminalmente.


Por otra parte, lo mismo que está sucediendo con el feminismo recalcitrante de estas mujeres que se han empeñado en vender una historia apócrifa de la situación esclavizada de las mujeres, siempre ignorando el contexto de lo que fueron situaciones completamente distintas de las diversas sociedades en las que vivieron y silenciando otras cuestiones, como el trato preferencial que se les daba como madres y esposas e ignorando, de una forma interesada, que quienes iban a las guerras eran los hombres que también morían para defenderlas. Sólo destacan el “machismo”, generalizando de una manera absurda aquellos casos en los que se las maltrató indignamente. Ellas, las feministas de antaño, fueron las que después, de las guerras, en las que murieron millones de hombres, decidieron emprender la cruzada para usurpar los empleos tradicionalmente masculinos, algo que, como es evidente, han conseguido plenamente. Pero no les basta y, ahora, se trata de humillar, desacreditar, infravalorar al varón, imponer su presencia, incluso sin tener en cuenta la capacidad que se precisa para ello, de una forma paritaria e, imponer legalmente una discriminación positiva, que las favorece en cualquier pleito doméstico con el género contrario, dándoles la presunción deque sus declaraciones o denuncias contra los hombres tengan, salvo prueba en contrario, la presunción de ser ciertas, trasladando la carga de probar su inocencia, al varón.


Da pena ver como panfletos de apoyo a la izquierda y al separatismo, como los que diariamente publica el periódico La Vanguardia, utilizando páginas y páginas criticando al TS de los EE.UU por tener el valor, la decencia, el respeto por la vida y la independencia de la que debe gozar la Justicia, para proclamar una Ley que declara ilegal la práctica abortiva en los EE.UU de América. Se resalta, desde el diario catalán, que unos cientos de miles de americanos, entre los que se hallan los incontables miembros de la farándula hollywoodense, todos ellos, salvo raras excepciones, practicantes de semejantes abusos contra la especie humana y de otros vicios propios de quienes tienen un verdadero poder sobre el resto de las personas, que ejercen de una manera absolutista, como se viene conociendo a través de la información de la prensa, dando cuenta de los vicios ocultos de semejantes personajes.


En realidad hoy, en España, se da el contrasentido de que el apoyo incondicional para gais y lesbianas se puede decir que está implantado en lo que es una sociedad en la que todo está permitido, desde los más abyectos vicios sexuales a las ideas más peregrinas que se les pueden ocurrir a personalidades de la talla de una ministra del actual gobierno, la señora Montero, la mujer del coletas, Pablo Iglesias, a la que el gobierno del señor Sánchez le entregó, a cambio de que moderara sus críticas, la “módica” cantidad de 22.000 millones de euros para su ministerio de Igualdad, y que ella utiliza, a su antojo, para dárselo a sus amigos de partido. Una cifra lo suficientemente importante para que se destinase a objetivos mejores y que hubieran sido más útiles para personas con situación de pobreza, de las que tantas hay en la España socialista de hoy.


O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, estamos llegando a la triste y desalentadora sensación de que, en esta nación en la que vivimos, se ha perdido por completo el sentido de lo que es una verdadera democracia, los valores que una nación debe mantener por encima de intereses partidistas, y la necesidad que hay de que, desde todas las instituciones de un Estado, se trabaje para defender el orden, la seguridad en las calles, la seguridad jurídica de que las leyes vayan a ser respetadas, tanto por la propia Administración como por cualquier ciudadano que decida incumplirlas. 


Estamos de acuerdo en que las tendencias sexuales de cualquier persona sean respetadas, coincidimos en el derecho de cualquier mujer a desempeñar, en las mismas condiciones que un hombre, cualquier tipo de profesión o trabajo; sin embargo, no nos parece bien que cada año salgan los “emplumados” a fregarnos a los “etero” su condición de homófilos o lesbianas, mostrándonos públicamente sus carnes, sus modos poco convencionales y sus maneras horteras, algo que creemos que no debería ser permitido por las autoridades, porque tiene un mucho de cachondeo, revanchismo, cutre y, si se me permite decirlo, de “amariconamiento”. 


Es triste decirlo, pero en el mundo en el que vivimos, lo que nos enseña la naturaleza, con sus aciertos y carencias, no merece respeto alguno por parte de la sociedad moderna.

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