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Informados o confundidos

El rayo de luz informativo ha de buscarlo cada uno
Rafael Pérez Ortolá
jueves, 7 de enero de 2021, 13:08 h (CET)

Muchas consideraciones se arremolinan en torno de estos términos. ¿Qué nos dicen? ¿Qué percibimos? ¿Qué pretenden hacernos ver? ¿Qué quisiéramos oír? La proliferación de datos es caótica, con sesgos naturales, malversaciones mezquinas, simple cuestión de las capacidades perceptivas, o la reunión del conjunto simultáneo de posibilidades. Será muy complicado el poder afirmar cual es el lugar ocupado por cada persona en estos menesteres. Quizá se trate más de la contemplación de una TRAYECTORIA y sus momentos, sometida a los embates permanentes del conflicto vital por excelencia, con su dinamismo radical y los elementos individuales arriesgando posiciones.

Si nos paramos a pensar, lo conocido apenas representa la cresta engañosa del iceberg, con sus esencias remotas arraigadas en objetos o personas. Conocemos, ese conocido mío, conozco de pura cepa; son aproximaciones entretenidas. Es habitual que nos satisfagan si no entramos en mayores averiguaciones. Enfrascados en las ocupaciones cotidianas, el enorme campo ignoto de cuanto nos rodea no lo tomamos en cuenta. Es un desliz con muchas REPERCUSIONES; al mirar hacia otra parte, no las consideramos como derivadas de nuestras actuaciones. Permanece abierta la disyuntiva de si actuamos por convencimiento o por meros impulsos muy ceñidos a la rutina indolente.

Por eso resulta tan sorprendente la proliferación reincidente de los individuos supuestamente informados de cualquier conocimiento sin demasiados esfuerzos. Cuesta creer en su convencimiento por tratarse de imposibles; sin embargo, sus actitudes son rotundas en las afirmaciones. Ahí tenemos sin más a los que denomino expertos del VENTANAL; porque observan de lejos, de pasada y sin mayor bagaje reflexivo. Reflejan un comportamiento muy generalizado. Hablan del 6º reinfectado por el Covid como si lo conocieran de toda la vida; y así con otros asuntos. ¡Venga ya! Sigan en el ventanal si les place, pero no compiten con lealtad; la ignorancia respetuosa es superior.

Enfrascados en el ritmo trepidante de la evolución social, los altibajos se suceden antes de su adecuada valoración. La afluencia masiva de informaciones, hechos y comentarios, nos arrastran flotando en ese oleaje; se va perdiendo aquello del carácter responsable. No sólo afecta al entorno comunitario, también a la interioridad de cada sujeto; va imponiéndose el criterio frívolo de la INTRASCENDENCIA caprichosa; porque todo da igual. Por consiguiente, cada cual considera a sus deseos como el rector supremo de sus actos. Desapareció la mínima calibración de los argumentos contrastados. Los diálogos se convierten en una especie de patinaje caprichoso y azaroso.

Vivimos en momentos complicados. Quizá otros lo fueron incluso en mayor medida, pero eso no consuela de las angustias actuales. Nadie negará las maravillas modernas; con todo ello, es evidente que algo falla. A las dificultades surgidas se añaden los empeños absurdos por incrementar las insatisfacciones. Mientras tanto, da la impresión de que la complejidad nunca la vamos a desentrañar. Ni los gustos, las preferencias, ni las posesiones, parecen suficientes. Acabamos de comentar que los conocimientos tampoco. Por lo tanto, quedamos abocados al interrogante presencial sobre la CARENCIA tan necesaria para mostrarnos el camino hacia los horizontes satisfactorios.

Como se dice ahora, es necesario cambiar el chip; para dar paso a determinadas actitudes recluidas por ahora en parajes no visitados. Saturados de alardes, presunciones y prepotencias; algo deberemos pensar para salir de este marasmo angustioso. Algún resto deberá quedar en el tarro de las características humanas como recurso útil. Como contrapeso a tanto saber infructuoso, interesaría redescubrir la vocación INDAGADORA, para entender mejor a todo lo desconocido; evitando el exceso de dar por sabidas las fruslerías como si fueran entes supremos. No olvidemos la realidad. Uno mismo, cualquier persona o entidades físicas, mantienen fondos incomprensibles, por eso el aprendizaje es permanente.

La exploración de cuanto nos rodea, personas y cosas, nos exige una implicación comprometida; de lo contrario, no pasa de ser un simple cotilleo anecdótico. Se trate de un paisaje, un comportamiento o de relaciones personales, el ENLACE con dichas realidades plantea una serie de conexiones inesquivables. A la percepción le siguen una gran cantidad de sensaciones, dejando de ser un fenómeno aislado, para compartir los efectos de esas conexiones. En eso radica una de las confusiones experimentadas en los ambientes contemporáneos. El pretendido olvido de dichos enlaces nos aboca a una especie de autismo impropio de individuos inteligentes con ambiciones de progreso.

Pensar en el aislamiento de cualquier tipo es una quimera radical; ni el universo ni nosotros como parte de él, estamos constituidos a base de entidades independientes. La intensidad de las conexiones activadas, el conocimiento de las mismas por parte de cada sujeto o sus evoluciones, determinan el dinamismo constituyente. Hay que contar con el añadido de la persona como ente especial, con sus peculiares diversidades. La deducción es sencilla, deviene con naturalidad, estamos embarcados, lo queramos o no, en una EMPRESA COMÚN. Actuar en su contra contribuye a la progresiva confusión; junto a la crispación emergente, esta actitud divergente es un verdadero nido de frustraciones.

No lo podemos evitar, las miradas fluctúan. Unas veces se proyectan desde la curiosidad, o bien desde el interés, la frustración, el enfado, la envidia, el amor; imaginemos las variaciones cuando jugamos con todo tipo de percepciones. Los equívocos serán lógicos en la contemplación del POLIEDRO de la existencia; todavía ampliamos el número de caras con nuestras formas de ver. Al centrarnos en una apreciación; situamos a las otras posibles en planos secundarios. Esas supuestas contradicciones requieren de las explicaciones pertinentes; para entenderlas en un primer acto. El reto continua con el proyecto de compaginarlas con las mejores artes disponibles.

La conclusión es patente, no tenemos una solución. Y la solución final es un tanto deplorable; a pesar de todo ya hubo intentos de acelerarla en distintos lugares, siempre en plan sectario, sobre los otros. No resulta válida la rebelión contra las esencias de lo que somos. El monstruo de la INCERTIDUMBRE es un compañero fiel; sin que por eso descartemos la presencia de otros monstruos.

También es evidente el RAYO de LUZ; ese perforador de todas las tinieblas, del cual nos apercibimos en cualquier aspecto de la vida, a veces sin pretenderlo. Si a pesar de todo nos adentramos en el espacio de las tinieblas, demostramos nuestro grado de libertad; configurando los grados de estupidez enarbolados con tanta frecuencia durante la convivencia cotidiana.

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