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Del reportero dicharachero al 'reportero conector'

Cinco años de carrera -ahora cuatro-, algún que otro carísimo máster de reporterismo ilustrado y prácticas y más prácticas sin remunerar o 'mal pagás' para acabar en televisión
Kaik Espada Martín
martes, 22 de diciembre de 2020, 12:30 h (CET)

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Calor y sudar mucho. Gente borracha y solo poder observar. Frío. Señoras sordas. Nevadas. Individuos que siempre quieren enganchar el micro. Aguaceros. Espontáneos revientadirectos. Tener que correr delante de las vaquillas te gusten o no los toros. Sonreír y responder con amabilidad cada vez que se te pregunte por la cadena dónde se va a emitir 'esto'.


Son muchos 'los grandes clásicos' que tiene que aguantar el reportero de televisión al uso pero, claro está, forman parte de su día a día en el currele. Lo que pasa, que por eso escribo esta carta abierta urgente en defensa del buen hacer de los cronistas del directo en la calle, es que cada vez más se está produciendo algo que como compañero periodista no me gusta ni un pelo. Lo que yo denomino el escandaloso caso del 'reportero conector'. Lo explico:
Escandaloso por lo que implica: la pérdida total de la función natural más fundamental del reportero.

Ya son varios los programas en donde los reporteros simplemente tienen como misión ser solo y exclusivamente 'antenas repetidoras' de todo lo que desde un plató se dice o se pregunta. Es verdad que solo pasa esto en programas de actualidad como Ya es mediodía o Sálvame y no en los 17 Españas Directos o los mismos españolitos con vidas súper ideales por el mundo que existen, pero como periodista qué voy a decir. Que me parece mal no, muy mal tampoco: tremendamente mal y, sobre todo, humillante.

Cinco años de carrera -ahora cuatro-, algún que otro carísimo máster de reporterismo ilustrado y prácticas y más prácticas sin remunerar o 'mal pagás' para acabar en televisión y, además de congelarte de frío o asarte de calor en jornadas de a veces más de ocho horas, no poder hacer lo único que más te gusta: preguntar. Para eso ya está Sónsoles con su maravilloso flequi tan característico en ella que sentadita desde plató y sin mover un dedo usa de simplón mensajero al que en sus orígenes era importante y dicharachero, como la famosa rana de felpa.

Si ya no es solo por la defensa del trabajo real de un reportero; que ya es motivo suficiente, es también porque hasta el gran público lo agradecería. No es muy dinámico ver como la 'Sonso' le traslada la pregunta al susodicho y este, como por efecto rebote y desquiciándonos a todos con el archirenombrado retorno, se la pasa al entrevistado. Preguntita duplicada en una tele que se supone que quiere ser fresca, ágil y rápida. El teléfono roto parece a veces.

¿Creéis que exagero? Eso pensaría yo si leyese esta crítica pero... poco o mucho tiene que estarse extendiendo este inaceptable síndrome del 'reportero conector' si a gente cercana a mi pero ajena al mundo de la tele les ha llamado clamorosamente la atención esta vírica afección en programas de todas las cadenas. Tanto como para que me hicieran plantearme en serio denunciar hoy desde mi humilde tribuna esta situación que tanto se ha normalizado. Y como nadie me va a hacer caso me permito terminar el texto pidiendo para el 2021 una vacuna más, ya que estamos, para luchar contra este otro virus televisivo. Total, por pedir a Papá Noel que no quede... ¡Felices fiestas!

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