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Etiquetas:   Muerte   Religión   Viernes Santo  

A todos nos llega la parca (I)

Será en un próximo artículo, cuando nos adentremos en los estadios superiores, analizando la salvación que nos prometió Jesús, eso si con unas normas y reglas básicas
Manuel Ibañez Ferriol
@manuelvcia
viernes, 8 de mayo de 2020, 09:01 h (CET)

Leer de nuevo La Divina Comedia de Dante, es volver nuestros pensamientos hacia los mundos reflexivos, en los que nos va transportando el autor, de forma sublime. Curiosamente, Dante, no mencionará a la parca, a pesar de que su obra sea todo un cántico a la vida que nos espera, cuando abandonemos nuestro cuerpo físico. Quizás, el autor, se centra en el cuerpo espiritual y no en el material, ya que resulta efímero, en contraste con lo evanescente, lo inmaterial, lo que consideramos como eterno. Dante, entra en un sueño profundo, quizás motivado por la ingesta de alguna determinada adormidera o planta similar, lo que le provoca la “ausencia” de determinados temas. En nuestros días, la obra de Dante, cobra un protagonismo muy sorprendente, ya que la pandemia que padecemos, quedó reflejada en algunos pasajes, razón por la cual, vamos a reproducir aquellos que a dia de hoy, están en plena actualidad.

Los sucesivos cantos son el Purgatorio y el Paraíso. Está formada por 33 cantos, más uno de introducción, cada canto está subdividido en tercetos cuya rima está intercalada. De hecho, su estructura doctrinal hace un uso constante del número tres: los condenados están repartidos en tres categorías, cada una localizada en una sección decreciente de la cavidad subterránea. Vamos a seguir el orden de Dante, comenzando por el Infierno.

El poema comienza el día antes del Viernes Santo, en 1300. El narrador, Dante Aligeiri, tiene treinta y cinco años, y por ende se encuentra "a mitad del camino de la vida" (Nel mezzo del cammin di nostra vita) —mitad de la expectativa de vida de setenta años según la Biblia (Salmo 90:10). El poeta se encuentra perdido en «una selva oscura» y es asaltado por tres bestias, un león, un leopardo (lonza en italiano que puede referirse también a una pantera o un lince), y una loba, a los que no puede evadir, y es incapaz de encontrar la «senda verdadera» (diritta via) a la salvación. Estos animales son una alegoría de la soberbia, la lujuria y la codicia, tres pecados capitales. Consciente de que él mismo se está haciendo daño y de que está cayendo en un «profundo lugar» (basso loco) donde el sol calla (l sol tace), Dante es finalmente rescatado por el poeta romano Virgilio. Los dos comienzan un viaje al mundo de ultratumba (Canto I). Cada castigo en el Infierno es por contrapaso, una representación de la justicia poética; por ejemplo, los adivinos deberán caminar con sus cabezas al revés, incapaces de ver lo que está enfrente, resultado de tratar de ver siempre el futuro.

En un sentido alegórico, las tres bestias representan los tres tipos de pecados: la auto-indulgencia, la violencia, y la perversidad, lo cual es de importancia pues determina la estructura del lugar, de modo que el alto Infierno (los primeros cinco círculos) corresponden a los pecados de auto-indulgencia, el sexto y el séptimo a los caracterizados por la violencia, y el octavo y el noveno a los marcados por la perversidad.

El primer Círculo es el del limbo, donde se encuentran los no bautizados y los paganos virtuosos quienes, pese a no ser pecadores, no conocieron a Cristo. Estos pecadores no son efectivamente atormentados, pero aun así están condenados ya que están separados de Dios, sin esperanza de reconciliarse con Él. Son aquellos que no han tenido la dicha de ser liberados del pecado original por las aguas bautismales y la infusión del Espíritu Santo.

En el segundo círculo del Infierno se encuentran aquellos que han pecado de lujuria. Dante condena a estos "malefactores carnales" por dejar que sus apetitos sobrepasaran su razón. Ellos son los primeros en ser verdaderamente castigados en el Infierno. Estas almas están condenadas a ser impelidas por un fuerte viento que las embiste contra suelo y paredes, las agita y las hace chocar entre ellas sin descanso, de la misma forma que en vida se dejaron llevar por los vientos de la pasión. Nuestra sociedad actual, adolece de una vida licenciosa y lujuriosa. Dar rienda suelta a las bajas pasiones, es una forma muy clara de sucumbir a los placeres carnales, primando sobre los espirituales.

Será ya en el cuarto círculo, dónde encontremos a la avaricia. Aquellos cuya actitud hacia los bienes materiales se desvió de la media inadecuada son castigados en el cuarto círculo. Aquí están condenados los avaros, que acumularon posesiones, y los pródigos, que las derrocharon. Ambos grupos empujan grandes pesos a lo largo del círculo, pero cada uno en dirección opuesta. Los avaros, son todos aquellos que prestan el dinero con usura, además gustan de ser acumuladores de riquezas y posesiones. Su afán no conoce límites ya que su corazón está podrido. Los pródigos son aquellos que derrochan en el juego sucio, la fortuna personal o familiar, sin contar con su mujer, hijos, progenitores o incluso determinadas amistades que les prestaron.

El séptimo de los círculos, será aquel denominado “violencia”, de la que parten tres anillos: el exterior, se castiga a quienes se dejaron llevar por la violencia; el anillo intermedio, están los suicidas (los violentos contra sí mismos) quienes, transformados en nudosos árboles, son picoteados y desgarrados por Harpías, que anidan allí. Llegado el día del Juicio Final, esta clase de almas, en vez de revestirse con sus cuerpos al recobrarlos, los colgarán de sus ramas, pues sería injusto volver a tener lo que uno se ha quitado voluntariamente; en el anillo interior, encontramos a los violentos contra Dios, blasfemos y los violentos contra la naturaleza sodomitas y, como se explicó en el sexto círculo, los usureros.

Dante, profundiza en todos y cada uno de los estadios en los que ha dividido éste lugar, de dolor, llanto y tristeza, al que serán condenados todos aquellos que han engañado, aprovechado, prostituido, mentido para almacenar riquezas sin medida, para los políticos y tahúres, los que venden su cuerpo, los que practican cualquier tipo de esclavitud. La lista del infierno, es la mejor alegoría que se ha representado en la literatura universal, junto a los otras dos, ya que nos muestra las bajas pasiones del ser humano, y lo que éste tiene que hacer, para alcanzar el estadio intermedio o el más alto.

Será en un próximo artículo, cuando nos adentremos en los estadios superiores, analizando la salvación que nos prometió Jesús, eso si con unas normas y reglas básicas, ya que Dante, nos guiará por los caminos de la concreción literaria, para que nuestros corazones y almas, sientan, piensen y reflexionen sobre la conditio humanae, esa que marca nuestras vidas desde el principio de los tiempos, aquí en éste planeta que hemos querido llamar Tierra y en el que vivimos, nos movemos, existimos y padecemos.

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