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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   Feminismo   Constitución  

​La presunción de inocencia, una futilidad para el feminismo radical

¿“Es obligatorio en España ser feminista para evitar a los hombres el calificativo de “machista”?
Miguel Massanet
jueves, 5 de marzo de 2020, 08:20 h (CET)

Recuerdo cuando, en mis años mozos, un hombre estaba sujeto a las faldas de su mujer, se dejaba dominar por ella, soportaba imperturbable sus exabruptos, sufría que le pusiera a parir ante de otras personas y se plegaba humillado a su voluntad, se le aplicaba el calificativo de “calzonazos”. Han pasado muchas décadas, la humanidad ha sufrido cientos de miles de cambios y los roles de los hombres y las mujeres han experimentado sustanciales cambios, pero siguen habiendo hombres calzonazos y mujeres insoportables dispuestas a amargar la vida a sus maridos. Por eso cuando, en estos momentos de la historia de nuestro país, observamos cómo se nos está bombardeando constantemente, por todos los medios de información, comunicación, transmisión de ideas e instituciones públicas, para que aceptemos, de buena o mala gana, que el mundo ha pasado a depender de las mujeres, que el género masculino ha entrado en barrena, que las reglas de la naturaleza ya no se admiten tal y como hasta ahora funcionaban, que ahora quienes dictan las reglas, imponen sus criterios, reniegan del cortejo masculino, odian que se les piropee, abjuran de la maternidad, se pavonean de su bisexualidad y piden, sin el menor rubor ¡rubor, esta palabra debería ser descartada del diccionario!, un sistema de cuotas para garantizarse puestos de dirección, mando, influencia, poder y caudillaje, de modo que sea cual fuere su verdadera capacidad para poder beneficiarse de una de estas ventajas, por Ley, se les deberá dar, sin que valgan para poder acceder a cualquiera de ellos el mérito, la capacidad, la inteligencia, el esfuerzo, la habilidad o el talento, para que esta paridad se pudiera romper, en un sentido o en otro, si la elección se hiciera ateniéndose a tales baremos. La bula de ser mujer da carta de superioridad respeto a lo que ahora parece haberse convertido en un grave inconveniente: el ser varón.

Para las mujeres ha llegado la hora de la “revancha”, el ojo por ojo y diente por diente, para hacer pagar al varón el que, la historia, lo haya situado durante siglos en un papel preponderante. Una revancha respecto a la evolución de la Humanidad, al devenir de los tiempos y a los cambios que, en cualquier caso de evolución, tienen lugar en cada ocasión determinada de el discurrir de los tiempos, cuando han existido circunstancias de cultura, de orden práctico, de roles sociales y costumbres, que han condicionado el papel de cada género en función de una distribución de papeles, generalmente basados en la función de la mujer como garante de la perpetuación del género humano y el rol del hombre como defensor, cultivador, cazador y responsable de las comunidades de las que han formado parte.

Ahora, en España, hemos entrado en un periodo de increíbles acontecimientos, en manos de políticos de baja estofa, retrógrados que presumen de progresistas, mujeres resabiadas que defienden el amor libre y la “emancipación” de su “opresor” el hombre. Hembras insaciables que no dudan en utilizar la corriente de simpatía que su victimismo hipócrita ha despertado en esta parte de la población, incluso de los hombres, que se ha dejado arrastrar en su campaña de satanización de sus compañeros, para sacar tajada económica, política, social y profesional de esta “leyenda negra” que han sabido explotar con inteligencia, valiéndose de los cientos de miles de calzonazos que como se ha demostrado, existen en nuestro país, que se han prestado a apoyar, practicando una especie de harakiri de género, el feminismo extremo, dispuestos a situarse en el bando femenino, rendirse sin condiciones y colaborar en esta campaña que vienen organizando estas mujeres extremistas y despendoladas que, lo que verdaderamente pretenden, no es que se respeten sus derechos de poder trabajar, actuar u ocupar los mismos lugares que han venido tradicionalmente siendo de los varones, algo que nadie en estos momentos les niega; sino que, dando un paso más, pretenden imponerse, castigar, humillar, conseguir ventajas adicionales que les permitan tener privilegios sobre el otro género, promoviendo una batalla campal de desprestigio, calumnias, acusaciones infundadas y descrédito, pintando a los que han venido siendo sus compañeros, desde que el mundo es mundo, de poco menos que monstruos cuya única obsesión ha sido violarlas, abusar de ellas, maltratarlas y asesinarlas; olvidándose de que lo mismo que hay criminales que asesinan por dinero, que matan por gusto, que roban, que venden drogas, que dirigen mafias o estafan a personas inocentes, también los hay que cometen delitos contra las mujeres.

Pero, lo mismo que para todos estos delitos que hemos enumerados y los que, por economía de espacio, no hemos incluido en la relación, la Ley establece una “presunción de inocencia” y que la carga de la prueba en cuestiones penales deba recaer en quien acuda; parece ser que, en el caso de las mujeres y en especial en este proyecto de Ley que se ha sacado de la manga esta señora comunista y, sin embargo situada en la cúpula de los que viven a cuerpo de rey, la señora Inés Montero, evidentemente falta de cualidades para una tarea que compete a expertos; un bodrio que, incluso los ministros socialistas se han quedado boquiabiertos, al comprobar que no tenía por dónde cogerse, y que iba a ser destrozada cuando fuese recurrida ante el TC. Y es que, señoras, pese a que muchas de ustedes se han crido tocar el cielo con la punta de sus uñas de manicura, si no se tiene preparación, si no se aprende y no se tiene más cualidades que el feminismo poco o nada van a conseguir llevar adelante.

Y, a título de ilustración, vamos a comentar algunos puntos de la legislación que existe en defensa de un derecho tan fundamental, como es el de presunción de inocencia, para evitar ser acusado falsamente de cualquier delito y sentirse completamente indefenso y desasistido por el ordenamiento jurídico. Se trata de un derecho fundamental, por lo que se encuentra constitucionalmente protegido, en concreto, en el artículo 24.2 de la Constitución, además de en el artículo 11 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, el 6.2 del Convenio Europeo de Derechos Humanos y el 14.2 del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, todos firmados por España. No es, por tanto, algo que se pueda someter a lo que una señora ministra, para no tacharla de “ministril”, fanatizada y sectaria, pueda querer imponer a toda una nación o que, un determinado partido, pretenda por intenciones meramente partidarias intente colar para contento de aquellos a los que no les importe que las leyes sean iguales para todos los ciudadanos y haya privilegios para algunos.

Una “Ley sobre agresiones sexuales” o la entronización del eslogan feminista “Sí es sí”. Resulta, en estos tiempos en los que estamos viviendo, una especie de chascarrillo esta solemnidad que se le quiere dar a lo que la juventud dice, sin ningún disimulo: “ir a pegar un polvo”; algo que, en mi lejana juventud, no entraba en la lista de posibilidades de un joven y que hoy en día está considerado por los jóvenes como algo normal. Por otra parte, tenemos serias dudas de que lo corriente y habitual, entre los jóvenes de las actuales generaciones, sea que el varón sea el que se insinúe y el que deba pedir permiso porque, visto lo visto y el descaro de las mujeres, tenemos la impresión de que, en muchos casos, sean ellas las que le pidan al varón que se las lleve a la cama.

Pero aparte, el absurdo de presumir que el varón, ante una acusación de tocamientos o violación, sea el que deba demostrar que no fue cierto es ir en contra del ordenamiento jurídico no solamente el español si el de la propia CE. Pero es que, señores, si nos adentramos en las consecuencia de toda índole que puede producir una Ley semejante, veremos lo que pueden llegar a provocar en los casos de divorcio si la mujer alega malos tratos o intentos de violación por parte del marido que se va a encontrar inerme si no está en condiciones de aportar pruebas y ¡quién va a poder demostrar lo que sucede en lo íntimo de una habitación, como no sea que tenga cámaras o un testigo escondido debajo de la cama! Por otra parte, van a convertir este país en un país triste, sin gracia alguna, soso y donde para ligar va a ser necesario llevar en el bolsillo un documento para, si uno le quiere decir una cosa bonita a una muchacha, primero se cerciore de que no le va a presentar una denuncia por acoso o por propasarse. Se les han acabado a los albañiles sus expansiones y sus requiebros desde los andamios so pena de acabar en el trullo. Nos cuesta pensar que, ante una juventud tan libre, tan baqueteada en cuestiones de sexo, tan dispuesta a dejar una parte importante de su humanidad a la vista de cualquiera, que usa un lenguaje evidentemente procaz y desinhibido, se espante, se sienta incómoda o se enfade simplemente porque un hombre les tire un piropo. Mucho nos tememos que habrá muchas muchachas que van enseñando lo conveniente o lo inconveniente que tacharán a los chicos que no les dirijan un piropo o una mirada lasciva de homosexuales o afeminados. Pero así son las izquierdas, capaces de convertir hasta las costumbres más inofensivas en graves delitos, lo que, no obstante, no les impide en favorecer la matanza de fetos o estar de acuerdo con costumbres licenciosas como los emparejamientos de distintas combinaciones de sexo, incluso el compartido por muchos, les parecen derechos inalienable y perfectamente admisibles.

O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, contemplamos como las prisas de este Gobierno en legislar, en tomar decisiones en contra de la derecha con ánimo de desmontar todas los temas sobre los que se legisló en la legislatura anterior; de potenciar la influencia del comunismo de Podemos en su ejecutiva y de ignorar la Constitución y la normativa por la que nos hemos venido rigiendo hasta ahora, simplemente para imponernos, a copia de normativas improvisadas, el cambio que parece que quieren imponernos, consistente en un reforma de régimen que, sin duda, va más allá de lo que se podría esperar de un gobierno democrático, al estilo de los que existen en el resto de naciones europeas. Y es que señores, como dice el aforismo latino: nemo dat quod non habet y estos que se han apoderado del poder mucho nos tememos que, algo bueno, no nos van a poder dar.

Comentarios
Jane 01/may/20    18:27 h.
Leobardo 05/mar/20    12:16 h.
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