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Opinión
Etiquetas:   Europeas   Política  

Debate a seis bandas: los candidatos no convencen

Las estrategias de los partidos continúan en la misma línea
Francisco Cano Carmona
martes, 20 de mayo de 2014, 22:32 h (CET)
Quienes el pasado 19 de mayo vimos el debate a seis bandas entre los candidatos al Parlamento europeo con representación ya en él, no pudimos sino observar con horror cómo las estrategias de los partidos continúan en la misma línea que ha llevado a los ciudadanos a aborrecer a la clase política y a perder todo el interés en las elecciones europeas y en la propia Europa.

Partido Popular
Si el debate hubiese sido una novela, el candidato popular sería uno de esos personajes redondos cuya transformación a lo largo de la obra puede dejar pensativo al lector. Una suerte de personaje en evolución que perdonó a sus adversarios una y otra vez durante toda la primera parte del evento y que sólo sacó las garras, siempre de un modo decoroso, cuando calentó motores.

Su discurso comenzó con un repaso de las consabidas y difíciles recetas que han llevado a España a vivir una todavía leve mejoría por la que ya se nos felicita y que han valido al país el ser considerado como ejemplo de recuperación económica y social. Defendiendo dicha mejoría, González Pons perdió la oportunidad de abrir el debate a las propuestas del Partido Popular a Europa y se encerró en la política nacional. Un pecado que no sólo cometió el candidato derechista, y que puede hacer que el ciudadano no perciba con claridad las líneas del discurso hacia Europa y las propuestas del programa del grupo.

No obstante, fue una buena introducción el fijar las mejoras para batirse brillantemente en el debate sectorial, en el que destacó la importancia de la PAC y de la lucha por fortalecer el sector primario. Asimismo, su defensa de la unidad de España tanto dentro como fuera de Europa le valió una medalla a la concordia. No tan brillante estuvo en la defensa de la política de los corredores que tanto destacó Tremosa.

Sin duda, las propuestas claras y decididas están brillando por su ausencia en estas elecciones, al menos en un Partido Popular que ha decido apostar por los datos y por la evidencia de la mejora económica para pedir más un voto de confianza que un voto para hacer políticas concretas en la Unión Europea.

Partido Socialista Obrero Español
Jáuregui se mantuvo fiel al discurso oficial de su partido: negó la recuperación tan tajantemente como negaron la crisis, aludió continuamente a los más pobres y afirmó que pretendía salvar distancias Norte-Sur en una Europa y una España federales. Nada nuevo en el horizonte para un grupo que sigue inmerso en una debacle interna, con argumentos contradictorios basados muchas veces en el oportunismo político, defensor de un modelo económico fallido en no pocas ocasiones y de un modelo territorial que dé oxígeno a las aspiraciones independentistas de las regiones.

Pese a que el candidato socialista puso sobre la mesa algunas propuestas, éstas quedaron desdibujadas por el ataque a los demás grupos, especialmente al Partido Popular y a Izquierda Unida. Además, sus continuas contradicciones –limitar el déficit y aumentar el gasto, apostar por una Europa federal y crear un ejército común con las fuerzas nacionales plenamente integradas y una política fiscal europea, federalismo frente a unidad nacional y supranacional, etc. – hacen que su discurso sea poco creíble, como si quisiera contentar a todos sin llegar a hacer feliz a nadie.

El mismo socialismo que ruega a Dios y da con el mazo en Francia o Italia, no logrará convencer por este camino a los indecisos y muy probablemente tenga que conformarse con el apoyo de su núcleo más duro. El discurso en clave nacional pero basado en machismo, en la dolorosa situación de los españoles, y en el derecho a decidir de los pueblos no tiene cabida en estas elecciones.

Unión, Progreso y Democracia
Si alguien supo destacar en el debate, tal vez fue Sosa Wagner, quien procuró mantener en todo momento la atención en temas europeos, de los que sólo se desvió para hacer frente al nacionalismo catalán defendido hasta la saciedad por CEU y Esquerra.

UPyD sí supo poner sobre la mesa propuestas que pueden resultar interesantes desde el punto de vista político y económico. Su fijación con el mercado energético, su apuesta por una economía más verde, su crítica bastante tibia contra la corrupción y el fraude; y su apuesta por la cultura como motor de Europa y de la civilización puede que llame la atención del electorado en un momento en el que las estadísticas pronostican un tremendo descalabro en la urnas y justo cuando los liberales europeos cierran las puertas a su formación, dejando así al grupo de Rosa Díez en una especie de tierra de nadie en el mapa de las coaliciones y grupos europeos.

Aunque Sosa Wagner mantuvo la línea discursiva, el conjunto de su intervención pareció más una presentación, una venta casi, del programa de la formación a la que representa. No entró casi en el debate, se mantuvo distante durante la mayor parte del tiempo, ajeno a cuanto el resto de candidatos decía. Recordaba casi a Manuel Castells cuando afirmaba que en España no hay debates, sino monólogos superpuestos.

Izquierda Unida
La pequeña gran coalición comunista española suma y sigue en una carrera sin destino alguno. Como cada vez que uno de sus representantes se lanza a la piscina política, todo el mundo termina salpicado y la propia IU terminaría ahogada de no ser por los flotadores de la mentira y el radicalismo.

Fiel a su discurso aprendido, Willy Meyer achacó al capitalismo todos los males de Europa y España, incluido el del nacionalismo catalán, al que apoyó con tímidamente sin aparatarse del modelo separatista que propone. Romper España para que la gente viva con dignidad, he ahí su propuesta.

Siguiendo la estela fijada por los grandes partidos, IU centró su discurso en España, olvidando casi por completo la Unión Europea. Tras dedicarse a la crítica y a la transformación de la realidad para acomodarla a su oferta electoral, ofreció medidas a los candidatos sin hacerlas públicas. Hay que reconocer, empero, que la coalición izquierdista está ofreciendo un sólido discurso de cara a las europeas en la que no deja de afirmar que todo cuanto vemos y vivimos es fruto de las conspiraciones y especulaciones de una élite económica que se jacta de hacer daño allí donde pone sus intereses.

Independentismo catalán
Aunque Tremosa empezó bien su ponencia, casi convenciendo a todos de que su formación tenía un proyecto para Europa, rápidamente se desinfló y perdió toda credibilidad. Sus continuos ataques a los grandes partidos y el victimismo como arma quedaron en evidencia ante la solidez de González Pons en temas tan importantes como los corredores y la unidad de España.

Al afirmar que era necesario construir una Europa fiscalmente sostenible golpeó a un PSOE casi noqueado ya; y trató de hacer lo propio al acusar al Partido Popular del cierra de la televisión valenciana y de prohibir el catalán y el valenciano.

Algo parecido ocurrió con Esquerra, que sólo supo hablar de Cataluña con un discurso victimista y afectado. Su presencia en la cadena pública no sirvió al final sino para restar minutos a los demás candidatos, que, aunque sin programas claros y bien definidos, al menos dejaron caer alguna buena propuesta.
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