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Las guerras de Obama no se toman vacaciones

La adopción de Obama de un Estado de vigilancia es ahora evidente
Amy Goodman
lunes, 12 de agosto de 2013, 07:04 h (CET)
Mientras la familia Obama se prepara para pasar las vacaciones en la isla Martha’s Vineyard, alguien debería recomendarle al Presidente que lleve el libro “Trampa 22” (cuyo título original en inglés es Catch-22) como lectura de verano. Esta clásica sátira contra la guerra del escritor Joseph Heller, publicada en 1961 y basada en las experiencias del autor como piloto de un avión de combate en la Segunda Guerra Mundial, lamentablemente es muy pertinente en la actualidad, cuando las guerras de Obama en Afganistán y otras partes del mundo continúan prolongándose.

El título de la novela de Heller hace referencia a la regla de un régimen militar ficticio, según la cual solamente es posible escapar al servicio militar si se es loco, pero si se solicita ser exonerado del servicio militar se considera que la persona es cuerda y, por tanto, tiene el deber de servir en el ejército, lo que deja a los personajes atrapados en un callejón sin salida. Heller escribe en su libro “Sólo había una trampa, y era la 22, que establecía que preocuparse por la propia seguridad ante peligros reales e inmediatos era un proceso propio de mentes racionales. Orr estaba loco y podían retirarlo del servicio; lo único que tenía que hacer era solicitarlo. Y en cuanto lo hiciera, ya no estaría loco y tendría que cumplir más misiones”.

Barack Obama presentó su candidatura a las elecciones primarias de Estados Unidos de 2008 como la alternativa contra la guerra. Su principal rival era Hillary Clinton, cuya nominación como candidata a la presidencia por el Partido Demócrata parecía inevitable. Algunos años antes, en un discurso pronunciado en Chicago el 2 de octubre de 2002, Obama declaró su oposición a la inminente invasión de Irak y la denominó una “guerra tonta, una guerra precipitada, una guerra no basada en la razón sino en la pasión, no basada en principios sino en la política”. Como miembro del Senado de Estados Unidos, Obama prometió obstruir todo proyecto de ley que otorgara inmunidad retroactiva a las grandes empresas de telecomunicaciones que cooperaron en el programa del Gobierno de Bush de escuchas telefónicas de ciudadanos estadounidenses sin órdenes judiciales. Y el mismo día en que asumió la presidencia por primera vez, como recordarán, Obama prometió cerrar la prisión de Bahía de Guantánamo.

¿Puso Obama fin a la guerra de Irak? Definitivamente no, al menos no para los iraquíes. Julio fue uno de los meses más sangrientos en el país desde el aumento de la insurgencia contra el Gobierno iraquí impuesto por Estados Unidos. En lo que va del año, más de 4.000 iraquíes han muerto, la mayoría en ataques con bomba contra civiles, y alrededor de 10.000 resultaron heridos en ataques de suníes contra chiíes o viceversa. El 22 de julio, hubo un ataque militar insurgente contra la prisión de Abu Ghraib, que se hizo tristemente célebre hace diez años por las fotos estremecedoras de abusos contra prisioneros por parte de soldados estadounidenses. Quinientos prisioneros fueron liberados durante el ataque, entre ellos varios líderes de al-Qaeda. La organización Transparency International clasificó al gobierno de Irak como el séptimo gobierno más corrupto del mundo, por encima de Sudán, Afganistán, Corea del Norte y Somalia. Trece soldados estadounidenses murieron en Afganistán en julio, entre ellos Caryn Nou, una soldado de 29 años que tenía dos hijos.

La adopción de Obama de un Estado de vigilancia es ahora evidente, tras las revelaciones del informante de la Agencia de Seguridad Nacional Edward Snowden. En diciembre de 2007, la oficina del entonces senador Obama emitió un comunicado de prensa que afirmaba “El senador Obama se opone firmemente a otorgar inmunidad retroactiva a las empresas de telecomunicaciones y ha apoyado la iniciativa del senador Dodd de eliminar esa disposición del proyecto de ley FISA. Otorgar dicha inmunidad va en contra de las protecciones constitucionales que los estadounidenses esperan que el Congreso defienda. El senador Obama apoya la obstrucción de este proyecto de ley y exhorta a otros legisladores a que hagan lo mismo”. Eso decía el comunicado de prensa publicado en su sitio web. Meses más tarde, Obama no solo no obstruyó el proyecto de ley, sino que votó a favor de él. Ahora, el Presidente Obama se niega a reunirse con el Presidente Vladimir Putin el mes próximo en Rusia, debido a que Putin otorgó asilo temporal a Snowden.

Además, está la prisión de Guantánamo. Cien de los 166 prisioneros que están detenidos allí llevan seis meses en huelga de hambre. El Pentágono está alimentando a muchos prisioneros por la fuerza. Se ha autorizado la liberación de ochenta y seis de ellos. La mayoría de los 166 nunca fueron acusados y algunos permanecen detenidos en esas condiciones desde hace más de 11 años. Dicen que hay una desesperación generalizada entre los prisioneros, tanto que preferirían morir de hambre antes que tener que soportar más de lo mismo. El Presidente Obama afirmó en abril: “No quiero que estas personas mueran. Obviamente el Pentágono está tratando de manejar la situación lo mejor posible, pero creo que todos deberíamos reflexionar sobre por qué estamos haciendo esto”. De modo que hace que los alimenten por la fuerza para mantenerlos con vida, sin acusación, sin un final en vista. Aunque el Gobierno de Obama libere a dos prisioneros, un plan que el Secretario de Prensa, Jay Carney, reveló el viernes pasado, aún quedan 164 prisioneros languideciendo ahí.

Antes de salir de vacaciones, el Comandante en Jefe Obama pronunció un apasionado discurso a los infantes de marina de Camp Pendleton, California. En otro lugar, el soldado Bradley Manning asistió a otro día de su audiencia de condena. El protagonista del libro de Joseph Heller “Trampa 22”, el capitán Yossarian, sostiene a un compañero moribundo, casualmente llamado Snowden, que muere en sus brazos. La experiencia suscita la oposición de Yossarian a la guerra. Del mismo modo, Bradley Manning fue a la guerra, detestó lo que vio y tomó medidas al respecto, al filtrar documentos para generar un debate a nivel nacional.

La descripción de Heller de la guerra, cruda y descarnada, si bien se basó en su propia experiencia, es parte de la ficción, mientras que las guerras de Obama, sus ataques con aviones no tripulados, su guerra contra los informantes, son muy reales.

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